Maruja Torres - Mientras Vivimos

Здесь есть возможность читать онлайн «Maruja Torres - Mientras Vivimos» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Mientras Vivimos: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Mientras Vivimos»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Premio Planeta 2000
Es una novela sobre mujeres de varias generaciones, sobre sus pasiones y sus dudas, sobre su forma de vivir y su lugar en el mundo. Premio Planeta 2000.
Es una gran historia de admiración y celos, de mentira y verdad, de odio y amor, de pérdidas y encuentros. Judit tiene veinte años y quiere ser como Regina Dalmau, novelista consagrada y próxima a la cincuentena, por la que siente una obsesión casi enfermiza. El día de Todos los Santos se dirige a su encuentro, convencida de que la escritora sabrá ver su talento para la literatura y la ayudará a abandonar el barrio proletario en el que ha crecido y del que reniega. Judit ignora que Regina, sumida en una grave crisis creativa, y víctima de un profundo desasosiego moral, no puede ni siquiera ayudarse a sí misma. La irrupción de la joven en la casa de la famosa novelista hará que ésta se enfrente a las verdaderas raíces de su doble crisis, y a su relación con Teresa, la mujer nunca olvidada que iluminó su pasado. La última lección de Teresa se prolongará más allá de su muerte, porque esta gran novela trata de la herencia que se transmiten las mujeres cuando se eligen unas a otras para tejer entre sí un vínculo más fuerte que la sangre.

Mientras Vivimos — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Mientras Vivimos», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Cuando Albert escribió aquella carta, habían pasado seis meses desde la fecha del nomeolvides. A Regina se le removió la hiel al pensar que mientras ella, desorientada, vagaba por la casa, agarrada al delantal de Santeta, Teresa ya preguntaba por ella. ¿Con qué intenciones?

El primer cuento que su padre le regaló fue Marta y los piratas. Tenía una dedicatoria: «Nunca dejes de soñar, tu amiga Teresa.» De qué sutil manera, pensó, empezó Albert a unirlas.

– Es una señora que inventa historias para hacer felices a las niñas como tú -le dijo-. La conozco de arreglarle joyas. Algún día, también la conocerás.

En otra ocasión:

– La señora Teresa a veces me pregunta cosas de ti, para ponerlas en sus libros.

Recordaba otra dedicatoria: «Para que seas tan valiente como Marta, con un abrazo de Teresa.» El libro se llamaba Marta y el monstruo. En ese cuento, la protagonista conseguía escapar de un monstruo que habitaba en el armario de su dormitorio. Su madre había sido útil para algo, después de todo.

María. La recordaba comiendo en la cama un gran plato de alcachofas fritas bañadas en aceite. La grasa le resbalaba por la comisura de los labios, mientras la chica de turno le sostenía el plato bajo la barbilla. En realidad, no estaba impedida: había decidido impedirse, cercenar sus movimientos, y encontraba placer en ello. La atareada Santeta no había sido una buena madre suplente. Hacía por Regina cuanto podía: bañarla, vestirla, acompañarla al colegio -mientras no tuvo edad de ir por sí misma-, responder como podía a sus preguntas. Pero Santeta tenía su vida, sus amigas de jueves y domingo por la tarde, y Regina percibía que su cariño no pasaba del que podía haberle profesado a cualquier otra hija de patrono, a cambio del jornal, la comida y la cama; un plus de su trabajo.

Ni María, ni Santeta, ni las monjas llenaron su ansia de madre. Sólo Teresa.

Nunca supo si su padre era o no un buen joyero, aunque Regina, que acostumbraba a medir la calidad por el éxito, tenía que haber respondido con un no rotundo a esa pregunta que tampoco quiso hacerse. Sí podía decir, contemplando algunas de sus fotografías, que era un retratista sensible. Una imagen la impresionaba más que ninguna otra.

Era un plano corto de sí misma de espaldas, adolescente, estival, el cabello oscuro recogido en lo alto de la cabeza con una coleta sujeta por una goma adornada con florecillas de tela. Su esbelta nuca morena surgía del inocente escote posterior del vestido. En segundo término, desenfocado, se veía el carro de la Underwood y, al fondo, muy desdibujada, se adivinaba la fuente con su amorcillo. La mano derecha de la chica, alzada, parecía disponerse a teclear. Entre Regina y el objetivo, como un fragmento de nube, se interponía el contorno superior de un brazo de mujer, apoyado con gesto protector sobre su hombro.

Aquella imagen era más elocuente que todas las novelas de Regina que hablaban de cómo se ayudan las mujeres, cuando se ayudan. Y lo que más valor le daba era que había sido tomada, según constaba al dorso, a principios de septiembre de 1965. Pocos días antes de que Albert Daminau dejara de frecuentar a Teresa en su casa.

Tenía que haber una carta que explicara por qué Regina era la tapadera, y por lógica, debía de ser la última. Saltándose el resto del montón que le quedaba por leer (aburridas desde el punto de vista literario: repetitivas y cada vez más empapadas de blandenguería católica), cogió la misiva que yacía debajo del montón. Antes de abrirla, vertió más whisky en el vaso. Estoy borracha, pensó. Mejor.

No encontró el menor rastro de Teresa. Entraba en el carácter de su padre que se hubiera deshecho de cartas y pruebas, para borrar las huellas de su adulterio.

Cuanto quedaba de Teresa estaba en ese cuarto y en la carta que la mujer le había escrito mientras aguardaba la muerte.

Había llegado el momento.

16 de junio de 1976

Nunca quise a tu padre como te quiero a ti. Te lo dice una mujer que tiene cáncer y que va a morir, una mujer que no se miente.

Regina cerró los ojos, como para calibrar la gravedad de la herida. Sentía el roce de las páginas bajo las manos, el conocido y áspero contacto de los folios que Teresa usaba para escribir a mano.

Nunca quise a tu padre como te quiero a ti -volvió a leer-.

Te lo dice una mujer que tiene cáncer y que va a morir, una mujer que no se miente.

Perdóname este brusco comienzo, Pero te conozco y sé lo difícil que te resulta perseverar en la lectura de algo que te aburre. Yo misma te enseñé la importancia de un buen arranque. Debo lograr que te quedes conmigo hasta la última línea. Eres la única lectora que me importa. No quiero que te deshagas de estas páginas. Todavía ignoro si entrarás por esa puerta en cualquier momento, en el caso de que conserves la llave que un día te di. En tal caso, estas líneas no tendrán razón de ser, porque te diría de viva voz, de agonizante voz, todo cuanto me propongo explicarte.

Muchas veces he querido llamarte, pero la única vez que he estado a punto de hacerlo ha sido en noviembre, cuando Franco murió. Por entonces aún no estaba enferma. Aún no sabía que estaba enferma, rectifico. Telefoneé a tu padre, después de tanto tiempo. Me parecía imposible que algo tan importante como la muerte del dictador ocurriera sin que lo pudiéramos compartir Cuando los aliados liberaron París tampoco tuve a mi mando para festejarlo por las calles, pero eso no importaba mucho porque la multitud te zarandeaba y abundaban los besos.

No llamé a tu padre sólo para celebrarlo con él. Lo hice, sobre todo, para averiguar dónde podía localizarte. Pensé que, al fin y al cabo, tenía una buena excusa para acercarme a ti, una excusa histórica. Albert sólo sabía que estabas… en París. Cuán notables, las burlas del destino. Cómo me habría gustado enseñarte el París que conocí.

Le dolía la espalda y tenía el cuello anquilosado, el esófago le ardía por efecto del whisky y sentía la lengua áspera. Quizá debería irse a la cama y dejar el resto de la lectura para mañana. No seas absurda, pensó Regina. Sabía que no podría dormir, pese a lo borracha que estaba, porque Teresa había logrado su propósito de engancharla con la primera frase. Recordó que en cierta ocasión le dijo que un escritor se mide durante todo un libro con el desafío que se ha señalado al elegir las palabras con que empieza, y el ejemplo que la mujer le había puesto, sentada frente a ella en el patio y leyéndole, traduciendo del inglés y con las gafas caladas, lo que Teresa consideraba el mejor arranque posible de una de sus obras preferidas: «Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, era la edad del deseo, era la edad de la locura…» ¿Cómo seguía? Hacía tantos años que Regina no había vuelto a leer Historia de dos ciudades.

«Era la primavera de la esperanza, era el invierno de la desesperación», murmuró. Teresa no merecía que siguiera leyéndola en aquel cuarto, bajo la fría luz del flexo. Tenía que sacarla de allí, se dijo, en la incoherencia de su melopea, llevarla a su dormitorio, abrazarla, mecerla. Un nudo de lágrimas le trababa la garganta.

Se levantó, apartándose de la mesa con brusquedad y casi tiró la silla. Sólo faltaría que despertara a éstos, se dijo, pensando en Alex y Judit durmiendo en sus respectivas habitaciones, en sus irrepetibles primaveras. Cogió las páginas, se puso bajo un brazo la botella, para entonces terciada, y se metió el vaso en uno de los bolsillos de la bata. Cerró la puerta como pudo, de golpe. Ni siquiera sabía dónde había dejado la llave.

25 de junio

Seis sesiones de quimioterapia. No sirven para nada y me dejan hundida. Tu padre acaba de irse. Viene a verme todos los días, y no se marcha hasta que lo convenzo de que podré valerme por mí misma. Ha vuelto. ¿No te parece típico de él? Atender a los enfermos y presos, dar posada al peregrino… El adulterio no formaba parte de su código, pobre hombre.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Mientras Vivimos»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Mientras Vivimos» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Donna Leon - Mientras dormían
Donna Leon
Maruja Torres - Esperadme en el cielo
Maruja Torres
Maruja Torres - Fácil De Matar
Maruja Torres
Carlos Jiménez Cuesta - Mientras me carcome
Carlos Jiménez Cuesta
María Del Valle Castillo - La vida que no vivimos
María Del Valle Castillo
Juan Tallón - Mientras haya bares
Juan Tallón
Anthony Trollope - El mundo en que vivimos
Anthony Trollope
Отзывы о книге «Mientras Vivimos»

Обсуждение, отзывы о книге «Mientras Vivimos» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.