Existen numerosas conductas que se producen de acuerdo con este simple proceso y que se traducen en distintos manifestaciones físicas:
Los actos condicionados de índole fisiológica. Instintivos o de supervivencia.
Las acciones corporales que acompañan el lenguaje.
El uso de estereotipos en la comunicación.
Los lenguajes codificados.
Del acto corporal visible de estos comportamientos se puede obtener información sobre un individuo: de la naturaleza fisiológica del ser humano o de la competencia comunicativa en el uso del lenguaje; pero no de su educación física. No son, por tanto, estas manifestaciones las que nos puedan ayudar a educar la conciencia del valor expresivo del cuerpo.
Es evidente que no tiene sentido, en el contexto educativo, hablar de una actividad basada en la relación causa-efecto que se produce sin poderlo evitar. Si consideráramos estas formas corporales de expresión como parte de la materia expresión corporal, que utilizamos para la educación física, estaríamos entendiendo que ésta se trata de un acto inconsciente o con poca participación de la conciencia corporal.
1.1.1. Los elementos del proceso expresivo
Como cualquier otra materia, la expresión corporal será educativa si su práctica responde a una conducta que pueda ser analizada, tanto en la forma que se produce como en sus resultados.
Para que así sea tendremos que describir un mecanismo básico de comportamiento en el que no quede espacio para lo involuntario o lo incontrolable. Es necesario que las acciones que utilicemos para desarrollar esta capacidad puedan ser analizadas y modificadas.
Más allá de la idea de que la expresión corporal se corresponde con un proceso en el que solo se distingue la causa y el efecto (estimulo-respuesta), habría que resaltar la importancia de la intervención (emocional o cognitiva) del sujeto, tanto en el momento de la percepción del estímulo como de la creación de la respuesta. Relacionamos esta intervención consciente con la sensibilidad.
Básicamente la sensibilidad es la capacidad de utilizar voluntariamente los recursos cognitivos y emocionales propios de cada persona durante la percepción sensitiva de un estímulo y la creación de una respuesta. Es decir, en contra de la idea de una respuesta automática a un estímulo, la respuesta expresiva en un proceso educativo ha de ser reflexiva y tener relación con el estado de ánimo, el conocimiento desarrollado en experiencias anteriores, el recuerdo, los conocimientos adquiridos, la intencionalidad estética o creativa y todas aquellas vivencias que constituyen la personalidad.
Por tanto, una característica necesaria de esta expresión corporal es que además del carácter del estimulo y la respuesta como elementos que pueden ser fijados y analizados, hay que tener en cuenta la intervención sensible del sujeto o los sujetos que intervienen en el acto expresivo.
La idea de la sensibilidad como un acervo personal que individualiza el proceso expresivo, hace que, a veces, se califique la práctica expresiva como un acto arbitrario y subjetivo con escaso valor pedagógico. Lejos de esta consideración, el ejercicio de la sensibilidad en la educación es el camino que posibilita el aprendizaje significativo y que nos hace conscientes del valor de lo que estamos aprendiendo. De la cualidad de la sensibilidad, dicen Cencillo y García (1973): «Mas existe otro nivel de percepción no puramente sensorial y al que damos el nombre de sensibilidad (contradistinta de la sensorialidad pura de los «órganos de los sentidos»), y cuyos contenidos no pueden reducirse a sensaciones puras y ni siquiera a su combinación más o menos compleja, sino que se abren a la percepción de otra dimensión del objeto».
Estos elementos, estímulo-sensibilidad-respuesta, que permiten analizar un acto expresivo como una conducta intencional y voluntaria, pueden ser analizados independientemente, pero, en la práctica no siempre se producen en el mismo orden ni se pueden delimitar estrictamente.
El desarrollo de este proceso es una tarea personal, pero no al margen de los elementos que rodean el acto educativo, y que analizamos a continuación.
1.1.2. Elementos de la dinámica expresiva
En la educación, más allá de considerar la expresión corporal como un ejercicio que empieza y termina en el propio individuo y sus habilidades comunicativas o estéticas, lo consideramos como una acción que implica el entorno dinámico de las personas que la practican.
El entorno dinámico lo constituyen aquellos elementos perceptibles presentes en el ejercicio de la expresividad que, al cambiar en su naturaleza o interpretarlos desde diferentes puntos de vista, la refuerzan o la modifican.
Los elementos que configuran el entorno dinámico son: El propio cuerpo, el grupo (de dos o de más de dos), el espacio y el tiempo, el contexto material y social.
Los elementos del entorno dinámico constituyen recursos para construir nuestra propia expresividad, y están siempre presentes en cualquier acción expresiva y en todos los momentos de un proceso expresivo, es decir, influyen en la percepción del estímulo, en el ejercicio de la sensibilidad y en la adecuación de la respuesta motriz.
Estos elementos se condicionan mutuamente en su desarrollo y se solapa el análisis que se pueda hacer de cada uno de ellos. Por ejemplo: grupo y espacio están muy interrelacionados en su valoración; así como las relaciones interpersonales lo están, por ejemplo, con elementos como los intereses del grupo o la ideología de sus componentes. En cualquier caso, todos estos elementos se han de tener en cuenta para planificar y entender una acción educativa utilizando la expresión corporal.
Aunque la acción expresiva se produce integrando simultáneamente todos los elementos que intervienen, conviene tener la posibilidad de analizar los elementos uno por uno.
En los siguientes apartados haremos un análisis que nos permita tener una idea de su alcance y repercusión para la expresividad.
1.1.3. Los objetivos y las competencias de la expresión corporal en la educación física
En la enseñanza, la expresión corporal debe contribuir al desarrollo de los objetivos generales de la educación física en la etapa formativa en que se desarrolla.
Esta materia se imparte en los niveles de educación secundaria y bachillerato como contenido de la educación física y en las facultades de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, como un contenido relacionado con las formas humanas de la motricidad.
Este manual está enfocado para hacer relevantes los aspectos motrices de la expresión corporal. Por tanto los objetivos, las competencias, los contenidos y las técnicas, deben estar pensados para ser aplicados en este contexto.
De acuerdo con este planteamiento, la expresión corporal debe atender objetivos generales relacionados con:
La motricidad expresiva para la comunicación y las actividades artísticas.
El arte, la estética y la cultura del movimiento.
El cuerpo como medio de comunicación.
La creatividad por el movimiento.
Estos objetivos se manifiestan tanto en el desarrollo individual como en el contacto con los demás o el medio social.
El cumplimiento de los objetivos supone el desarrollo de distintas capacidades:
Cognitivas e intelectuales
Motrices
Actitudes o valores
Estas capacidades se desglosan en competencias que pueden ser razonadas y desarrolladas en la práctica.
Proponemos, a continuación, algunas competencias generales que se pueden considerar en todos los niveles de aplicación de la expresión corporal que se imparte como contenido de la educación física:
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