Eduardo Lago - Llámame Brooklyn

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Una historia de amor, amistad y soledad. Un canto al misterio y el poder de la palabra escrita.
Un periodista del New York Post recibe la noticia de que su amigo Gal Ackerman, veinticinco años mayor que él, ha muerto. El suceso le obliga a cumplir un pacto tácito: rescatar de entre los centenares de cuadernos abandonados por Ackerman en un motel de Brooklyn, una novela a medio terminar. El frustrado anhelo de su autor era llegar a una sola lectora, Nadia Orlov, de quien hace años que nadie ha vuelto a saber nada.
Llámame Brooklyn es una historia de amor, amistad y soledad, es un canto al misterio y el poder de la palabra escrita. Una novela caleidoscópica en la que, como en un rompecabezas, se construye un artefacto literario insólito en la tradición literaria española.

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Doce . NÉSTOR

Se volvió loco por ella…

Frank iba a añadir algo cuando Alida colgó el teléfono y acercándose desde el fondo de la barra, le susurró unas palabras al oído. El gallego asintió y esperó a que la camarera se alejase para terminar la frase.

…literalmente. No hay manera más exacta de decir lo que le pasó, Ness. Se volvió loco por ella.

Le dio un sorbo al zumo de arándanos y añadió:

Es mejor que hablemos en el despacho. Por cierto, que tengo una sorpresa. No sé si te he dicho que Larsen está aquí. Su barco acaba de llegar de La Habana.

Entramos en su oficina y encendió una lámpara de pie. Encima del escritorio había una caja de Cohibas.

Siempre que Larsen hace escala en Cuba, se acuerda de su amigo Frankie Otero. Un detalle. Claro que yo tampoco lo trato mal a él. ¡Víctor! exclamó de repente.

Buen día, jefe, dijo su ayudante, que acababa de aparecer en el umbral.

Mira lo que nos disponíamos a probar en este mismo instante. ¡Parece que los hueles! Anda, pasa.

El puertorriqueño me saludó con una inclinación de cabeza y situándose por detrás de Otero, se apoyó contra la pared, como si fuera su guardaespaldas. Frank desgarró el precinto e hizo saltar el cierre de latón con los pulgares.

Abre la ventana, hazme el favor, dijo volviéndose hacia él. Que corra un poco el aire.

El mulato subió la persiana y empujó los postigos, dejando al descubierto una pared de ladrillo, cubierta de moho y humedad, acribillada de cables y tuberías. La luz que llegaba del patio interior era tan escasa que Frank dejó encendida la lámpara de pie. Levantó cuidadosamente la tapa de madera y entornando los ojos, aspiró el aroma que desprendía el interior del cofre. Palpó la primera capa de cigarros y comprobando su textura con satisfacción, eligió uno y me lo ofreció.

Te lo agradezco, Frankie, dije, pero sería un desperdicio. No sabría apreciarlo.

No me entra en la cabeza que nadie que perciba este olor no sucumba instantáneamente a la tentación de fumar. En fin, tú te lo pierdes.

Se oyó el chasquido de un mechero. El diente de oro de Báez destelló en la penumbra. Frank acercó el cigarro a la llama que le tendían. Arrastrado por la fuerza de sus pulmones, el fuego penetró entre los pliegues de la hoja de tabaco enrollada, formando un círculo de brasas vivas en la punta. Una nube de humo azul envolvió la silueta de Frankie Otero, deshaciéndose a continuación en láminas que la corriente arrastraba hacia al patio a través de la ventana abierta.

Víctor, ¿por qué no te acercas por Astoria y le echas un vistazo al Cámaro de Raúl? No sé qué cojones le pasa que esta mañana no ha conseguido arrancarlo. Me lo acaba de decir y como por aquí no hay nada que hacer hasta media tarde, se me ha ocurrido que le podías echar una mano. Y no pongas esa cara, que Frankie no se va a olvidar de ti. Anda, toma uno de éstos y llévale otro a mi hijo.

No tenía por qué, jefe, pero se agradece el detalle.

Se guardó los dos puros en el bolsillo superior de la chaqueta y dirigiéndose a mí, añadió:

Cójalo suave, Chapman.

Y desapareció.

Frank le dio una calada de tanteo a su Cohiba.

¿Por dónde quieres que empiece? farfulló, saboreando el humo.

Me he tropezado con una laguna en los cuadernos y tengo dificultades para reconstruir la parte de la historia en la que estoy trabajando. No sé si es que se ha perdido el material o si Gal se deshizo a propósito de él, el caso es que aunque he detectado algunas pistas, me da la sensación de que he entrado en una zona nebulosa. De todos modos no te creas, aunque hay cabos sin atar, por primera vez desde que me instalé en el Archivo, tengo la impresión de que Brooklyn , la novela que tenía Gal en la cabeza, está empezando a cobrar forma.

¿A qué parte de la historia te refieres?

A la época en la que están los dos en Brighton Beach. La pista se pierde en seguida.

¿Y qué quieres que haga yo?

La verdad es que no lo sé. Hablar. Contarme cosas que recuerdes. Seguro que sale algo.

No creas, entonces apenas si lo conocía. En fin, haré lo que pueda.

¿Cuándo apareció exactamente por el Oakland?

Justo un año después de cuando dices. En el 74. Solía venir por las tardes. Lo recuerdo sentado en un rincón, escribiendo delante de un vodka con naranja, sin hablar con nadie. La segunda o tercera vez que lo vi, me acerqué a su mesa, le dije que era el dueño del local y le invité a una copa.

¿Solía venir con Nadia?

Casi nunca. La primera temporada, antes de que se fueran de viaje, debí de verla tres o cuatro veces en total. Muchas noches Gal no paraba por su cuarto. Me imagino que se quedaría en Brighton Beach.

¿De qué viaje hablas? En los cuadernos no hay viaje que valga. ¿Adonde fueron?

A varios sitios. Pero en concreto aquella vez fueron a Oaxaca. Gal fue allí más de una vez. Le encantaba.

¿A Oaxaca?

Había pasado allí largas temporadas, antes de conocerla a ella. Por el idioma, más que nada. Estuvo en otras partes de América Latina, pero Oaxaca le gustaba de manera especial porque tenía muy buen clima todo el año y porque estaba lleno de apátridas, y Gal se sentía a gusto entre ellos. Solía decir que eran la única gente que le gustaba, pero sobre todo, lo hacía por el idioma. ¿Nunca te habló de eso?

¿Por el idioma?

Para él era muy importante mantener vivo el español. Era su único vínculo con el pasado. ¿En serio que nunca te habló de eso?

No.

¿Y a ti no te extrañó que hablara sin acento?

Como tantos, como tú, como Raúl, que nació aquí y después de cuarenta años en Brooklyn parece que acaba de llegar de Galicia. Algunas veces, oyéndoos hablar a los americaniards pienso que habéis conservado una manera de hablar que se ha perdido en España. Claro que también es verdad que el caso de Gal era distinto, sus padres adoptivos eran americanos y su primer idioma, el inglés, el único que oyó desde pequeño…

Perdona, pero el único no, y puede que tampoco el primero.

¿Qué quieres decir?

¿Entonces tampoco sabes nada de Leonor?

(A falta de una madre de carne, leche, sangre y hueso, le salieron dos, dijo Frank, pensativo. Le resultaba extrañísimo que Gal no me hubiera hablado nunca de aquella mujer. Le tuve que recordar que cualquiera que le oyera hablar así, pensaría que Gal y yo habíamos sido amigos íntimos, cuando la verdad es que lo estaba empezando a conocer cuando se murió. Aparte de que había jugado un papel crucial en la formación de Gal, Frank no sabía gran cosa de la tal Leonor. Ni siquiera cómo se apellidaba, sólo que era de Salamanca, hija de unos republicanos que recalaron en Nueva York, después de haber pasado una temporada exiliados en México, profesores, creo. Se hicieron muy amigos de Ben y Lucía e iban a su casa a todas horas. Parece ser que Gal adoraba a aquella chica.)

Fue idea de Lucía, que era la lingüista de la familia; hablaba cuatro o cinco idiomas, incluido el catalán, que había aprendido antes de alistarse en las Brigadas Internacionales. Gal me contó que fue Lucía la que puso tanto empeño en que Gal hablara perfectamente el español, y desde muy niño lo mandó a la pasantía de Leonor. Leonor había sido maestra nacional en Salamanca, en tiempos de la República, y llevaba la vocación de enseñar en la sangre. Daba clases particulares a hijos de emigrantes y exiliados españoles.

¿Vive todavía? Me gustaría hablar con ella.

Se volvió a México, no sé exactamente cuándo. Me suena que Gal incluso fue a verla alguna vez. No estoy seguro de dónde lo he sacado, pero tengo la idea de que ha muerto. Ness, lo siento, si supiera más te lo diría. Bueno, sí, la vi una vez.

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