Juan Carlos es el «hombre de la semana» en Financial Times , 95 que en un editorial 96 ve con reservas su acceso al poder, confinado a ser un frágil gozne hacia la era posterior a Franco. Para el diario económico, la monarquía restaurada es un anacronismo en un mundo crecientemente republicano, por lo que la legitimidad como institución va a depender de la capacidad personal de hacer las reformas. Sin embargo, es la principal esperanza para una transición ordenada a un Gobierno más liberal, si el terrorismo y las políticas represivas no le han recortado la libertad de maniobra. Con el recuerdo vivo de su presencia junto a Franco en la concentración de masas después de los fusilamientos, aún así cree que la oposición puede otorgarle el beneficio de la duda, si no tarda en hacer reformas.
La posición geoestratégica de una España democrática estable es importante para The Times 97 y The Daily Telegraph , 98 un activo inmenso para la Comunidad Europea, que es tanto su principal mercado como la dirección natural en la que debe mirar. El segundo de dichos diarios destaca el enorme interés de la relación con la OTAN, aumentada por la amenaza de Rusia y las incertidumbres sobre Portugal. Para The Times , nadie está seguro de la capacidad de las fuerzas políticas ni de los desacuerdos posibles entre los hombres en el poder después de Franco. El ritmo de los cambios parece ser entendido de manera diferente por The Daily Telegraph cuando habla del deseo abrumador de salvaguarda del legado de prosperidad y estabilidad de Franco. La inquietud de The Guardian 99 es no saber qué pasará en España, «salvo que no estará en paz consigo misma». En alusión al príncipe, advierte que «los Borbones descubrieron que lo más peligroso de la opresión es que esconde las necesidades del pueblo, las legítimas y las otras».
Con algo más de optimismo, Financial Times 100 habla de grupos bien preparados para la negociación política y del ejército como árbitro posible. Para The Times , las presiones más fuertes a favor de la democracia vienen de los hombres de negocios y los economistas, pensado en la CEE, y se puede tener confianza en sectores demócratas del poder, la Iglesia, el ejército, la economía y las clases medias. La legalización de los comunistas es la cuestión clave, es mejor que sea un partido legal que una fuerza clandestina. El Gobierno debería aceptarlo y «aprovechar su deseo de respetabilidad e independencia de Moscú».
EL HOMBRE QUE FINALMENTE MURIÓ
Mientras el Caudillo agoniza, Alberto Viali 101 se ocupa en Corriere della Sera de los movimientos de una oposición política que empieza a ser reconocida tímidamente en algunos países europeos. El día 20 de noviembre de 1975, cuando finalmente muere, el semiólogo Umberto Eco 102 habla del código de un sistema político que se desvanece, símbolo anacrónico de una sociedad medieval que contiene el aliento porque no tiene detrás ningún grupo social con legitimización para sobrevivirle. Como cada cultura genera sus propios códigos, España se abre ahora al panorama incierto de crear los suyos desde la nada.
Al día siguiente, las páginas de los diarios se llenan de referencias a la Guerra Civil, que consideran todavía inconclusa, un conflicto cuya atmósfera «el último Franco ha resucitado en España con una represión feroz contra los vencidos», señala Albero Cavallari 103 en La Stampa. Ha sido una dictadura «loca, del tipo nazi». En Corriere della Sera , Alberto Ronchey 104 va un poco más allá y se centra en las enormes dificultades a las que conduce una muerte que abre un periodo de tantas incertidumbres: «Está abierta la sucesión de Franco, pero todavía no del franquismo». El nuevo rey puede intentar conseguir una «democracia controlada» en un país que, tras crecer durante quince años, tendrá abiertas las puertas de Europa siempre que ofrezca libertad de acción a todos los partidos políticos, incluido el PCE. Concluye con los versos de Machado: «Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios».
Poco optimista también, pero abierto a la esperanza, Carlo Casalegno 105 despide en La Stampa al «último fascismo europeo», que se ha mantenido «durante cuarenta años de poder absoluto, construido sobre un millón de muertos, sin cambios». En España, sin embargo, ha mejorado la economía y han irrumpido una burguesía y una Iglesia católica renovadas, una nueva cultura y nuevas organizaciones políticas y sindicales que «emergen de las catacumbas de la clandestinidad en una precaria tolerancia». Aunque la historia invite al pesimismo, por los «poquísimos años de libertad en dos repúblicas efímeras» frente a «siglos de poderes despóticos y crueles guerras civiles», hay motivos de esperanza y confianza, porque todas las fuerzas políticas aún clandestinas coinciden en rechazar la permanencia del franquismo y piden el «retorno de España a Europa». A condición de que se eviten «los errores y las exasperaciones» para no caer en los riesgos que ahora corre Portugal, «a punto de perder una libertad recuperada después de una larga dictadura».
También en La Stampa , Alberto Cavallari, desde París, prefiere ver la botella medio llena, 106 aunque subraya una variedad de reacciones internacionales: el silencio del premier laborista británico Harold Wilson, el «cheque en blanco» de Giscard d’Estaing que promete asistir a la coronación de un «rey prefabricado», los «vibrantes» elogios fúnebres a Franco del presidente norteamericano Richard Nixon o bien la «ambigüedad» del Vaticano.
«La agonía más larga», como la define Marcel Niedergang, 107 ha desembocado en una situación incierta, en la que el espíritu festivo convive con el silencio, dice Le Monde. 108 Los ultras tratan de mantener el régimen intacto mientras Juan Carlos se enfrenta al dilema de liberar o no a los centenares de presos políticos. Los corresponsales de Le Monde se apuntan a la prudencia del presidente Giscard, sin evitar el retrato de la sombría dictadura. Desde París, André Fontaine 109 hace un breve repaso a la vida y personalidad de «el hombre de la cruzada», con especial atención a las consecuencias de la Guerra Civil y a la cuestión de los exiliados, muy viva en Francia. Le Figaro 110 también transmite incertidumbre. De acuerdo con Jacques Guillemé-Brûlon, 111 Europa duda de que el fin de la dictadura suponga el comienzo inmediato de la libertad. El escritor de origen español Michel del Castillo 112 vaticina que en seis meses será difícil encontrar un franquista en España, como lo fue encontrar un nazi en la Alemania del canciller Konrad Adenauer.
Desde Frankfurt, Robert Held destaca 113 que Franco fue mucho menos cruel que otros dictadores y que toleró pequeños espacios de libertad, en alusión a la Europa del Este. Pero, en el mismo periódico, el corresponsal Walter Haubrich, 114 que se había mostrado mucho más contrario al Caudillo, dice también que fue enemigo por igual del liberalismo y del comunismo y que no dudó en utilizar los medios más duros para asegurar su poder. La época que termina en España termina también para sus vecinos, escribe Günther Gillessen, 115 editor político de Frankfurter Allgemeine Zeitung . La adaptación a los nuevos tiempos significa que las democracias occidentales han de estar a punto para «la competición con Moscú que ahora empieza». Su llamada a ayudar a España y reclamarla como un país de Europa se dirige no sólo a los gobiernos, sino también a los partidos políticos y especialmente a los partidos socialistas.
Al final de su régimen el «aislado dictador» español había vuelto hacia sus «orígenes fascistas», con una genuina incapacidad para preparar el advenimiento de una democracia, afirma Kassebeer. 116 Pudo controlar durante casi cuatro décadas el conflicto entre dictadura y democracia, pero ese conflicto va a estallar de nuevo y «esta es la culpa histórica de Franco».
Читать дальше