Eduardo Lago - Llámame Brooklyn

Здесь есть возможность читать онлайн «Eduardo Lago - Llámame Brooklyn» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Llámame Brooklyn: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Llámame Brooklyn»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Una historia de amor, amistad y soledad. Un canto al misterio y el poder de la palabra escrita.
Un periodista del New York Post recibe la noticia de que su amigo Gal Ackerman, veinticinco años mayor que él, ha muerto. El suceso le obliga a cumplir un pacto tácito: rescatar de entre los centenares de cuadernos abandonados por Ackerman en un motel de Brooklyn, una novela a medio terminar. El frustrado anhelo de su autor era llegar a una sola lectora, Nadia Orlov, de quien hace años que nadie ha vuelto a saber nada.
Llámame Brooklyn es una historia de amor, amistad y soledad, es un canto al misterio y el poder de la palabra escrita. Una novela caleidoscópica en la que, como en un rompecabezas, se construye un artefacto literario insólito en la tradición literaria española.

Llámame Brooklyn — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Llámame Brooklyn», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Ah, pues eso es un detalle importantísimo.

Fue algo muy fugaz.

¿Y dónde la viste?

Aquí, en el Oakland.

¿En el Oakland?

Se presentó con Lucía. La única vez que la vi, por cierto. Venían a ver a Gal, que atravesaba una mala racha. Una de esas temporadas que se encerraba a cal y canto en el estudio y no quería saber nada de nadie. En un momento en que Gal se quedó a solas con su madre adoptiva, Leonor me contó anécdotas de cuando Gal iba a su pasantía. Lucía tenía tanto empeño en que hablara español que incluso retrasó su ingreso en la escuela primaria.

Háblame un poco más de todo eso.

Querían que Gal aprendiera a leer y escribir en español antes que en inglés. Por supuesto, el inglés lo hablaba a la perfección, pero gracias a Leonor su relación con el castellano nunca perdió su origen vivíparo, como le gustaba decir a Gal. Después de empezar el colegio siguió yendo a pasantía, un par de horas diarias por las tardes, de modo que nunca llegó a perder el contacto con el castellano. Y cuando a los 14 años Ben y Lucía le contaron la verdad acerca de sus orígenes, la cuestión del idioma cobró una importancia inusitada. A partir de ahí no necesitó que nadie le empujara, siguió fomentando el español por su cuenta. Aparte de que era lo único que lo mantenía unido a España, siempre decía que era el más hermoso de los idiomas naturales, y dominarlo a la perfección era para él una obligación además de un privilegio. Por eso iba tanto a México, e incluso alguna vez a Centroamérica, y por eso se hizo traductor, y por eso era tan importante para él escribir en español… Y por supuesto leer, ya has visto la colección que tiene de los clásicos castellanos…

(…Escribía en los dos idiomas, pero era evidente que se sentía más cómodo haciéndolo en inglés. Pese a ello, no he encontrado ningún escrito juvenil, ni en inglés ni en español. La única alusión a una publicación es cuando cuenta que hizo frente a los honorarios de la agencia Clark con lo que le pagaron en Atlantic Monthly . Aunque lo he intentado, no he conseguido localizar el cuento. Cuando hablé con la secretaria de redacción me dijo que lo más probable es que lo publicara bajo seudónimo. El relato no lo mandó él a la revista, fue su amigo Marc Capaldi. En cuanto a los cuadernos, el noventa y nueve por ciento está en castellano. Hay un puñado de anotaciones marginales en inglés, en total no suman ni quince páginas; claro que del material que hizo desaparecer, no hay manera de dar cuenta. Donde sí he encontrado cosas en inglés es en el Archivo de Ben, y luego están los escritos que le pasaba a Louise Lamarque. También hay algunos textos sueltos, como la semblanza de Lérmontov, pero eso queda fuera de la órbita de Brooklyn . La incógnita es cuánto material habría destruido antes de morir. Me da la sensación de que cuando supo que se le acercaba el final, aceleró el proceso de destrucción, sobre todo de los originales en inglés, aunque de esto, como de tantas otras cosas, no estoy completamente seguro…)

El rostro de Frank había vuelto a desaparecer tras una cortina de humo.

¿Dónde estábamos? pregunté.

Gal me dijo que acababa de volver de Oaxaca, donde había pasado un par de meses con Nadia y quería saber si estaba libre alguno de los cuartos de arriba.

¿Se habían separado?

No sé si se puede hablar de separación, porque eso equivaldría a decir que rompieron algo, y ellos tenían una relación muy particular. Lo que sí te puedo decir es que a diferencia de los primeros tiempos, inmediatamente después del viaje, ella empezó a venir por el Oakland con más frecuencia. Cuando digo por el Oakland me refiero al estudio, el bar prácticamente no lo pisó. La situación se mantuvo así varios meses, tres o cuatro. Un día Nadia dejó de venir y Gal no tardó mucho en volverse a ir de Nueva York. Lo hizo sin dar explicaciones. Simplemente recogió sus cosas y se largó. Desapareció durante tanto tiempo, que de hecho yo estaba plenamente convencido de que jamás le volveríamos a ver el pelo, pero me equivoqué. Al cabo de un par de años, se presentó aquí, y me preguntó si me acordaría de él. La ocurrencia me hizo soltar una carcajada. Quería alquilar un cuarto, pero yo no tenía ninguno disponible. Entonces se me ocurrió la idea de ofrecerle el estudio de Raúl. Lo tenía reservado desde siempre para mi hijo, pero él no quería irse de casa. No había manera de echarlo. Hasta que le compré un piso en New Jersey y no le quedó más remedio que independizarse. A Gal el estudio le pareció perfecto para escribir. Ya nunca se iría de allí. Lo que más me llamó la atención fue que cuando volvió estaba muy envejecido, como si hubieran pasado diez años y no dos. Cuando se fue aún tenía aspecto joven, pero la persona que volvió era distinta. Quizá por eso me preguntó si lo reconocía. Era consciente de lo mucho que había cambiado y suponía que los demás también lo notaban. Y no era sólo el físico, también le había cambiado el carácter: se había vuelto más hosco y reservado; estaba mucho más metido en sí mismo que antes. Era como si se le hubiera evaporado la juventud. El Gal que volvió era un hombre maduro, más que eso, parecía alguien derrotado por la vida. Muy extraño.

¿Hablaba mucho de Nadia?

Iba por temporadas. La tenía siempre en la cabeza, eso sí. Había veces que se mostraba más locuaz, otras sin embargo, era reservado hasta lo enfermizo. Cuando me contaba cosas de ella, yo le escuchaba con cierta prevención. No es que pensara que mentía, Gal era incapaz de eso, sólo que transformaba los recuerdos, igual que transformaba la realidad. ¿No es eso lo que hacéis todos los escritores?

Ayer me acompañó a recoger unos libros que Marc había dejado para mí en The Mad Hatter . Cerca de allí, justo al lado de la cárcel, en la esquina de Boerum Place con Schermerhorn, vimos una aglomeración de gente delante de un edificio de aspecto muy austero. Junto a la puerta había una placa que decía:

FRIENDS MEETING HOUSE

Así es como los cuáqueros se denominan a sí mismos: amigos. Un individuo alto reparó en nosotros y se nos acercó: Si vienen al funeral de Alice Keaton, dijo con un fuerte acento eslavo, su hermano está ahora mismo recibiendo en el vestíbulo. Nadia y yo nos miramos a los ojos. Habíamos pensando lo mismo. Entramos. El hermano de Alice Keaton era pelirrojo, de unos cuarenta años. Llevaba traje negro, sin corbata. Una pareja que acababa de hablar con él le dio la mano, y subió por la escalera. Nadia y yo los seguimos. En el primer piso, al otro lado de una puerta de doble hoja, se veía una sala muy espaciosa, de forma cuadrangular y techos muy altos. Dos de las paredes tenían grandes ventanales que daban a un jardín interior. Las otras dos, de color blanco, estaban desnudas. Unos bancos de madera descendían hacia el fondo de la sala, como las gradas de un teatro. En el centro de la estancia había un atril con una Biblia, junto a un taburete de terciopelo rojo donde reposaba un estuche abierto con un violín dentro. Los asistentes fueron ocupando las gradas, sentándose de dos en dos o tres en tres, o individualmente, dejando bastante espacio entre sí. El hombre de negro recibía a los rezagados en la entrada. Cuando dejó de llegar gente, bajó a la primera grada y se sentó. Hacía un mediodía desapacible, de luz turbia.

Siguió un silencio ininterrumpido.

Me sobrecogió la manera de rendir homenaje a la memoria de la fallecida. Cuando se lo conté a Marc, me explicó que la obligación de observar silencio no es tajante; el que quiera puede levantarse y tomar la palabra, aunque aquel día no lo hizo nadie. Era un silencio subyugante, sólido, sin fin, y me costó trabajo adaptarme a él. Al contrario que yo, Nadia estaba serena, sentada al borde del banco, con la mirada perdida más allá de los cristales. En algún momento, por fin logré dejarme envolver por el silencio y perder la noción del tiempo. Sentía que flotaba dentro de mí mismo. Mi cabeza se desplazaba a otros lugares, arrastrándome a planos temporales diferentes. De cuando en cuando volvía en mí y miraba a Nadia. Seguía ensimismada. Al cabo de no sé cuánto tiempo, noté que le cambiaba el semblante. Frunció el ceño, como si hubiera tomado alguna determinación, se levantó y descendió hasta el centro de la capilla. Se dirigió hacia el lugar donde estaba el hermano de Alice Keaton y señaló el violín. El pelirrojo asintió. Afuera, había empezado a caer una lluvia fina, que salpicaba los cristales. Nadia extrajo el violín del estuche y tocó una melodía muy dulce, que parecía una prolongación del silencio. La gente no cambió de actitud, y cuando se apagó la música, fue como si, en efecto, el silencio no se hubiera interrumpido nunca. Cuando pasó junto a él, el hermano de Alice se levantó y le dio la mano. En lugar de volver a sentarse junto a mí, Nadia se dirigió hacia la salida y me esperó.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Llámame Brooklyn»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Llámame Brooklyn» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Llámame Brooklyn»

Обсуждение, отзывы о книге «Llámame Brooklyn» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.