g ) Los seis apartados anteriores inciden en una causa principalmente económica para cometer una agresión. Pero, en los dos últimos, denuncias y embargos implican ya la actuación de la administración de justicia, procurando hacer valer su poder y exigiendo la obediencia de los vecinos, aunque encontrándose con frecuencia con su resistencia y rebeldía, hasta el extremo de cometer una agresión. Acostumbrados a actuar a su antojo, a resolver por sí mismos sus diferencias, celosos de su autonomía e independencia, ven mal que alguien coarte su libertad y les imponga una autoridad superior. Por su parte, la justicia intenta cada vez más hacerse respetar e imponer una mayor autoridad y disciplina en un mundo demasiado acostumbrado a la anarquía o a no recibir injerencias ajenas. Encontramos ejemplos de delitos violentos frente a la justicia en el 3,8 % de los procesos de media general, aunque el porcentaje de la Valldigna del siglo XVI es el doble. En el Seiscientos, el número desciende considerablemente. Por este y otros indicadores que veremos, parece observarse una progresiva mayor aceptación de la autoridad judicial a medida que transcurre el tiempo; poco a poco la sociedad valenciana empezó a asumir, aunque fuese a regañadientes, que los tiempos iban cambiando y que tenía que asumir unas nuevas pautas de conducta y una mayor obediencia a la autoridad. El ejemplo más repetido, casi único, es la resistencia a la detención del reo ante la justicia, mediante la amenaza, el recurso a las armas, la pelea, la agresión o incluso la muerte. Tenemos ejemplos de ello en la Valldigna de 1513, 1560, 1563, 1569, 1572, 1573, 1575, 1584, 1586, 1588, 1595, 1596, 1598, 1607, 1608 o 1609. En este último año, al resistirse a la detención, un joven llega a herir al propio justicia mayor, «frare» Miguel Benet, quien murió poco después. 79Su número desciende considerablemente en el siglo XVII. Un ejemplo clásico puede ser cuando Joan Alberola, lugarteniente de justicia en la granja de Barx, intervino en un gran alboroto entre los hermanos Climent en la era; los apaciguó y ordenó que se fueran a su casa, pero Vicent Climent se resistió. Alberola exclamó «ques tingués al Rey» e intentó detenerlo, pero aquel sacó un puñal y una hoz, dio varios cortes al bastón de la justicia e hizo huir al oficial (1658). Pero en otros casos el delincuente llevó la peor parte: Antoni Galiana murió de un tiro al ofrecer resistencia ante la justicia y sacar un puñal en su propia casa; ante el ruido y los gritos acudió Jaume Galiana, su primo hermano y jurado, quien desconcertado por la muerte de su familiar los agredió con otro puñal delante de mucha gente de Benifairó que había acudido en ayuda y solidaridad con el fallecido (1620). 80
h ) Las motivaciones amorosas y sexuales se encuentran en buen número de procesos penales como causa principal de la agresión física (10 %), aunque quizá en menos de las que cabría esperar. Lo que aquí está en juego son ciertos valores básicos de la sociedad, a los que ya hemos aludido: la honestidad y fidelidad de la esposa, la virginidad y el recato de la mujer antes del matrimonio y cómo sobre estos principios pivota gran parte del honor de la familia. Estos expedientes suelen ser complejos; los hechos y las circunstancias no se muestran explícitos, queda siempre un cierto halo de incertidumbre o de falta de concreción, etc., pero la causalidad erótica como factor fundamental está fuera de toda duda. Además, se percibe en ellos una mayor carga emocional y una particular agresividad, dándose muchos casos de homicidio. No sería una exageración decir que nos encontramos ante varios ejemplos de «crímenes pasionales». Entre las muchas modalidades que podemos encontrar, la más habitual y repetida son los celos del marido por presuntas o reales infidelidades de la esposa, que puede acabar con la vida de esta última. Cuando Pere Buigues volvió a su casa en Villalonga (1647) y vio que su mujer le daba tabaco a Juan Alemany, mallorquín, puso mala cara; cuando se fue la visita, comenzó a «cridar y barallarla», amenazándola de muerte; esa noche no durmió con ella, pero a medianoche apareció e intentó ahogarla; al día siguiente estaba «mohino» y triste y en un momento de arrebato la apuñaló; como no podía con ella, cogió una escopeta y le disparó, pero «no hixque de cano» y huyó. 81Pere, «lo sabater, fill de la viuda Santander», estaba casado con «Na Gallarda»; sospechaba o «tenia que un home entrava en sa casa contra su voluntat» (sic); se lo echó en cara a su mujer, que cansada le abandonó y se fue a vivir a casa de un vecino; una noche fue a buscarla y la mató a puñaladas, «per ço q. estava molt temps hapartada de aquell» (Valencia, 1600). 82Miguel Verger, labrador de Tavernes, se quedó muy frustrado porque al casarse con Madalena Altur «la habia trobada estuprada y llevada sa virginitat», y que por esa razón su madre y hermanas le habían dado unas medicinas que pudieron matarla (¿veneno?); temiendo por su vida, la mujer se refugió con ayuda de la justicia en el monasterio de la Zaydia y luego vivió en Enova; Verger quiso entonces reanudar la vida marital, pero al poco de iniciada la convivencia la mató a «scopetades» y huyó, juntándose entonces con un grupo de «bandolers de la Ribera»; juzgado en ausencia, fue condenado a muerte (1664). 83
Resulta difícil sustraerse de la idea de que en ocasiones tales celos tenían un componente patológico y de que se había producido una cierta confluencia: la de un valor esencial en una sociedad (la fidelidad de la mujer), supuestamente quebrantado, y la propensión a determinada paranoia o esquizofrenia por parte del agresor. Pere Oramig era un pintor procedente de la ciudad de Valencia que se encontraba en Benifairó de Valldigna en 1619 para pintar el retablo de la iglesia de la localidad. Vivía con su mujer en una casa de la señoría. Últimamente estaba triste y melancólico. A su mujer no la dejaba sola nunca, la acompañaba a todas partes y cuando se tenía que ir la dejaba encerrada con llave en su casa. Una noche de junio la estranguló y huyó. La víspera del día de San José de 1632, a la vuelta del trabajo, Gabriel Javali y Pere Miralles volvían a casa en Tavernes; llamado el primero por un vecino, el segundo entró en el domicilio de Javali, se sentó junto «al foch» y se puso a hablar relajadamente con Juana Ferragut, esposa de Javali. Cuando este volvió, «pensa que lo dit Miralles estava alli a mal fi y quel offenia y no li digue res». Cuando se fue la visita y se iban a dormir el marido le dijo a la mujer que la iba a matar, que pensara si quería confesarse, y bajándole un cuadro (religioso) le dijo que pidiera perdón y que ello le valdría tanto como confesarse con un sacerdote; que también podría llamar a su madre para despedirse de ella; fue a buscarla, vino y los intentó apaciguar; la esposa le dijo varias veces que «nol havia offes»; parecía que el marido se había conformado y dijo que «no la tocaría». Sin embargo, a media noche, Javali la despertó y le preguntó si quería morir ahogada o a puñaladas; ella se abrazó a él desesperadamente, y al no poder ahogarla la apuñaló y huyó, dejándola por muerta. 84
La agresividad del marido, parientes (padres, hermanos, etc.) y amigos puede dirigirse hacia los responsables de la humillación producida en alguna mujer de la propia familia. Nada había tan ofensivo, particular o íntimo, como para no buscar la venganza directa y lavar con sangre el deshonor infringido. Solo el «débil», incapaz, pusilánime, etc., acudiría en tales casos a la justicia buscando reparación. Así, Magdalena Carpi, mujer de Pere Escrivá, fue violada por Vicent Vidal y por Frances Llinares; enterado el marido (la encontró «mes uberta y tractada») casi la quiso matar; él, su hermano y un amigo acudieron el sábado a la puerta de la iglesia de Tavernes y ante mucha gente (y gran escándalo) le dispararon varias veces a Vidal, con suerte para este porque solo salió el «fogó»; el lunes siguiente fueron a buscar a Llinares a su casa, al que hirieron a tiros, para luego huir (1623). 85A veces, las venganzas por desamores tenían gran resonancia social, sobre todo si implicaban a familias muy conocidas en la localidad. Joan Badahui fue encontrado muerto el 15 de agosto de 1589 en una «cambra» de la casa de los Signell de Tavernes. Todas las sospechas recayeron en que aquel tenía amores carnales con Xuxa Signell, con promesa de matrimonio, y que luego quería casarse con otra; al parecer, los cuatro hermanos Signell no toleraron la afrenta y lo mataron. Un largo y confuso proceso penal comenzó entonces, repleto de declaraciones testificales, contradicciones y dudas, de insinuaciones y prácticas de prueba, embargos preventivos, fianzas, intervención de prestigiosos juristas y abogados ajenos al valle de Valldigna y, luego, la consiguiente apelación. 86
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