C. El coste de la guerra fue terrible y las potencias implicadas nunca volvieron a levantar cabeza. En nuestra época, el temor es que China se convierta en una nueva Atenas frente a una Esparta en la forma de Estados Unidos y que se produzcan tensiones crecientes entre un poder emergente y una potencia asentada que quiere mantener su hegemonía a toda costa. Ante este contexto tan explosivo, existe el riesgo de que tanto sucesos normales como incidentes extraordinarios provocados por terceros (no olvidemos a Corea del Norte) puedan acabar desencadenando un conflicto militar a gran escala. Algo que, como señala Allison, ha sucedido ya en demasiadas ocasiones. En concreto, poniendo en práctica una visión de la historia claramente tucididea, cita dieciséis casos de rivalidad geopolítica, desde la portuguesa y española del siglo XV hasta la franco-británica y alemana del XX, que acabaron en trece ocasiones en conflicto bélico. Estos ejemplos ponen de manifiesto la existencia de un patrón que condiciona las relaciones internacionales. Quizás el caso más destacado es el que ofrece la Primera Guerra Mundial, cuando una nación emergente como Alemania amenazaba con desbancar a las grandes potencias del XIX como Inglaterra y Francia. En este contexto, incidentes que en otras circunstancias se hubieran solventado sin más implicaciones, como el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria en Sarajevo en junio de 1914, generaron una reacción en cadena que, fuera de control, provocó un conflicto bélico mundial. «La trampa de Tucídides», como bien saben en la administración americana y en el gobierno chino, es un concepto que, por lo tanto, debe servir para que seamos conscientes del tremendo peligro creado por el conflicto comercial que enfrenta a ambas potencias. Si las dos partes continúan como hasta ahora, una situación de crisis internacional puede volver a repetirse, si bien la propia historia también nos enseña que no siempre se produce ese desenlace. ¿Podrán Trump y Xi Jinping gestionar la relación geopolítica más crucial del siglo XXI sin ir a la guerra? Solo el tiempo lo podrá decir, pero, si llega a suceder, está claro que sería obedeciendo a una dinámica que ya fue descrita con precisión por el historiador griego en el siglo V a. C. Por lo tanto, es evidente que la lectura de Tucídides va mucho más allá de un simple deleite estético o de un ejercicio de erudición histórica y se convierte en un medio eficaz de comprender los hilos invisibles que guían los sucesos de nuestro presente en la esfera internacional.
En el segundo caso, las figuras de Nigel Farage y de Boris Johnson, junto con su comportamiento y argumentaciones durante todo el proceso del brexit, guardan estrechas similitudes con personajes clave de la obra tucididea como el demagogo Cleón o el joven político Alcibíades. El primero ha quedado para la posteridad como el instigador de lo que pudo acabar siendo una de las mayores masacres de la guerra: el castigo indiscriminado que Atenas pretendía dispensar a los habitantes de la ciudad de Mitilene en la isla de Lesbos. El segundo fue uno de los inductores de la nefasta expedición ateniense que pretendía apoderarse de Sicilia. En ambos casos primaron los intereses individuales sobre los colectivos y el deseo de alcanzar un beneficio personal por encima de lo que convenía a la pólis. Cleón pronunció un discurso decisivo (III 37-40), ante la asamblea de Atenas, con el que consiguió convencer a sus conciudadanos de la necesidad de castigar con extrema dureza la traición de los habitantes de Mitilene. Se adoptó la decisión de matar a todos los hombres de la ciudad y vender como esclavos a mujeres y niños. Un castigo que solo la intervención de un político moderado como Diódoto (III 42-48) consiguió detener, poniendo ante los ojos de los atenienses las terribles consecuencias de sus decisiones (véase Andrewes 1962 y MacLeod 1978). Del mismo modo, años más tarde, el joven aristócrata Alcibíades (VI 16-18) consiguió convencer a los atenienses de la conveniencia de emprender una expedición contra la muy rica y poblada Sicilia, ocultando los peligros que una acción tan arriesgada implicaba para una potencia que estaba a punto de ganar la guerra y defendiendo en cambio, contra todo tipo de evidencias, que era una empresa fácil que haría mucho más rica y poderosa a Atenas. La ambición personal era lo que sustentaba esta defensa de emprender un segundo frente en la guerra y los atinados consejos del maduro Nicias sobre las dificultades de la empresa no consiguieron evitar la catástrofe (VI 9-14 y 20-23). Lo irónico de este suceso es que el aristócrata Alcibíades, responsable máximo de que Atenas se embarcara en esta empresa, acabó huyendo a Esparta al ser acusado de participar en la conjura de los Hermes. La expedición a Sicilia quedó en manos del prudente Nicias, que se había opuesto a ella desde el principio y que no pudo evitar que acabara en desastre: los atenienses fueron derrotados y la fuerza expedicionaria que iba a lograr todo tipo de honores fue masacrada (Greenwood 2017). La orgullosa Atenas sufrió así la más dolorosa de sus derrotas como castigo a su soberbia desmedida. Un ejemplo de los peligros de dejarse llevar por esa desmesura que los griegos denominaban hybris. Pues bien, hoy en día no pueden ser más evidentes los paralelismos entre esa Atenas dominada por políticos demagogos descrita por Tucídides y el Reino Unido convencido de abandonar la Unión Europea, gracias al efecto de noticias falsas sobre las ventajas de todo tipo que supondría esta arriesgada acción. Incluso el abandono posterior de la escena pública por parte de quienes acabaron reconociendo que habían falseado la realidad para lograr sus objetivos se convierte en otro factor que pone de manifiesto unos puntos de contacto realmente llamativos. O el hecho de que alguien que, en principio, no estaba de acuerdo con la retirada inglesa, como la premier Theresa May (que puede ser vista con un trasunto del ateniense Nicias), acabase liderando una negociación desastrosa con la Comunidad Europea que, a día de hoy, todavía no ha llegado a buen puerto, y que ha provocado su propia caída en desgracia y el ascenso definitivo de Boris Johnson. La lectura de Tucídides ofrece así una guía de inmenso valor para comprender, a partir del análisis de los casos concretos acaecidos en Mitilene y Sicilia, los peligros para una sociedad democrática de dejarse llevar por comportamientos populistas, basados en la defensa de unos intereses personales y en el uso falaz y tendencioso de argumentos sesgados. El texto tucidideo ofrece así un análisis de unos hechos lejanos que todavía puede ser útil hoy en día. No en balde, en los últimos tiempos se han publicado en la prensa inglesa llamadas desesperadas de académicos invitando a una lectura del texto tucidideo, para poder comprender la desastrosa espiral en la que se ha introducido la política británica. Para estos autores, Tucídides tendría que ser una lectura obligatoria al proporcionar una guía que, ante un panorama incierto, permitiría recolocar a los protagonistas y juzgar de manera adecuada tanto sus palabras como sus actos. Lo irónico es que Boris Johnson, como filólogo clásico formado en el Balliol College de Oxford, sin duda lo tiene presente. Hecho que, en este caso, no debería resultar demasiado tranquilizador, ya que pone de manifiesto hasta qué punto es plenamente consciente de los efectos de primar la ambición personal sobre el interés del conjunto de sus conciudadanos y hasta dónde es capaz de llegar para lograr, a través de los medios que sean necesarios, un brexit salvaje.
Finalmente, durante el otoño del 2017, los conocedores de la obra de Tucídides han tenido la ocasión de experimentar algo que nunca creyeron que llegarían a vivir en nuestro país y que pensaban que había quedado reservado a las más terribles páginas inciviles de nuestro pasado. Han sentido en propia carne cómo unas palabras escritas hace 2.500 años cobraban vida y les describían con aterradora exactitud la situación de discordia civil que se empezaba a vivir en Cataluña. En concreto, se trata del pasaje en el que Tucídides describe las luchas civiles que asolaron la ciudad de Corcira (III 82-85), lugar en el que se enfrentaron los partidarios de los atenienses, defensores de un régimen democrático, con aquellos que veían a los espartanos como sus salvadores (Orwin 1988). Hay dos textos que hablan por sí solos y que, aunque se escribieron para contar lo sucedido en Corcira, siguen sirviendo para describir magistralmente el proceder de los más extremistas, sean del bando que sean, ante una situación de crisis como la vivida en Cataluña. El primero trata sobre la subversión interesada de los valores y de los conceptos:
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