Delaroche condujo por la carretera de la costa y aparcó a unos doscientos metros de la granja, en un mirador con vistas al mar. De la chimenea de la casa salía una columna de humo que el viento disipaba. Permaneció allí sentado, comiendo pan y queso, fumando, observando la granja y el batir de las olas contra las rocas. Una vez vislumbró su cabello azabache en una de las ventanas.
Pensó en la última cosa que Michael Osbourne le había dicho aquella noche en Shelter Island. «Merece lo peor -había espetado-. Merece morir.» Osbourne era un hombre demasiado decente, demasiado virtuoso para condenar a Monica a muerte, pero Delaroche creía saber lo que anidaba en el corazón de Michael en aquel momento. Era un pequeño favor para recompensar a Michael por haberle dado la libertad. De hecho, disfrutó bastante, pues Monica era una de las personas más ofensivas que había conocido jamás. Y además… le había visto la cara.
Rebecca salió a la terraza con los brazos cruzados bajo el pecho para contemplar la puesta de sol. ¿Querrá verme?, se preguntó Delaroche. ¿O querrá que me mantenga alejado para poder olvidarlo todo? Lo más fácil sería dar media vuelta y olvidarla. Regresar a Lisboa, a su trabajo. Aceptar la oferta del galerista y exponer sus cuadros.
Puso en marcha el motor. El sonido lejano impulsó a Rebecca a volver la cabeza y deslizar la mano bajo el jersey. Era por vivir escondida, pensó Delaroche. Continuos sobresaltos, alargar la mano hacia el arma. Conocía muy bien la sensación.
Rebecca mantuvo la mirada clavada en el coche durante largo rato, y por fin sus labios se curvaron en algo parecido a una sonrisa. Se volvió de nuevo hacia el mar y esperó a que Delaroche fuera a ella. Delaroche puso la primera y se dirigió hacia la casa.
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* Peep O'Day Boys significa «Los Muchachos del Amanecer». ( n. de la T.)
*Véase La marca del asesino en esta misma colección. (N. del E.)
*Los británicos suelen referirse con este nombre a los grandes almacenes Marks & Spencer. (N. de la T.)