Ante el predominio de los espacios abiertos, la casa recoge menos enfrentamientos, en gran parte circunscritos a la violencia intrafamiliar o a la intromisión o discusión con algún vecino desbordado. Y donde los hay, los «puertos de mar» son zonas de alta conflictividad personal y multitud de «questions», «nafres» e incluso «morts», tal como hemos podido comprobar en el puerto de Valencia. Estos lugares y sus alrededores tienen todos los ingredientes para convertirse en focos de abundante violencia: numerosa concentración de gente diferente de variada ocupación (marineros, pescadores, soldados, transportistas, carreteros, comerciantes, artesanos del sector naval, etc., además de los labradores de las cercanías) e incluso de orígenes y lenguas distintas; gran movimiento de mercancías y tráfico mercantil, lugar de cobros y pagos, con la consiguiente colisión de intereses; necesidad de que la marinería o los carreteros descansen, se relajen, recuperen fuerzas, sacien su sed con abundante vino en los «hostales», visiten los burdeles, etc. Los oficiales del justicia criminal de Valencia tuvieron que hacer muchos desplazamientos a la «Vilanova del Grau» para enjuiciar la gran cantidad de riñas y lesiones y no pocos homicidios y robos que allí se producían, ofreciendo el mayor índice de delincuencia grave de toda la Huerta. 19
El cuadro 4.1 recoge la distribución mensual de los delitos violentos, que muestra un gran paralelismo con el cuadro 2.7, relativo a la generalidad de los delitos. Si atendemos a las cifras totales, observamos una cierta continuidad y estabilidad general; la violencia se muestra a lo largo de todo el año, y no hay meses exentos o de especialísima concentración de este tipo de delincuencia, con ligeras oscilaciones al alza o a la baja de la media aritmética mensual. Todo el año, cualquier mes, es susceptible de tener o padecer un acto violento. Sin embargo, resulta evidente una mayor densidad en los meses centrales del año, sobre todo de junio a septiembre, cuando de forma reiterada se supera ampliamente la media, y muy particularmente en agosto, como apunta J. Ruff para las cercanías de Burdeos en el siglo XVIII. Además, esta interpretación general se cumple de igual manera en todas las zonas observadas, aunque en Alzira se produce un poco antes (de mayo a julio) (similar al Artois francés, o alrededor de Lyon), además del dato un tanto errático de marzo en la Valldigna morisca de 1504 a 1609. Este resultado no puede sorprender, y en cierto modo ha sido también observado para otras áreas geográficas, aunque con matices. 20En los meses estivales los días son más largos, se vive más fuera de casa, el calor diurno se ve atemperado con la brisa nocturna, con lo que se trasnocha más (tabernas, juegos, bailes, «musicas», etc.). En una agricultura de policultivo hay trabajo todo el año y cuando este disminuye o se tiene tiempo libre, el campesino se dedica más a labores artesanales o complementarias (seda, lino, acudir al mercado, etc.). No obstante lo anterior, desde junio hasta octubre se intensifican las labores agrícolas: la siega de los cereales, riego de las hortalizas y su cosecha, recogida de las uvas, cosechas de algunos árboles frutales (higueras, almendros, etc.), la siega del arroz, cercanía de la recolección del maíz y luego la aceituna, v. g. Si quizá haya una cierta continuidad en la actividad artesanal y comercial en general en el ámbito urbano, para el campesino son meses de más trabajo y de una cierta tensión y preocupación: vencimiento de muchos plazos de pagos o deudas en San Juan, en junio, necesidad de regar en plena sequía, asegurar los frutos cultivados y que no los roben (sobre todo de noche), llevar a cabo la recogida final del trabajo realizado durante mucho tiempo, etc. 21En fin, factores que aumentan la sociabilidad y la tensión psicológica y que pueden desembocar en fricciones y conflictos con los vecinos (gráfico 4.1).
En ese sentido, pues, tampoco hay ninguna novedad sobre qué días de la semana son más propicios para la comisión de delitos violentos (cuadro 2.8): casi la mitad de los delitos violentos se cometen en los domingos y festivos (más ocio, taberna, fiesta, comunicación con allegados, etc.), como en Languedoc, cerca de Burdeos, en Neuchatel o Toledo, mientras que el resto se reparten entre los seis días restantes de la semana. 22De igual manera, más del 40 % de las agresiones, peleas, homicidios, etc., se suelen concentrar desde el atardecer (seis o siete de la tarde) hasta la hora de la «queda» aproximadamente (hacia las nueve o diez de la noche), y supera la mitad del total si incluimos las horas de noche cerrada, sobre todo en las ciudades, repartiéndose el resto entre las horas de la mañana y la tarde. 23Otra vez, los hábitos de vida cotidiana marcan una mayor sociabilidad (relación con los demás, las tertulias o «velar» después de cenar, el asueto en las tabernas, la oportunidad de celebrar los jóvenes sus cantos y reuniones, etc.), además del anonimato o impunidad que permite la oscuridad de la noche, en unos pueblos sin ningún tipo de alumbrado o muy escaso, parcial o localizado en las ciudades, pendientes de la variable «claridad» que permita la luz de la luna, solo contrarrestado en parte por las rondas nocturnas (o la exigencia excepcional de alumbrarse con antorchas). Son situaciones que por sí mismo no generan violencia, pero que facilitan su manifestación.
CUADRO 4.1
Distribución mensual de los delitos violentos
GRÁFICO 4.1
Distribución mensual de los delitos violentos (cuadro 4.1)
4.3 LOS INSTRUMENTOS DE LA VIOLENCIA: LAS HERIDAS
Todo vale para agredir a otro, especialmente en momentos de rabia, ofuscación e ira. Cabe pensar en las armas, pero también en otros medios u objetos que no podemos tildar de tales. A partir de la información obtenida de los procesos penales, hemos construido un cuadro para cada una de las zonas estudiadas (cuadros 4.2 a 4.4), en el que sintetizamos los datos más relevantes para conocer con más precisión los instrumentos de la violencia y su evolución. 24
La forma más elemental y simple de dañar a otro es con las propias manos. Es la clásica reacción en las «questions», en las peleas: golpes, empujones, puñetazos, «galtades», etc. Los contendientes se lanzan uno contra otro y están «abraçats», como tantas veces dice la documentación. Si no llevan armas, el incidente es de tono menor, y suele durar hasta que los presentes (o cercanos) van a «despartirlos». Vienen a suponer en torno al 10 % de las agresiones, algo menos en los procesos de Valencia-Real Audiencia, quizá por su tendencia a conocer los asuntos más graves. Hay una intención mayor de «damnificar» al otro cuando se buscan piedras para golpearle. No es un detalle baladí: una piedra, de cierto tamaño al menos, lanzada con la fuerza muscular de quien habitualmente se dedica a trabajos físicos y dirigida con frecuencia a la cabeza, puede provocar lesiones muy graves, incluso muertes, como veremos más adelante. 25Y las piedras abundan por las calles de los pueblos y en los campos, quizá menos en las ciudades. En ese sentido, las cifras obtenidas muestran una gradación campo-ciudad que no es despreciable: un 13,6 % de las agresiones en Valldigna se realizan con piedras, mientras que son un 7,7 % en Alzira y un 3,7 % en Valencia. No tan a mano están los palos, maderas, garrotes, varas, bastones, etc., pero se usan en bastantes ocasiones. Había que buscarlos a propósito o los individuos los llevarían circunstancialmente. Las fuentes no los describen especialmente, pero se usan en un 6 a un 8 % de los casos. Son las clásicas «bastonades», expresión con la que a veces se califica o define un proceso. Aunque suele dirigirse la agresión a la cabeza o espalda, no suelen producir lesiones, o estas no son graves, salvo que la fuerza, contundencia y repetición de los golpes dejen auténticamente lastimada a la víctima. Estos tres grupos sumados no llegan al 25 % de las agresiones, bastante por debajo de lo registrado en Burdeos, por ejemplo. 26
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