El balance de la prensa británica sobre la figura y obra de Franco es positivo en algunos aspectos: la singularidad de su carrera militar, la capacidad de liderazgo de la insurrección del 18 de julio de 1936 contra la República, el mantenimiento de una posición independiente durante la Segunda Guerra Mundial, la resistencia al aislamiento diplomático posterior, el largo período de paz y de estabilidad política sin precedentes y la prosperidad económica alcanzada en los últimos 36 años. The Times 117 le reconoce una vida privada ejemplar y cree que, sin tener las cualidades de muchos políticos, no ha sido un dirigente vanidoso ni inhumano, salvo por razones de estado. The Daily Telegraph 118 subraya su carácter sencillo, de campesino gallego astuto, calculador y reservado, con ojo rápido y corazón frío. The Guardian , 119 en cambio, lo ve como el típico oficial español, con fuertes prejuicios políticos y religiosos. En comparación con otros dictadores es aquel de quien menos se puede decir que haya sido un gran hombre.
Ni Franco ni su régimen no han sido propiamente fascistas, aunque hubo muchos fascistas en su seno, coinciden The Times y The Daily Telegraph. Con una forma de Gobierno basada en principios militares más que políticos, ha practicado un autoritarismo que refleja muchas de las características menos atractivas de los dictadores del Eje. Ambos valoran la firmeza de Franco ante Hitler durante la Segunda Guerra Mundial. The Guardian cree que se equivocó hasta el punto de necesitar una dependencia humillante de los poderes extranjeros y que siguió este camino con más fatalismo que inteligencia. Esta sería la medida su sentido político. Quizás España necesitó a Franco, dice The Daily Telegraph , y después de las brutales obscenidades de la Guerra Civil tuvo la suerte de un boom económico sin precedentes que le mantuvo en el poder. Pero el resultado es un frágil castillo de naipes, que deja el país con beneficios indudables, pero convertido en un desierto espiritual.
Franco también ha de ser juzgado por haber dejado a España «singularmente mal preparada tras su marcha», es la despedida de Roger Mathews 120 a un hombre que nunca fue «una victima de la duda». «Una cosa es segura. Franco nunca se atrevió a destapar y a mirar por sí mismo las ganas del pueblo español. Lo dejó para su sucesor». Es improbable que este régimen se mantenga como una forma española de democracia, sin el uso de «una represión y una violencia intolerables», advierte The Times .
Las perspectivas de futuro son analizadas con mayor extensión en los editoriales publicados el mismo día. The Guardian 121 hace una crítica contundente de «el hombre que finalmente murió». Reprocha al «último de los dictadores fascistas que llevaron el mundo a la guerra y la miseria» que haya muerto estando aún «reñido con dos pueblos españoles como los vascos y los catalanes». La mejor oportunidad para el príncipe es conectar con los deseos de transformación, ya que cualquier paso hacia la democracia será alentada por el resto de la Europa occidental, «en una escala nunca vista hasta ahora en España».
Como un aviso de las dificultades, The Times 122 pide a los enemigos más encarnizados de Franco que «se pregunten, con aprensión, si el mundo será mucho mejor sin él, tal como habían deseado». Pero no elude juzgar la responsabilidad del general Franco sobre el sufrimiento general durante la Guerra Civil y su voluntad de mantener un régimen esencialmente autoritario. «Mucho tiempo después que sus enemigos republicanos hubieran renunciado a toda revancha violenta», incluso cuando ya había crecido una generación nueva a la que los hechos de la Guerra Civil «parecían fundamentalmente irrelevantes». Para muchos de sus miembros, este régimen es un anacronismo y se han sentido ofendidos por la brutalidad y la torpeza de la reacción ante recientes desafíos a su autoridad. Franco no ha escuchado y ha continuado pensando que sus enemigos lo eran también de España y «eso no es verdad». Este diario publica un segundo editorial criticando los esfuerzos extraordinarios para prolongar su vida. 123
El régimen de Franco es un anacronismo –«en el mejor caso, un hiato, en el peor una tiranía»–, sentencia The Daily Telegraph , 124 por lo que la mayoría de los españoles apoyará al príncipe, por «el ansia de conservar y construir sobre la prosperidad crecida bajo el Gobierno firme y estable de Franco». A la espera de sus primeras palabras y decisiones como rey, Financial Times 125 advierte que la continuación de la represión policial complicaría las cosas y podría «estropear la buena voluntad internacional». Si el príncipe no consiguiera una descompresión de la situación, «la explosión resultante podría llevárselo abajo a él, la monarquía y muchas cosas más».
Desde Estados Unidos, el ex presidente Richard Nixon tributa su testimonio a la «firmeza y lealtad» de Franco, 126 mientras The Washington Post 127 marca distancias entre su dictadura y «las locuras homicidas» de Hitler y Stalin y le reconoce también el mérito haber apartado a España de la Segunda Guerra Mundial. Y aunque cree que «no existe una gran demanda para volver a una democracia parlamentaria», confía que el país sabrá qué rumbo ha de tomar, en un futuro pilotado por Juan Carlos.
El antiguo embajador en España, John Davis Lodge 128 califica a Franco de «amigo» de América en un artículo en The New York Times , pero el tono general de este diario es muy distinto. Flora Lewis 129 considera que «después de décadas de represión, la democracia es todavía el deseo» de la gran mayoría de la población. El antiguo corresponsal en Madrid Richard Eder 130 acusa al dictador fallecido de haber cometido «atroces represalias» y gobernar con el terror. En las crónicas de Henry Giniger 131 también se leen duros reproches a un dictador que «en caso de duda, reprimía». «Odiado por muchos; amado por unos pocos», así empieza un duro editorial del diario neoyorkino 132 que reprocha a Franco el legado de haber ampliado las fisuras en una sociedad ya muy polarizada. The New York Times , que no se cansa de tildar a Franco de «autoritario» y «represor», da cabida a una carta en la que 25 intelectuales estadounidenses piden al presidente Ford que vigile la evolución de la España post-Franco para evitar que permanezca el totalitarismo.
El vicepresidente Nelson Rockefeller es la figura internacional de más relieve que asiste el día 23 de noviembre al entierro de Franco en el Valle de los Caídos, junto a Felipe de Edimburgo, esposo de la reina de Inglaterra, el dictador chileno Augusto Pinochet e Imelda Marcos, esposa del presidente de Filipinas.
1 Harold Sieve, «Juan Carlos to rule as Franco steps down» y «Franco, the iron “puppet” who lasted 35 years», The Daily Telegraph , 20 de julio de 1974.
2 Paolo Bugialli, «Franco in gravi condicioni. Il potere al principe Juan Carlos», Corriere della Sera , 20 de julio de 1974.
3 «Stufe zum Thorn», Frankfurter Allgemeine Zeitung , 20 de julio de 1974.
4 Walter Haubrich, «Der berühmte Patient im Spiital, Generalisimo Franco», Frankfurter Allgemeine Zeitung , 12 de julio de 1974.
5 «The evolution in Iberia», The Guardian , 20 de julio de 1974.
6 «Franco hoisted back», The Daily Telegraph , 4 de septiembre de 1974.
7 «An Uncertain Future for Spain», The Times , 22 de julio de 1974.
8 Ian Davidson, «Franco: uneasy legacy for the Prince», Financial Times , 20 de julio de 1974.
9 Marcel Niedergang, «Le prince Juan Carlos a pris ses fonctions de chef d’État para intérim» y «Rejeter les haines de passé», Le Monde , 21 de julio de 1974.
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