Cambiaron incluso el significado normal de las palabras en relación con los hechos, para adecuarlas a su interpretación de los mismos. La audacia irreflexiva pasó a ser considerada valor fundado en la lealtad al partido; la vacilación prudente se consideró cobardía disfrazada, la moderación, máscara para encubrir la falta de hombría, y la inteligencia capaz de entenderlo todo, incapacidad total para la acción; la precipitación alocada se asoció a la condición viril, y el tomar precauciones con vistas a la seguridad se tuvo por un bonito pretexto para eludir el peligro. El irascible era siempre digno de confianza, pero su oponente resultaba sospechoso (III 82, 4-5).
El texto, para todos aquellos que vivieron aquellos días de octubre de 2017, no necesita de más comentario. El segundo pasaje versa sobre cómo una masa anónima de ciudadanos se deja llevar por la manipulación y los oscuros intereses de unos pocos:
Más aun, los vínculos de sangre llegaron a ser más débiles que los del partido, debido a la mejor disposición de los miembros de este a una audacia sin reservas; porque estas asociaciones no se constituían de acuerdo con las leyes establecidas con vistas al beneficio público, sino al margen del orden instituido y al servicio de la codicia... La causa de todos estos males era el deseo de poder inspirado por la codicia y la ambición; y de estas dos pasiones, cuando estallaban las rivalidades de partido, surgía el fanatismo. Porque en las distintas ciudades, los jefes de los partidos, recurriendo en ambos bandos a la seducción de los programas de acuerdo con su preferencia con la igualdad de derechos políticos para el pueblo... con el pretexto de servir a los intereses públicos, se granjeaban una recompensa para ellos mismos... (III 82, 6 y 8).
El texto de la traducción española es impactante por su magistral descripción de los efectos de la manipulación de los afectos políticos en un régimen democrático. Con todo, lo cierto es que ninguna versión llega a reflejar con total exactitud la auténtica intensidad de las palabras del griego de Tucídides: la concentración de ideas, la sintaxis entrecortada, el estilo tenso que en algunos pasajes transforma las palabras en un grito de desesperación ante los terribles hechos descritos. Aunque el historiador describe sucesos ocurridos años atrás, no puede evitar la estupefacción que le causa la naturaleza humana llevada a los más terribles extremos. Con todo, lo más descorazonador de este pasaje es que Tucídides, agudo conocedor del talante de los hombres, anuncia que los horrores de esta discordia civil «ocurren y que siempre ocurrirán mientras la naturaleza humana sea la misma» (III 82, 2). Nosotros, como receptores del día de hoy, hemos de sumarnos a esa larga lista de lectores que, desde hace más de dos milenios, han comprendido que los hechos sucedidos en un momento concreto de la historia griega, una vez descritos y pasados por el tamiz del pensamiento abstracto del historiador griego, alcanzaban una validez universal. De hecho, con Tucídides nace el concepto de la utilidad de la historia entendida, en expresión ciceroniana, como magistra vitae.
2. LA GUERRA DEL PELOPONESO: PARADIGMA HISTÓRICO Y MODELO PRAGMÁTICO
El suceso histórico que sirvió de base para estas agudas reflexiones sobre el comportamiento humano y sobre la utilidad de la historia para hacer frente al futuro fue la Guerra del Peloponeso (431-404 a. C.). Un conflicto militar entre la liga délico-ática y la liga peloponesia que, como destacó Tucídides en su proemio (I 1), fue el más importante que se había vivido hasta entonces y tuvo consecuencias decisivas para la historia de todo el mundo griego. La primera fue su extensión, ya que fue una guerra total (una auténtica «guerra mundial») que afectó a casi todo el mundo griego, sumido en un conflicto bélico en el que mantener la neutralidad se convirtió en una tarea imposible. La segunda consecuencia fueron los efectos sobre todos sus actores. Esta no fue una guerra más, sino que cambió para siempre la historia de Grecia y acabó siendo un desastre para todos sus protagonistas. Fue el fin de la Atenas de Pericles e incluso Esparta, que aparentemente ganó la guerra, vio declinar su hegemonía en los años siguientes, asistiendo al surgimiento de una nueva potencia militar: Tebas. La tercera consecuencia, y quizás la esencial para Tucídides, fueron sus terribles efectos sobre el hombre griego, entendido como colectividad y como individuo. Esta guerra generó la ruptura de todas las convenciones tradicionales tenidas como firmes y sólidas hasta ese momento, y generó una crisis moral y política que puso en cuestión las estructuras ideológicas de la época clásica.
Este contexto bélico fue un auténtico banco de pruebas que ofreció a un pensador como Tucídides, formado en las nuevas ideas de la sofística, la oportunidad única de llevar a cabo un análisis del comportamiento humano completamente novedoso en su momento con la vista puesta en el futuro. De hecho, si alguna etiqueta puede ponerse con toda propiedad a la historia de Tucídides es la de «pragmática». Es decir, una historia que, por primera vez, fue concebida como instrumento de análisis de unos hechos pensando en su utilidad futura (De Romilly 1956). Este es un dato importante que ha de tenerse en cuenta: su historia no solo es un relato riguroso de los hechos, sino que también ha ser vista como un auténtico monumentum del intelecto humano. Tucídides, con el empleo de recursos formales y retóricos (con especial atención a la inserción de discursos), no solo pretendía informar a sus lectores de los hechos y acciones de una guerra concreta, sino, sobre todo, poner de manifiesto ante sus ojos (y, en cierto modo, ante los nuestros) las leyes universales que se encontraban tras su aparente y azaroso devenir. Y el historiador griego logró una fusión magistral. Fue el alumno más aventajado de la escuela sofística, al conseguir reenfocar los mecanismos especulativos de estos mercenarios de la palabra, sobre todo el uso de lo probable (el eikós), para comprender el devenir histórico de un modo completamente nuevo (Gommel 1966). Baste, como prueba de lo afirmado, un rápido repaso por los cinco pasajes de la obra que, desde mi punto de vista, definen lo más granado del pensamiento tucidideo y nos permiten comprender hasta qué punto logró el objetivo de elaborar una obra con validez universal.
En primer lugar, de un modo completamente novedoso para la época, el propio historiador pone de manifiesto la naturaleza pragmática de su historia en las últimas líneas de su famoso capítulo metodológico (I 22), en el que explica el modo en que ha elaborado su historia. Se trata del pasaje en el que destaca la utilidad de su obra histórica, que ha de ser entendida como «una adquisición para siempre», gracias precisamente a su agudo análisis de la naturaleza humana:
Tal vez la falta del elemento mítico en la narración de estos hechos restará encanto a mi obra ante un auditorio, pero si cuantos quieren tener un conocimiento exacto de los hechos del pasado y de los que en el futuro serán iguales o semejantes, de acuerdo con las leyes de la naturaleza humana, si estos datos la consideran útil, será suficiente. En resumen, mi obra ha sido compuesta como una adquisición para siempre (ktêma es aieí), más que como una pieza de concurso para escuchar un momento (I 22, 4).
En segundo lugar, Tucídides fue decisivo en la historiografía griega por su afán a la hora de distinguir entre las justificaciones aparentes y la causa más verdadera de la guerra, que para él no era más que ese miedo irracional que sentían los lacedemonios frente al creciente poderío de Atenas, que es lo que está en la base del proceso histórico al que nos acabamos de referir y que es conocido como «la trampa de Tucídides»:
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