R. C. Sproul - La Santidad de Dios

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¿Cómo te afecta a ti la santidad de Dios?"Cada cristiano que se ocupa en serio de su crecimiento espiritual necesita leer este libro. Fue sumamente provechoso para mí".-Jerry Bridges"Quizás sea muy temprano para calificar el libro La Santidad de Dios por R. C. Sproul como una de las obras clásicas teológicas de nuestros tiempos, pero si todavía no ha alcanzado este reconocimiento, lo logrará muy pronto".-James Montgomery Boice

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Aquí vemos un patrón que se ha repetido en la historia. Cuando Dios se aparece, la gente tiembla con terror, luego Dios perdona y sana, para después enviar. El patrón que es el quebrantamiento precede a la misión. Cuando Dios preguntó, ¿a quién enviaré? Isaías entendió la fuerza de esa palabra. Ser enviado significaba funcionar como un emisario de Dios, ser vocero de la Deidad. En el nuevo testamento la palabra “apóstol” significa “enviado.” La contraparte al apóstol en el antiguo testamento era el profeta. Dios buscaba un voluntario que entrara al solitario y arduo oficio de profeta.

Fíjese en la respuesta de Isaías: “Heme aquí, envíame a mí.” Hay una diferencia crucial entre decir, “heme aquí” y decir, “aquí estoy.” Si hubiese dicho “aquí estoy,” simplemente hubiera indicado su localización. Pero él le estaba indicando a Dios algo más que su ubicación, y al decirle “heme aquí” estaba dando un paso al frente como voluntario. Su respuesta fue simplemente “Yo iré. No busques más, envíame a mí.”

Hay dos cosas importantes en la respuesta de Isaías. La primera es que a él no le sucedió como a Humpty-Dumpty en aquel canto infantil donde el señor Dumpty se cayó trágicamente porque nadie en el reino pudo reconstruirlo. Pero aunque Dumpty no era más frágil que Isaías quien se deshizo como huevo que cae al suelo, la diferencia está en que Dios tomó a este hombre destruido y después lo envió al ministerio. El tomó a un pecador y lo hizo un profeta; tomó a un hombre cuya boca era sucia y lo hizo su vocero.

La segunda cosa importante que aprendemos de este evento es que la obra de gracia de Dios sobre el alma de Isaías no aniquiló su identidad personal. Isaías dijo, “Heme aquí.” Isaías podía aun hablar en términos de su propio ser. El conservó su identidad y personalidad. Sin tratar de destruir el “yo,” como reclaman algunos que distorsionan el cristianismo, Dios redime la individualidad. El sana la individualidad para que pueda ser útil y realizarse en la misión para la cual la persona es llamada. La personalidad de Isaías fue completamente reconstruida, no aniquilada. Al salir del templo, él seguía siendo Isaías ben-Amoz. Seguía siendo la misma persona, pero con su boca limpia.

Los ministros no son dignos de su llamado. Todos los predicadores son vulnerables a la acusación de hipocresía. De hecho, mientras más fieles son los predicadores a la Palabra de Dios en su predicación, más expuestos están al cargo de hipocresía. ¿Por qué? Porque mientras más fieles son las personas a la Palabra de Dios, más elevado es el mensaje. Y mientras más elevado el mensaje, más lejos estarán de poder cumplirlo por sí mismos.

Yo me intimido internamente cuando predico en las iglesias acerca de la santidad de Dios. Puedo anticipar la respuesta de la gente. Ellos salen del santuario convencidos de que han estado en la presencia de un hombre santo. Puesto que me oyen hablar de la santidad, suponen que yo soy tan santo como el mensaje que predico. Es entonces que yo quisiera gritar “¡Ay de mí!”

Es peligroso asumir que por el hecho de ser atraído hacia el estudio de la santidad, una persona es santa. Hay una ironía aquí. Estoy seguro que la razón por la cual anhelo aprender de la santidad es precisamente porque no soy santo. Yo soy hombre profano, y es más el que tiempo que paso fuera del templo y de la presencia íntima de Dios que dentro de ellas. Sin embargo, he degustado suficiente de la majestad de Dios para anhelar más. Conozco lo que es ser perdonado y enviado a una misión. Mi alma clama por más. Mi alma necesita más.

Aplicando la Santidad de Dios a Nuestras Vidas

Mientras reflexiona sobre lo que ha aprendido y redescubierto acerca de la santidad de Dios, responda estas preguntas. Use un diario para registrar sus respuestas a la santidad de Dios, o discútalas con un amigo.

1. ¿Ha tenido alguna experiencia en la que la presencia de Dios lo ha sobrecogido, en la cual usted fue quebrantado por la presencia de Dios?

2. La respuesta de Isaías a la revelación de la santidad de Dios fue “¡Ay de mí!” ¿Cuál es su respuesta?

3. ¿En qué área necesita ser purificado usted por el fuego de la santidad de Dios?

4. Según se describe en este capítulo, ¿qué aspecto de la santidad de Dios lo mueve a usted a adorarle a El más plenamente?

5. Busque el himno “Santo, Santo Santo” en su himnario, y dele culto a Dios cantándole a El.

Qué es esto que brilla a través mío y que azota mi corazón sin lastimarlo Yo - фото 7

¿Qué es esto que brilla a través mío

y que azota mi corazón sin lastimarlo?

Yo soy tanto un temblor como un fulgor:

Un temblor, puesto que no soy como ello

Un fulgor en tanto que soy como ello.

SAN AGUSTIN

Hemos llegado ya al tercer capítulo de este libro y aún no he definido el significado de ser santo. Quisiera posponerlo aun más, porque la santidad es muy difícil de definir. Hay mucho que decir sobre la santidad y es tan extraña a nosotros que la tarea parece casi imposible. En un sentido muy real, la palabra santo es una palabra extraña. Pero aun cuando nos encontramos con palabras extrañas, tenemos la esperanza de que un diccionario nos pueda proveer una traducción clara. El problema sin embargo, es que la palabra santo es extraña a todos los lenguajes. No hay diccionario adecuado para definirla.

Nuestro problema con la definición se hace más difícil porque en la Biblia, la palabra santo se usa en más de una manera. En un sentido, la Biblia la usa de forma muy relacionada con la bondad de Dios. Ha sido la costumbre definir santo como “pureza, libre de mancha, totalmente perfecto e inmaculado en cada detalle.” Pureza es la primera palabra en la que la mayoría de nosotros piensa al escuchar la palabra santo. Es cierto que la Biblia usa la palabra de esta manera; sin embargo, la idea de la pureza o perfección moral es en el mejor caso, el significado secundario de este término en la Biblia. Cuando los serafines cantaban su himno, ellos estaban diciendo algo más que “pureza, pureza, pureza es Dios.”

El significado primario de santo es “separado.” Viene de una palabra antigua que significa “cortar” o “separar.” Traducir este significado básico en lenguaje contemporáneo sería usar la frase “un corte aparte.” Tal vez sería aún más exacta la frase “un corte arriba de algo.” Cuando encontramos un vestido u otro artículo de importancia, usamos la expresión “está por encima de lo demás.” La santidad de Dios es más que separación. Su santidad también es trascendencia. La palabra trascendencia significa literalmente “ascender a través.” Es definida como “exceder los límites usuales.” Trascender es elevarse sobre algo, ir por encima y más allá de cierto límite. Cuando hablamos de la trascendencia de Dios, estamos hablando acerca del sentido en el cual Dios está por encima y más allá de nosotros. La trascendencia describe su suprema y absoluta grandeza. La palabra también es usada para describir la relación de Dios con el mundo. El es más alto que el mundo, El tiene un poder absoluto sobre el mundo. El mundo no tiene ningún poder sobre El. La trascendencia describe a Dios en su consumidora majestad. Su exaltada superioridad. Apunta hacia la infinita distancia que lo separa de toda criatura. El está infinitamente por encima de todo lo demás.

Cuando la Biblia llama a Dios santo, significa primariamente que El es trascendentalmente separado. Está tan por encima y más allá de nosotros que nos parece casi totalmente extraño. Ser santo es ser “otro,” ser diferente en una manera especial. El mismo significado básico se usa cuando la palabra santo es aplicada a cosas terrenas. Mire cuidadosamente la siguiente lista de cosas que la Biblia define como santas:

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