Maruja Torres - Mientras Vivimos

Здесь есть возможность читать онлайн «Maruja Torres - Mientras Vivimos» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Mientras Vivimos: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Mientras Vivimos»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Premio Planeta 2000
Es una novela sobre mujeres de varias generaciones, sobre sus pasiones y sus dudas, sobre su forma de vivir y su lugar en el mundo. Premio Planeta 2000.
Es una gran historia de admiración y celos, de mentira y verdad, de odio y amor, de pérdidas y encuentros. Judit tiene veinte años y quiere ser como Regina Dalmau, novelista consagrada y próxima a la cincuentena, por la que siente una obsesión casi enfermiza. El día de Todos los Santos se dirige a su encuentro, convencida de que la escritora sabrá ver su talento para la literatura y la ayudará a abandonar el barrio proletario en el que ha crecido y del que reniega. Judit ignora que Regina, sumida en una grave crisis creativa, y víctima de un profundo desasosiego moral, no puede ni siquiera ayudarse a sí misma. La irrupción de la joven en la casa de la famosa novelista hará que ésta se enfrente a las verdaderas raíces de su doble crisis, y a su relación con Teresa, la mujer nunca olvidada que iluminó su pasado. La última lección de Teresa se prolongará más allá de su muerte, porque esta gran novela trata de la herencia que se transmiten las mujeres cuando se eligen unas a otras para tejer entre sí un vínculo más fuerte que la sangre.

Mientras Vivimos — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Mientras Vivimos», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

He de darme prisa, porque no sé cuánto tiempo me queda. Mi médico, el buen doctor Pons, dice que unos meses, Pero no me asegura en qué condiciones. Dijo lo peor. El cáncer está extendido y me tritura los huesos. Ha prometido darme morfina, así que no puedo entretenerme. La morfina embota el cerebro y no estoy segura de que alivie el dolor salvo que te den una dosis mortal.

Lo más difícil es despedirse de lo que se ama. Amé a tu padre, pero ni siquiera en los mejores momentos, al principio, cuando aún no te conocía, alimenté demasiadas esperanzas respecto a nuestro futuro. Albert siempre fue sincero conmigo y, aunque no lo hubiera sido, es tan diáfano. Yo tenía experiencia; él, no. Me refiero a la experiencia que surge de la reflexión sobre lo que se ha vivido y que induce a actuar Cuanto le ha ocurrido a tu padre, su tragedia, es una pieza inane, un drama tan de museo como esas Joyas suyas que abrillanta y pule, y vuelve a pulir y a abrillantar, y que no hay forma de conseguir que mejoren. Tú padre nunca ha sabido convertir la experiencia en acción, del mismo modo que un rubí no se transforma en esmeralda por mucho que lo froten.

Por el contrario, cuando lo conocí, yo estaba sedienta de felicidad. Diría derecho. Diría la edad de amar, de dar y recibir No te cuento esto para que me disculpes. Sé que no eres timorata y que, cualesquiera que sean los reproches que puedas hacerme, no guardan relación con las buenas costumbres. Ese es, Regina, el regalo que te hace tu padre, sin darse cuenta. El ejemplo de su costumbrismo estimula tu rebeldía. Nunca serás como él, estate tranquila. Tampoco quisiera que lo despreciaras. Su integridad es buena en sí misma, pero no puede aplicarla. Hay algo morboso en su dedicación al pago eterno de quién sabe qué culpa.

No me malinterpretes, le quise como es. Y fui feliz durante los primeros años, Porque, a falta de un proyecto en común, la pasión nos ayudó a convivir con sus remordimientos tanto como con la idea de que no existía para nosotros la menor posibilidad de futuro. Tú aún no lo sabes, porque eres muy joven, pero cuando la pasión termina, y termina siempre, las rutinas del adulto no son lo bastante fuertes para sustentar el afecto que queda. En eso, el matrimonio siempre llevará ventaja. Un amante es como un francotirador que, asomado a una ventana, espera con infinita paciencia a que el blanco se Ponga en su punto de mira, y que si no aparece se convierte en una figura ridícula, inútil, en un espectador de su Propia impotencia. Un casado pertenece al ejército regular. Por mal que le vaya, siempre puede contar con un plan superior, con una estrategia diseñada para él. Si el casado es, además, profundamente cristiano, cuenta con doble protección. Pueden decir lo que quieran, pero no he conocido a nadie más, egoísta que un buen cristiano. Nunca entregan su alma. No le robé a Albert a tu madre. María no lo tenía, y tampoco yo lo tuve. Un eremita, subido a la torre de sus principios, ése es tu padre.

Estuve a punto de romper con él en tres ocasiones, pero sólo fui capaz de hacerlo más adelante, cuando ya te había ganado a ti. Porque tú, Regina, lo cambiaste todo.

Lo peor no es morir Lo peor es el silencio. Saber que, al irte, nada tuyo queda. Estos días pienso mucho en cuanto me rodea. Mis queridos libros. Mi casa, que con el tiempo se ha vuelto como yo. Mis sentimientos, Regina. Me horroriza morir sin que los conozcas. Durante un tiempo, creí que adivinabas, llegué a pensar que, entre nosotras, no hacían falta palabras. No fue así, te marchaste. Te perdí, me perdiste.

La letra de los últimos párrafos había ido deformándose hasta interrumpirse a media frase. Imaginó los dedos de Teresa, agarrotados en torno a la Parker, forzándose a escribir. La frase inconclusa vibraba en sus oídos como una flecha recién hendida en su almohada. No continuaba en la anotación siguiente, escrita casi diez días después. Era como si Teresa hubiera renunciado a cualquier clase de fingimiento formal, para demostrarle la honestidad de sus palabras.

6 de julio

Han transcurrido siglos desde la última vez que te escribí. Tuve una recaída, y me llevaron al hospital para hacerme unas pruebas. Parece imposible, pero el doctor Pons dice que, dentro de que me voy a morir como está previsto, he mejorado. Debe de ser verdad, porque él no me miente. Hablamos del cáncer como del tiempo, sin dramas. El resto de la gente me trata como si en vez de estar enferma me hubiera vuelto senil. Menos tu padre. Albert vuelve a representar el papel de fiel amigo que tú le viste adoptar en esta casa, lodo naturalidad y ternura. Eso ocurrió -me refiero a su comportamiento durante los tres años en que te acompañó a verme, y del que fuiste testigo- porque ya no había sexo entre nosotros.

Un día se sentó en la sala y no abrió ta boca. ¡no se atrevía a preguntarme qué era lo que yo quería vender, y a mí me daba apuro verlo pasar vergüenza por mí. Se llevó la pulsera, después de haberla sobado mucho y de examinarla con la lupa que llevaba en el bolsillo, y prometió que me buscaría un buen cliente. Más adelante me confesó que se había enamorado de mí desde el primer momento. La cuestión es que estuvo viniendo a casa varios días seguidos, con la excusa de hablarme cada vez de un nuevo comprador. Nuestras charlas se hicieron más y más personales. Le conté mi vida y él me contó la suya. No me engañó.

La primera vez que hicimos el amor, después, se echó a llorar. No he visto llorar a nadie con tanta congoja, como si hubiera pasado años conteniendo el llanto. Sollozaba como deben de hacerlo los niños salvajes, esos que han crecido a solas en un bosque, cuando pierden el miedo a dejarse abrazar. Me conmovió. Tu padre ni siquiera sabía que había tanto amor dentro de él.

Como ves, hoy estoy escribiendo mucho. Me encuentro bastante bien. Si pudiera continuar así hasta el final. Pero entonces no sabría marcharme con dignidad. Creyéndome con fuerzas, me enzarzaría en una batalla inútil.

Esta mañana, Albert me ha sacado al patio, a tomar el aire. Quería ponerme entre sol y sombra, pero le he pedido que me colocara cerca de la fuente, que me dejara achicharrar. Le he dicho que debo aprovechar el sol de mi último verano, y se ha dado la vuelta para que no lo viera emocionarse. Qué tarde llega todo, si es que llega.

Te escribo desde la mesa del comedor ¿Te acuerdas? Nos instalábamos aquí, tú con tus deberes y yo con mi querida Underwood, que todavía funciona. Me habría gustado dejártela junto con mis libros y papeles, pero se la voy a regalar al doctor Pons, que siempre que viene a verme a casa se queda mirándola, fascinado. Es uno de esos raros médicos que no se acostumbran al dolor ajeno. Con él hablo mucho de la muerte. Al principio tuve otro oncólogo, un hombre mayor, competente pero con un semblante liso e impersonal, la máscara de la profesión, supongo. A Pons lo conocí al final de mi primer internamiento. Tu padre había venido a verme y me había traído una cajetilla de Celtas para que fumara de vez en cuando, a escondidas. Solía dar dos caladas a un cigarrillo, y lo tiraba. Era suficiente para infundirme un poco de ánimo.

Ese día salí del cuarto que ocupaba con otros enfermos. Ayudándome con las muletas -no las uso, ya te he dicho que estoy mejor, pero las tengo siempre a mano, por si acaso-, me dirigí a uno de esos recovecos que hay en los hospitales, cerca de una escalera de emergencia, adonde los fumadores solemos acudir para que no nos vean las enfermeras.

El doctor Pons estaba allí, un hombre de unos cuarenta años y ojos inocentes, fumando con el rostro desencajado. Se le acababa de morir un paciente, un niño, de leucemia, y no lo podía soportar.

Hablamos. Cuando se serenó, me dijo que leería mi historial clínico. Creí que se olvidaría, pero no lo hizo, y además me tomó a su cargo. A punto de morir, gané un amigo. Qué absurda es la vida.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Mientras Vivimos»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Mientras Vivimos» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Donna Leon - Mientras dormían
Donna Leon
Maruja Torres - Esperadme en el cielo
Maruja Torres
Maruja Torres - Fácil De Matar
Maruja Torres
Carlos Jiménez Cuesta - Mientras me carcome
Carlos Jiménez Cuesta
María Del Valle Castillo - La vida que no vivimos
María Del Valle Castillo
Juan Tallón - Mientras haya bares
Juan Tallón
Anthony Trollope - El mundo en que vivimos
Anthony Trollope
Отзывы о книге «Mientras Vivimos»

Обсуждение, отзывы о книге «Mientras Vivimos» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.