El Libro Blanco, publicado en noviembre de 1973 para contrarrestar las noticias que ya circulaban sobre la represión posgolpe en el extranjero, se presenta a sus lectores como un recuento honesto y transparente desde su mismo título. El libro, escrito a varias manos por militares, civiles chilenos (incluido el historiador Gonzalo Vial) y al menos dos oficiales de la CIA, comienza con una instructiva nota firmada por la Secretaría General de Gobierno (la Junta Militar)12: «La verdad sobre los eventos en Chile ha sido deliberadamente distorsionada ante el mundo. Aquellos que, desde dentro, arrastraron al país hacia la ruina económica, social e institucional [...] y aquellos que, desde fuera de Chile, colaboraron activamente en la catástrofe, han conspirado para ocultar y falsificar esa verdad»13. Esta verdad que el Libro Blanco establece (o construye) está cuidadosamente avalada por «documentos». Además del «Plan Z», el apéndice con «Documentos secretos» incluye fotocopias de mapas, diagramas, minutas y cartas, listados varios, copias de depósitos, etc.; el libro incluye también varias fotografías. La primera foto muestra a los integrantes de la junta sentados alrededor de una mesa, trabajando; las diez fotos siguientes, todas reproducidas en páginas consecutivas en la primera parte del libro, se centran en un mismo motivo: la amenaza armada de la Unidad Popular. En una foto aparece un «cubano vestido con traje guerrillero» enseñándole a Allende a usar artillería; cuatro fotos muestran artillería pesada y liviana, decenas de armas supuestamente encontradas en la casa de Allende en Tomás Moro y en otros lugares de la ciudad; una foto muestra partes blindadas de un vehículo; una foto enfoca fajos de billetes, dinero supuestamente robado por los «jerarcas del régimen» («cientos de escudos y cientos de miles de dólares», según indica el pie de foto); otra foto centra en primer plano un silenciador de pistola, «típico accesorio de gánster», de acuerdo al opinante pie de foto. El Libro Blanco debe convencer a su público lector de que los hechos presentados son verdaderos e indiscutibles, y para eso construye un cuidadoso montaje de texto e imágenes. Así, el libro parece decir: «Miren, estos son los hechos… en caso de que quede alguna duda, ahí están los documentos y la evidencia visual para corroborarlos».
El Libro Blanco no es una rareza. Desde fines de 1973, la junta y sus civiles aliados editaron y publicaron varios libros con un doble objetivo: limpiar la imagen de los militares en el extranjero y fortalecer el sentimiento antiallendista, antimarxista y antisoviético dentro de Chile. Libros como La experiencia socialista chilena: Anatomía de un fracaso y Nuevo amanecer. Tres años de destrucción (publicado en español, inglés y francés) hacen copioso uso de fotografías14. En 1974, el Departamento de Psicología de la División de Relaciones Humanas de la Secretaría General de Gobierno preparó un documento que detallaba un «plan de penetración psicológica masiva». El objetivo de dicho plan era «destruir la doctrina marxista». La recomendación principal era utilizar formas de comunicación simples y directas que transmitieran equivalencias tales como: «Marxismo = violencia = escasez = escándalo = angustia = peligro de muerte [...] Junta Militar = factor terapéutico = bienestar = solución a problemas = progreso = patria»15. El montaje directo y sin matices de Chile Ayer Hoy, publicado en 1975, nos sugiere que sus autores (probablemente personal de la División Nacional de Comunicación Social, DINACOS) intentaron aplicar al pie de la letra las recomendaciones señaladas en el plan de penetración psicológica masiva16. Quizás no haya libro más llamativo y más descaradamente directo en su intento por generar oposición entre un «nosotros» chileno y un «otros» marxista (léase: no patriótico, no chileno) que Chile Ayer Hoy. Ya que el objetivo es presentar este antagonismo de la manera más clara posible, la narrativa se construye casi exclusivamente a partir de fotografías.
En el libro, las imágenes de «ayer» y de «hoy» aparecen reproducidas en páginas opuestas y contextualizadas por pies de foto que expresan ideas antagónicas o incompatibles: violencia y paz, bien y mal, comunismo y moralidad, escasez y abundancia, terrorismo y normalidad, caos y orden, protestantes y estudiantes, activistas comunistas y jóvenes, extremistas y ciudadanos, etc. Las imágenes de «ayer» aparecen reproducidas en el lado izquierdo sobre fondo negro; las imágenes de «hoy» aparecen en el lado derecho sobre fondo blanco. El mensaje antitético expresado en el montaje es reforzado por los textos que acompañan las fotos, todos escritos en español, inglés y francés.
Figura 0.3. Páginas interiores de Chile Ayer Hoy, dos imágenes de jóvenes de «ayer» (activistas) y de «hoy» (estudiantes). Blanco y negro. Editora Nacional Gabriela Mistral.
Archivo personal de Jorge Gronemeyer (Taller Gronefot).
El argumento central de Chile Ayer Hoy es que «ayer» las y los chilenos vivían bajo la influencia soviética, las manifestaciones comunistas eran recurrentes, las y los estudiantes no estudiaban y la gente no podía comprar nada porque el comercio siempre estaba cerrado; en el Chile de «hoy», en cambio, la gente es feliz porque sí puede comprar, las y los estudiantes estudian, las y los trabajadores trabajan y la ciudad está en calma (el campo está conspicuamente ausente de toda la narrativa) (ver figura 0.3). La imaginería usada en esta formulación es bastante limitada, lo que queda evidenciado sobre todo en la última parte del libro. En esta sección aparecen reproducidas en ambos lados de la página diferentes armas (pistolas, rifles, cañones) enfocadas en primeros planos. Tal como en el Libro Blanco, la idea de la amenaza comunista aparece expresada en el montaje fotográfico como violencia armada. Las fotos, la mayoría organizadas y presentadas sobre el mismo fondo negro, están acompañadas por pies de foto aclaratorios que indican: «Armas para adoctrinar», «Armas para destruir Chile», «Armas enviadas desde Moscú a Chile para matar a chilenos» (ver figura 0.4). El motivo de la amenaza armada (y de la ayuda soviética y cubana) es predominante en el Libro Blanco, en Nuevo amanecer y en Chile Ayer Hoy: los tres libros condenan la supuesta existencia de estas armas usando las mismas fotos. Parece superfluo tener que recalcar lo paradójico que resulta esta insistencia, pero lo hago de todos modos: nunca en la historia del territorio llamado Chile se desplegaron y se usaron tantas armas en el espacio público como durante esos primeros años de la dictadura, ese «hoy» que Chile Ayer Hoy celebraba y justificaba con tanto empeño.
Figura 0.4. Páginas interiores de Chile Ayer Hoy. Cuatro imágenes que muestran armas. Blanco y negro. Editora Nacional Gabriela Mistral. Archivo personal de Jorge Gronemeyer (Taller Gronefot).
Además de producir sofisticadas publicaciones para diseminar propaganda antimarxista y fomentar el sentimiento de apoyo a la Junta Militar, el régimen dictatorial fue persistente en su intento por desacreditar los esfuerzos de denuncia y de protesta. Desde muy temprano y por todos los medios posibles, la dictadura intentó opacar, desactivar y anular las numerosas demandas presentadas ante la justicia, referidas a arrestos, actos de tortura y secuestros. La infame Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) y la Oficina de Asuntos Públicos de la Secretaría General de Gobierno, dirigida por el civil Álvaro Puga, se encargaron de montar complejas campañas de desinformación, encubrimientos y montajes. Con este fin trabajaron en complicidad con medios de prensa oficialistas y, en ocasiones, con servicios de inteligencia y medios de prensa internacionales17. Un encubrimiento notorio a este respecto fue la Operación Colombo, cuyo intricado montaje comunicacional tenía como objetivo específico ocultar la desaparición de ciento diecinueve presos políticos (la mayoría militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR). Aunque todos ellos contaban con recursos de amparo que entregaban suficientes datos e indicaban incluso «la dirección de la cárcel secreta donde se les vio por última vez con vida», el montaje, avalado por el Ministerio de Justicia, buscaba también desacreditar de una vez por todas las persistentes demandas sobre desapariciones forzadas18. En este montaje de alcance internacional confabularon varios servicios de inteligencia, los medios de prensa El Mercurio, La Segunda, Las Últimas Noticias y La Tercera en Chile, O’Dia en Brasil y la revista Lea en Argentina. Luego de publicar diferentes noticias que iban dando información relativa a los movimientos de «ciento diecinueve guerrilleros» o «extremistas» en diferentes partes de Argentina, el 24 de julio de 1975 los medios de prensa involucrados anunciaron que estos ciento diecinueve militantes, apresados y torturados por la DINA entre 1974 y 1975, habían muerto producto de pugnas internas en un enfrentamiento en Salta, Argentina19.
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