Este es el nudo político que ahoga al país y que deberá desatar el príncipe, cuya fuerza «es muy relativa», señala Paolo Bugialli. 15 Tiene al frente una extrema derecha que pretende volver al pasado y mantener «la bandera de 1936». Preocupa la capacidad de un príncipe «construido para convertirse en el sucesor del Caudillo», desconocido aún por los españoles. Le vieron presidir en solitario los funerales de Carrero Blanco, caminando solo tras el ataúd, mientras el cortejo fúnebre recorría buena parte del Paseo de la Castellana de Madrid. Franco no asistió, «oficialmente por un resfriado, en realidad porque se temía otro atentado con bomba». El príncipe aparece como una figura un poco inadecuada, que necesita al ejército por el poco apoyo que tiene en el régimen y por el rechazo de la oposición. Procura no decir nada comprometido, evitar un paso en falso, escribe el también veterano Harry Debelius 16 en The Times .
Es un príncipe sin poder real, que se ha resistido a substituir a Franco para no ser asociado en demasía al pasado, añade Sieve. Un príncipe con poder nominal, ante el que el pueblo español parece indiferente, dice Mac-Manus, un príncipe que viste ropas prestadas y debe esconder sus planes hasta la muerte o la retirada de Franco. Davidson se pregunta si la prudencia y habilidad para hacer amigos, sus únicos talentos conocidos, le bastarán para conducir una transición suave. En su momento, Juan Carlos deberá decidir a quién escucha, en un vacío donde operan sindicatos y partidos prohibidos sin que se pueda saber qué fuerza tienen, escribe Bugialli.
Un príncipe cuya designación como sucesor pasó por encima de su padre, explica Henry Giniger 17 a los lectores de The New York Times. La delicada relación de Juan Carlos con Juan de Borbón –considerado como un auténtico antifranquista– no ayuda a mejorar la imagen que de él tienen muchos españoles. En el mismo diario, Israel Shenker 18 lo ve como «una figura simple y melancólica, con poco carácter y sin ingenio». Cuando preside su primer Consejo de Ministros, el 9 de agosto, en The New York Times 19 se deja entrever que el príncipe puede estar dispuesto a cambiar el rumbo de España y llevarla hacia la democracia, aun destacando que carece de los instrumentos necesarios para ello. En la escasa atención que presta a la crisis española, The Washington Post 20 muestra confianza hacia Juan Carlos y habla del clamor de los españoles para que Franco ceda el poder con la certeza que el príncipe llevará a la libertad.
Giniger 21 se pregunta si Franco está capacitado para gobernar aun en el caso de su recuperación. Sin despejar esa duda, la recuperación del poder por el Caudillo, el día 2 de septiembre, se ve como un retraso y un obstáculo que puede hacer crujir la transición. El proceso político podría ser más calmado y con menor presión con el príncipe en el poder y Franco retirado, coinciden The Daily Telegraph y The Guardian. Al evidenciarse la recuperación clínica, Le Monde 22 había recogido una afirmación del dirigente comunista Santiago Carrillo: Franco ya está muerto, aunque esté físicamente vivo. Durante más de un año, los corresponsales deberán ocuparse aún de su resistencia a la muerte y al abandono del poder.
Después de esta primera enfermedad de Franco, hay una atención sostenida de la prensa internacional por la actualidad española. El 30 de julio se había presentado en París la Junta Democrática de España, auspiciada por el Partido Comunista de España, Partido del Trabajo de España –cambio de nombre del Partido Comunista de España (Internacional), creado en 1967–, Partido Socialista Popular promovida por Enrique Tierno Galván, Alianza Socialista de Andalucía promovida por Alejandro Rojas Marcos, Comisiones Obreras, Partido Carlista presidido por el aspirante al trono Carlos Hugo de Borbón-Parma e independientes como Rafael Calvo Serer, editor del suspendido diario Madrid , y el abogado Antonio García Trevijano. El 1 de setiembre, se constituye en Barcelona la Unión Militar Democrática. El día 11, Arias reafirma su propósito de apertura política, el mismo día que el Partido Socialista Obrero Español inicia un congreso en Suresnes, cerca de París, donde elige secretario general al joven abogado sevillano Felipe González.
El día 13 se produce un atentado de ETA contra la cafetería Rolando de Madrid, junto a la Puerta del Sol y a la Dirección General de Seguridad, con el resultado de casi un centenar de víctimas, 13 de ellas mortales: Antonio Alonso Palacín, mecánico, y su esposa María Jesús Arcos Tirado, telefonista; Francisca Baeza Alarcón, maestra; Baldomero Barral Fernández, panadero, y su esposa María Josefina Pérez Martínez; Antonio Lobo Aguado, ferroviario; Luis Martínez Marín, agente comercial; Concepción Pérez Paíno, administrativa; María Ángeles Rey Martínez, estudiante; Gerardo García Pérez; Francisco Gómez Vaquero, cocinero de la cafetería; Manuel Llanos Gancedo, camarero de la cafetería; y Félix Ayuso Pinel, inspector de policía.
Es la primera vez que se produce un atentado terrorista indiscriminado tras el que ETA se escindirá en ETA militar y ETA político-militar, aunque no lo asume en seguida y acusa a la extrema derecha y las tramas negras internacionales. La petición al Gobierno francés de mayor rigor en el control fron-terizo de los revolucionarios vascos, es vista por el veterano corresponsal de Le Monde , José Antonio Novais, 23 como una expresión más del aislamiento de España. La revista Fuerza Nueva ataca a Arias y responsabiliza al Gobierno de los muertos.
El 28 de octubre, se produce una crisis de Gobierno, con el cese de Pío Cabanillas y la dimisión solidaria del ministro de Hacienda Antonio Barrera de Irimo. Se suman a ellos otros cargos de segundo y tercer nivel como Francisco Fernández Ordoñez, Marcelino Oreja, Ricardo de la Cierva, Juan José Rosón, Juan Luis Cebrián, Miguel Boyer y Carlos Solchaga. Pese a todo, Arias es atacado por los ultras en la conmemoración del asesinato de Carrero. Cuatro meses después, el 20 de febrero de 1975, el presidente del Gobierno aprovecha la dimisión del ministro de Trabajo, Linicio de la Fuente, para cambiar a otros cinco ministros, entre los cuales Utrera, substituido como titular de la Secretaría General del Movimiento, por Fernando Herrero Tejedor.
En una rueda de prensa en TVE, el 26 de febrero, el presidente del Gobierno evoca la presencia vigilante de Franco con la «lucecita del Pardo» siempre encendida en su despacho. Se muestra firme en la represión de protestas, huelgas y conflictos crecientes, sobre todo en el País Vasco, donde se declara el estado de excepción por tres meses, a partir del 25 de abril. El 11 de junio se constituye la Plataforma de Convergencia Democrática, auspiciada por el PSOE, UGT, Partido Nacionalista Vasco, Izquierda Democrática, promovida por Joaquín Ruiz Jiménez, Unió Democràtica del País Valencià, demócrata-cristiana, Partido Gallego Social Demócrata, Unión Social Demócrata, Movimiento Comunista de España y Partido Carlista, que ha abandonado la Junta Democrática.
Tres días más tarde, Juan de Borbón defiende la monarquía constitucional en un discurso, tras el que se prohíbe su entrada en España. El día 24, Arias hace un discurso defensivo en las Cortes. En las semanas siguientes son detenidos nueve oficiales del ejército de Tierra y uno del Aire por su pertenencia a la clandestina Unión Militar Democrática. El 22 de agosto, se dicta un decreto ley antiterrorista, que endurece más la legislación y motiva el primer comunicado conjunto de los organismos de oposición.
EL GENERAL FRANCO CIERRA EL CAMINO
Se anuncia para los últimos días de agosto y primeros de setiembre de 1975 la celebración de cuatro juicios militares sumarísimos contra miembros de FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico) y ETA (Euskadi Ta Askatasuna, traducible del euskera por Euskadi y Libertad) –rama Político-Militar–, acusados del asesinato de varios policías y guardias civiles. La atención de la prensa internacional se refuerza con el desplazamiento de nuevos enviados que se suman a los corresponsales ya instalados en Madrid.
Читать дальше