Boris Vian - Vercoquin y el plancton

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Vercoquin empieza con una surprise-party y termina con otra, por eso en la parte central se recorren hasta el mareo las estupideces y repeticiones de las oficinas del C.N.U. (Consortium Nacional de la Unificación) Nada menos parecido sin embargo a la mala costumbre de la autobiografía. El lenguaje burbujea con la velocidad del chisteo la genialidad. Se demuestra además que Vian fue el Otro Lado del existencialismo: si bien conversaba en los cafés con Sartre, entre el Ser y la Nada, no elegía nada.

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Los asistentes, casi la mitad cabeceaba, no seguían la discusión.

– A mi vez me permito recordar -dijo Fromental después de haber pedido la palabra con un gesto-, que en ningún caso, los miembros o los ingenieros del Consortium pueden sustituir a dichas Comisiones técnicas.

Envolvió al Mayor con una mirada tan venenosa que la montura de ebonita de su quevedo quedó corroída en tres partes. La punta del lápiz de Zizanie, por rebote, se rompió de un golpe.

Un sudor frío y maloliente cubría las sienes de Miqueut. La situación era crítica. Y el Mayor se levantó. Paseó sobre la asamblea una mirada de gemelos monoculares y habló en estos términos:

– Señores, soy el Mayor. Soy ingeniero en el C.N.U. y autor del proyecto SP Nº I.

Fromental ganaba.

– El proyecto SP Nº I -prosiguió el Mayor-, representa un trabajo considerable.

– Esa no es la cuestión -interrumpió Requin, exasperado por esas palabras.

– Entonces -continuó el Mayor:

lº Cuando lo empecé aún no era ingeniero en el C.N.U. Lo testimonia el informe de la visita que hice al señor Miqueut, clasificado en legajo SP.

2º Fui asistido en la elaboración de este proyecto por un representante de los consumidores y de los productores, que organizaban surprise-parties para participar. Es decir, la Comisión técnica aunque reducida, también se formó.

3º Le señalaré respetuosamente al señor Delegado General del Gobierno que el documento SP Nº I está establecido de acuerdo con el plan Nothon.

La mirada del Delegado echó chispas.

– ¡Muy interesante! -dijo-. Veamos un poco.

Y fue absorbido por la lectura del documento. Grandes suspiros de esperanza henchían el pecho de Miqueut y se escapaban en lentas volutas de su boca entreabierta.

– Este estudio -dijo el Delegado levantando la cabeza-, me parece perfecto y desde todo punto de vista de acuerdo con el plan Nothon.

Los miembros de la Comisión, con la mirada perdida en ensoñaciones lejanas seguían inmóviles, bajo el encanto que destilaba la dulce voz del Mayor.

La atmósfera se densificaba y se separaba en ráfagas torcidas y ligeramente onduladas.

– Y bien, ya que no se hizo ninguna observación, pienso, señor Presidente -dijo el Delegado-, que se puede enviar este proyecto a la Consulta Pública sin modificaciones. Además su disposición de acuerdo con el plan Nothon hace la lectura especialmente cómoda.

Fromental se mordió tan fuerte el labio inferior que sangró como un tapir.

– Señor Delegado -terminó el Presidente, apurado por ir a encontrarse con su amiga en un bar tilingo-, soy de su mismo parecer y creo que nuestro orden del día está agotado. Señores, sólo me queda agradecerles su atención. Podemos levantar la sesión.

Las palabras "levantar la sesión" tenían una resonancia mágica y en ciertas condiciones operativas favorables lograban despertar a los Inspectores generales. El Delegado se quedó en un rincón con Miqueut.

– Este proyecto es excelente, señor Miqueut, pienso que usted ha tenido algo que ver…

– Por Dios -dijo Miqueut sonriendo con modestia, lo que era menos peligroso porque sus dientes quedaban tapados-… ha sido redactado por mi adjunto el señor Loustalot…, en suma…

Pasado el peligro, volvió a respirar.

– Ya veo -dijo el Delegado-. Siempre modesto, señor Miqueut… lamento haber provocado la discusión de recién ya que no tenía fundamento, pero me llegan tantos documentos que jamás tengo tiempo de leerlos, y las indicaciones de Vercoquin -que es un debutante y en consecuencia, rígido y disculpable- me habían parecido… en fin, el incidente está terminado. Hasta luego, señor Miqueut.

– Hasta luego, señor, buenas, y muchas gracias por su amabilidad… -dijo Miqueut, la nariz levantada, sacudiendo como un ciruelo la mano del Delegado que se alejaba seguido por un Fromental exangüe-. Hasta luego, señor Presidente, buenas… Hasta luego, señor… Hasta luego, señor…

La sala se vació lentamente. El Mayor esperó que todo el mundo saliera, luego imitó el paso de su jefe y volvió al sexto piso del Consortium.

Capítulo VIII

– A pesar de todo tenía muy mala cara -dijo Zizanie con olor a piedad en la voz.

Era la tarde del mismo día. El Mayor y su muchacha estaban en el antro de Miqueut que había bajado para la malilla. Había ganado la batalla y esperaba sacar partido. Todo le hacía creer que Miqueut, de buen grado o por fuerza, sabría reconocer sus méritos. Por lo tanto, en ese momento Fromental le importaba poco.

– ¡Tiene lo que se merece! -dijo-. Eso le va a enseñar a hacerme líos a ése.

Las expresiones de indostán con las cuales esmaltaba sus discursos eran una inagotable fuente de encanto para Zizanie.

– No seas tan severo, mi amor -dijo-. Deberías reconciliarte con él. Después de todo es un SP.

– Yo también -dijo el Mayor-, y soy mucho más rico que él.

– Eso no significa nada -dijo Zizanie-. Todo esto me entristece. En el fondo es bueno.

– ¿Qué sabes? -dijo el Mayor-. ¡En fin! No quiero negarte esto. Hoy mismo voy a invitarlo a almorzar. ¿Estás contenta, ahora?

– Pero son las tres… Ya almorzaste…

– ¡Justamente! -terminó el Mayor-. Así veremos si quiere reconciliarse.

Fromental, consultado por teléfono, aceptó inmediatamente. Él también estaba apurado por que reventara el absceso.

El Mayor lo citó en su Milk-bar de costumbre para las tres y media. Llegaron juntos a las cuatro.

– ¡Dos triples himalayas de cien balas! -pidió el Mayor en la caja, alargando los tickets de pago y el dinero necesario.

Fromental quiso pagar su parte pero el Mayor lo fulminó con una mirada. Una chispa brilló entre su mano izquierda y el embaldosado, y se secó con un pañuelo de seda.

Se sentaron en los altos taburetes revestidos de moleskine y empezaron a degustar sus helados.

– Creo que será más cómodo tutearnos -dijo el Mayor de buenas a primeras-. ¿Qué haces ahora?

La pregunta chocó a Fromental.

¡Eso no te interesa! -respondió.

– No te hagas el malo -continuó el Mayor torciéndole la muñeca izquierda con una habilidad consumada-. Dilo.

Fromental largó un grito estridente que se esforzó en hacer pasar por un ataque de tos cuando se sintió objeto de la curiosidad general.

– Hago versos -confesó al fin.

– ¿Te gusta eso? -preguntó el Mayor asombrado.

– Lo adoro… -gimió Fromental levantando los ojos al techo con aire extasiado mientras su nuez de Adán subía y bajaba como un ludión.

– ¿Te gusta eso? -dijo el Mayor y recitó:

Et les vents malaisés bredouillaient leur antienne

Aux bonds mystérieux du mort occidental

– ¡Inaudito! -dijo Fromental, poniéndose a llorar.

– ¿No lo conocías? -preguntó el mayor.

– ¡No! -dijo Fromental sollozando-. Sólo he leído un volumen desparejo de Verhaeren.

– ¿Eso es todo? -preguntó el Mayor.

– No me pregunté si había otros… -confesó Fromental-: No soy curioso y me falta un poco de iniciativa, pero te detesto… Me has robado mi amor…

– ¡Muéstrame qué has hecho últimamente! -ordenó el Mayor.

Fromental saco tímidamente un papel del bolsillo.

– ¡Lee! -dijo el Mayor.

– ¡No me animo!…

– ¡Entonces lo leeré yo mismo! -dijo el Mayor, que se puso a declamar con una voz magníficamente timbrada:

LAS INTENCIONES FENOMENALES

El hombre escribía, en su escritorio,

Apurado, lleno de rabia estéril.

Escribía, el rasguido de su pluma

Devanaba el hilo de las palabras inmóviles,

Y cuando la página estuvo llena

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