EL PRÍNCIPE QUE NO DICE NADA
25 de octubre. El agravamiento de Franco hace pensar en un desenlace rápido y lleno de interrogantes políticos. «Planea sobre España la pesadilla del inminente postfranquismo», avisa Bugialli. 63 Franco está a punto de morir en el Palacio de El Pardo, rodeado de una corte como un rey absolutista del siglo XVIII, y con él, muere el reino que encarna, escribe Michele Tito. 64 «Detrás de la ficción de Juan Carlos, el país espera otra cosa» y la situación es completamente insegura, en un país dividido en dos partes enfrentadas que no podrá sobrevivir por sí mismo. Europa no puede abandonar de nuevo a España, dice en referencia al «viejo remordimiento de la Guerra Civil», cuando los países democráticos europeos miraron hacia otro lado. Aparecen los primeros artículos de balance, pero la agonía va a durar casi un mes. También en Corriere della Sera , Claudio Zuchelli 65 habla de un sucesor «triste, mal conocido por los españoles», un hombre que guarda silencio y por cuyas capacidades nadie pone la mano en el fuego.
España está encerrada con «un único tema», escribe Marcel Niedergand, 66 mientras Le Figaro 67 avisa que España va a dar un salto a lo desconocido, ante un «duelo Franco-Juan Carlos», en el que Franco se niega a ceder. El veterano Jacques Guillemé-Brûlon, 68 que en el pasado ha entrevistado a ambos, admite que la decisión sobre el futuro de España no recae tanto en el Borbón como en los pasillos del Pardo. Los diarios franceses recogen la desconfianza de quienes dudan que Juan Carlos quiera y pueda convertir España en un país democrático. Santiago Carrillo afirma en Le Monde 69 que estas dudas son compartidas incluso por Juan de Borbón, su padre y jefe de la dinastía. A pesar de todo, Niedergang 70 se muestra optimista y el presidente Giscard apoya la necesidad de que España vaya hacia la democracia. Alain la Guarda y Max Milner 71 piden a los europeos que contribuyan al nacimiento de la joven república española.
El príncipe es un producto de Franco, subraya Kassebeer, 72 pero de talante liberal y con buenos contactos con políticos extranjeros e intenciones de llevar España hacia la democracia. El dilema al que se enfrenta Juan Carlos es comenzar su reinado como
rey del 18 de Julio, símbolo de la rebelión de los nacionalistas de 1936, o como una figura de integración de todos los españoles, como rey de los vencedores y de los vencidos.
Desde Frankfort, Robert Held, 73 que simpatiza con las posiciones democráticas expresadas por Juan de Borbón, cuestiona la idoneidad de Juan Carlos como «rey de todos los españoles». Pese a sus limitaciones, Haubrich 74 cree que buena parte de la oposición democrática está dispuesta a darle algún tiempo.
La primera acción del príncipe como jefe del Estado interino y jefe máximo de los Ejércitos, es viajar al Sahara, el 2 de noviembre. Ese mismo día, Franco sufre una hemorragia incontenible y es operado de urgencia, en un quirófano provisional instalado en el mismo Palacio de El Pardo. Nierdergang 75 aprecia la firmeza de Juan Carlos en su visita a las tropas coloniales como una apelación al nacionalismo español para contar con el apoyo militar y popular. En Le Figaro , Thierry Desjardins 76 cree que ha dramatizado la situación, pero reconoce que ha dejado clara su capacidad de decisión. Tres días más tarde, Hassan ordena parar la Marcha Verde, a la espera de las negociaciones acordadas con el Gobierno español. Es el mayor éxito diplomático de España en los últimos 25 años y uno de los primeros triunfos de Juan Carlos, según Niedergang. 77
La enfermedad de Franco parece irreversible y The New York Times 78 insiste en que ha de abandonar el poder para favorecer una transición en la que habría que hallar un equilibrio entre franquismo e izquierda para evitar una radicalización o «portugalización», señala Giniger. 79 El recuerdo doloroso de la Guerra Civil «mantiene las armas templadas». 80 Miguel Acoca 81 da por hecha la sucesión del príncipe, gracias al apoyo de la mayoría de españoles y de los líderes de Europa occidental y América. Eso sí, tendrá que lidiar con temas difíciles como la legalización de un partido comunista que puede provocarle huelgas y disturbios, se asegura en The Washington Post , 82 donde Acoca 83 constata la indiferencia de la mayoría de los españoles por la vida de Franco.
Juan Carlos merece el reconocimiento de «Hombre de la noticia» en The New York Times. 84 Aunque mejor conocedor de los deportes que de la política, se le reconoce una formación adecuada para ser rey. La duda es si «España le dejará que guíe el proceso». En las informaciones, el principal diario estadounidense 85 presenta a socialistas y comunistas españoles junto a los movimientos «tranquilos» de la oposición y su búsqueda de apoyos en los gobiernos europeos, pero compara a la extrema derecha con el Ku-klux-klan. En un editorial duro sobre sus perspectivas de futuro, The New York Times 86 alerta contra el peligro de un «reinado corto e infeliz» como el que tuvo su cuñado, Constantino II de Grecia, en 1964. Se extiende la certeza de que una parte importante de españoles preferirían al rey legítimo Juan de Borbón y se cuestiona a Juan Carlos por su relación con Franco «en estos tiempos de mano dura en los que el régimen se desvanecía».
Sin embargo, los pronósticos que se hacen desde la administración Ford y el Pentágono son de un cambio tranquilo y un futuro Gobierno moderado liderado por el rey. 87 Con mayor cobertura de la crisis española, The New York Times 88 se acerca a la realidad plurinacional y plurilingüe de España, frente a la asimilación con la violencia de las reivindicaciones pacíficas catalanas o vascas que establece el diario de la capital federal. A finales de octubre, Malcolm W. Browne 89 habla extensamente desde Barcelona de los catalanes, una orgullosa minoría, que «aparecen más unidos que nunca en su historia díscola y devastada por la guerras, pidiendo un rápido cambio político».
La resistencia de Franco a dejar el poder es criticada también por la prensa británica. The Times 90 cree que su retirada haría las cosas más fáciles y que su actitud está en «el límite de causar exasperación y ansiedad en el terreno político». The Guardian le culpa de indiferencia por el futuro de su pueblo y que deja el legado de «una nación dividida y perpleja». Financial Times proclama su fracaso en la provisión de una transición ordenada. Al mismo tiempo, crece la preocupación por la capacidad y el margen de maniobra del príncipe. Si quiere ser, como ha dicho, «un rey de nuestro tiempo», debe llevar a un sistema democrático, con una transición suave y un cambio espectacular, escribe The Times. Un rey no puede sobrevivir como continuador de Franco.
El traspaso de poderes ha sido el primer hecho importante en mucho tiempo, según The Daily Telegraph , 91 pero no significa que todo esté claro en adelante y todavía hay margen para la agitación antimonárquica. «Juan Carlos no es la solución», afirma The Guardian , que lo encuentra simpático, pero débil y no ve que sea «el viento del cambio». La oposición lo rechaza, la gente de la calle no cree que tenga ideas propias, explica Walter Schwarz, 92 corresponsal en París desplazado a Madrid. Aunque fuentes diplomáticas están convencidas de que quiere una España liberal y democrática, no le dan más que una mitad de posibilidades de éxito, escribe otro enviado, Peter Niesewand. 93
Es «El príncipe que no dice nada», según el título del editorial con que The Guardian 94 saluda el traspaso del poder. En el corto plazo es una noticia positiva, porque hay Gobierno pese a la ausencia del Jefe del Estado, pero el príncipe ha sido una sombra de Franco y sus manifestaciones han sido «prudentes hasta la nulidad».
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