Fernando Vela - Ensayos

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Los ensayos recogidos en este libro son testimonio de los amplios intereses del escritor Fernando Vela. Abarcan la actualidad y la historia, la literatura y el arte, la política, la sociología, la filosofía, la ciencia… En ellos el autor somete los más diversos aspectos de la realidad humana a examen riguroso para ofrecernos nuevas formas de ver esa realidad.Vela publicó una mínima parte de su abundante producción escrita y quedaron al margen excelentes trabajos, que pueden encontrarse en este volumen.

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«En nuestros paseos por las calles de Madrid me había hablado Ortega muchas veces de la conveniencia —más bien, necesidad— de que España contara con una revista que pusiera a los lectores españoles al corriente de las nuevas ideas, los nuevos descubrimientos científicos, los nuevos hechos sociales que en aquellos años posteriores a la Primera Guerra Mundial comenzaban a transformar el mundo de la filosofía, de la literatura y las artes, de la economía y la ciencia y, como consecuencia, el mundo humano en general. […] Una tarde, a mediados de abril de 1923, subiendo por la calle de Alcalá, Ortega me dijo: “¿Y por qué no hemos de ser nosotros los que hagamos esa revista? Usted me ayudaría como secretario de redacción”. Yo era muy poco para tan grande y difícil empresa, pero al lado de la gran personalidad de Ortega me sentí con fuerzas para ese cometido auxiliar. […] Dos meses y medio después estaba en la calle el primer número»16.

No es preciso insistir aquí en la importancia que ha tenido para la cultura española la Revista de Occidente , aparecida en un raro momento de efervescencia artística e intelectual que contribuyó a hacer de ella una de las mejores publicaciones europeas de su tiempo. Sí conviene, en cambio, recordar que de todas las elecciones de Ortega concernientes a la revista, la más atinada fue la de su secretario de redacción. No sabemos qué habría sido de Revista de Occidente sin Fernando Vela, sin su dedicación plena y su «solícita laboriosidad de abeja»17, pero no es imposible que hubiera quedado un poco a medio hacer, como tantos otros proyectos orteguianos. Vela se preocupó por mantenerse al día de las principales novedades científicas y culturales, estuvo detrás de todas las decisiones importantes y compartió con Ortega la responsabilidad de elegir y rechazar colaboraciones. Los aciertos, a la vista está, fueron más que notables en cuanto a la promoción de nuevos nombres: la generación del 27, casi enteramente desconocida cuando empieza a publicar en la Revista , debe mucho al buen instinto de Vela. «Esta actividad —dice Valentín Andrés— proporcionó a Vela algunas merecidas satisfacciones; pero le ocasionó también los disgustos que nunca faltan al seleccionador de un grupo tan puntilloso como el literario. La Revista de Occidente fue la puerta de acceso por donde pasaron los nuevos de las capillas literarias al gran público, paso celosamente vigilado por el aduanero Vela»18. Su rigor selectivo suscitó protestas que fueron alimentando una injusta reputación de intransigencia. «Era curioso —escribiría muchos años después, recordando aquel periodo— que cuando se rechazaba algún trabajo se me atribuía únicamente a mí la decisión negativa, porque “si Ortega lo hubiera leído, habría reconocido su valor”, pero si era aceptado se debía exclusivamente al juicio de Ortega, sin intervención mía»19.

El esfuerzo que representa para Vela llevar adelante la Revista no le impide seguir dedicando tiempo a su obra escrita: los ensayos y artículos que van apareciendo en la prensa dan fe de esa laboriosidad. En 1924, el mismo año en que Revista de Occidente edita su primer volumen, los Cuentos de un soñador de Lord Dunsany, publica Vela en la Biblioteca de Deportes Calpe Fútbol. Association y Rugby , un reglamento deportivo firmado con el seudónimo F. Alonso de Caso. Pero no es este, al cubo , breve selección de ensayos aparecida en 1927 en Cuadernos Literarios, el que en rigor puede considerarse su primer libro. Vela compagina en esta fecunda etapa su actividad en Revista de Occidente , donde van apareciendo muchos de sus mejores ensayos, con la realizada en El Sol , hasta que en 1931 decide abandonar, con Ortega, el periódico por solidaridad con Nicolás María de Urgoiti, a quien ambos acompañarán en la sucesiva creación de los rotativos Crisol y Luz . No volverá Vela a El Sol hasta 1933, año en que el financiero catalán Luis Miquel compra el periódico, y será entonces para encargarse de su dirección: el más relevante cargo de su carrera periodística. En la primera plana del número de El Sol correspondiente al 16 de julio se anunciaba la noticia de su regreso en estos términos:

«Fernando Vela es seguramente quien ha escrito más artículos en nuestro periódico. Durante más de diez años, casi todos los editoriales políticos se escribieron con su pluma. La campaña por el advenimiento de la República, orgullo de El Sol , la llevó principalmente él en lo desconocido. […] Su actuación en nuestro periódico hizo que se le llamara a la Redacción misma, como articulista, en diciembre de 1920, y aquí empieza su labor anónima y formidable de once años».

La PEN Colección publica en 1934 su segundo libro de ensayos, El futuro imperfecto . Vela se encarga por entonces de la dirección del Diario de Madrid y sucede a Manuel García Morente en la de la editorial Revista de Occidente, donde han ido apareciendo sus traducciones: Lo santo de R. Otto y El mundo del hombre primitivo de F. Graebner, en 1925; El realismo mágico de F. Roh y El realismo crítico de A. Messer, en 1927; Kierkegaard , de H. Höffding, en 1930, y Rousseau , del mismo autor, en 1931; a las que seguirán Lo que pasa en Francia en 1831 , de H. Heine e Historia de la civilización en Europa , de F. Guizot, ambas de 1935, y Panfletos políticos 1816-1824 , de P. L. Courier, en 193620. En los últimos dieciséis años, Vela ha seguido una extraordinaria trayectoria, acorde con su deseo de una vida más activa. Pero muy pronto la guerra civil va a interrumpirlo y desconcertarlo todo.

Las circunstancias que llevaron a Vela a abandonar España fueron en parte descritas en su artículo «Después de una lectura de Dostoyewski», último de los muchos que redactó para Revista de Occidente . Aludía allí a las dificultades sufridas en Madrid a poco de estallar la guerra, pero lo cierto es que ni en la zona republicana primero, ni luego en la nacional, anduvo Vela muy seguro de su suerte. Del ambiente enrarecido del Madrid republicano recordaba el estado de inquietud en que vivió hasta que ciertas amenazas, que poco tuvieron que ver con su moderada posición ideológica y mucho con malquerencias y resentimientos personales, hicieron aconsejable buscar refugio. En el Consulado General de Haití lo halló durante casi un año, y en noviembre de 1937 cruzaba la frontera francesa para entrar acto seguido por Irún en la zona nacional y establecerse luego un tiempo en San Sebastián. No se resolvieron entonces los problemas de Vela: fue denunciado en Irún, y en San Sebastián tuvo que vivir casi clandestinamente, al amparo de su familia. Un pasado de afinidad ideológica con empresas intelectuales vinculadas al republicanismo moderado (en Gijón había sido presidente de las Juventudes Reformistas, aunque no llegara a ingresar en la Agrupación al Servicio de la República) y sus precedentes colaboraciones en la prensa favorable a Manuel Azaña pudieron ser la causa de las suspicacias que le costaron la pérdida del cargo en la Dirección General de Aduanas21. Así las cosas, aceptó trabajar con el empresario y crítico taurino de ABC Gregorio Corrochano en la creación de un periódico en Tánger, y en 1938 abandonó el país con destino a la ciudad norteafricana. Se iniciaba un breve exilio —duraría hasta 1943— y una mucho más larga y fecunda actividad periodística en España de Tánger, la cual sólo se concluiría con la muerte de Vela.

En 1937, el alto comisario de España en Marruecos y futuro ministro de Asuntos Exteriores Juan Beigbeder había encargado a Corrochano la fundación, en Tánger, de un periódico que contribuyera a la difusión de la propaganda franquista durante la guerra. El 25 de octubre de 1938 aparecía el primer número con las cartas en regla para llevar a cabo su misión ideológica. Pero España de Tánger no iba a limitarse a ser un vocero más del Movimiento. Corrochano acertó a consolidar en breve tiempo un rotativo capaz de difundir noticias que difícilmente hubieran podido hallar espacio en otros periódicos nacionales, como lo eran las concernientes a los avances de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial. España se propuso, además, aproximarse al nivel de la mejor prensa de la etapa precedente, para lo cual no tuvo Corrochano ningún reparo en solicitar la colaboración de prestigiosas firmas provenientes de las filas republicanas. En España de Tánger continuarían su labor, por lo común bajo obligado seudónimo, periodistas nada afectos al régimen, como Juan Manuel Vega Pico, que había sido redactor de Avance , o los procedentes del clausurado El Sol , José Luis Moreno, Jaime Menéndez y Juan Antonio Cabezas. Además, Corrochano tuvo la fortuna de contar desde el primer momento con el apoyo de Fernando Vela.

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