Ángeles Mastretta - Arráncame La Vida

Здесь есть возможность читать онлайн «Ángeles Mastretta - Arráncame La Vida» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Arráncame La Vida: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Arráncame La Vida»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Cuando Catalina conoce al general Andrés Asensio, todavía es una muchacha que lo ignora todo de la vida. Él, en cambio, es candidato a Gobernador del Estado de Puebla, y sabe muy bien cuáles son sus objetivos de cacique. A las pocas semanas se casan. Pero Catalina, mujer apasionada e imaginativa, descubre muy pronto que no puede aceptar el modo de vida que le impone la nueva situación y no acepta vivir sin amor.

Arráncame La Vida — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Arráncame La Vida», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

No sólo la seguía sino que cuando acababa una canción él unía el final con el principio de otra y Toña entraba en su tiempo como si nada. Estaban jugando, se entendían con los ojos.

«Por algo está el cielo en el mundo, por hondo que sea el mar profundo, no habrá una barrera en el mundo que mi amor profundo no rompa por ti.»

– «Yo estoy obsesionada contigo y el mundo es testigo de mi frenesí» -canté con mi voz de ratón que no se aguantó las ganas de participar.

Toña asintió con la cabeza y con un brazo me hizo la seña de que me acercara.

Me senté en la banquita del piano junto a Carlos y él saltó de esa canción que imaginé escrita para mí a los acordes de La noche de anoche.

– «Ay qué noche la de anoche» -entró Toña. «De momento tantas cosas sucedieron que me confundieron.»

– «Estoy aturdida, yo, yo que estaba tan tranquila, disfrutando de la calma que nos deja ese amor que ya pasó» -canté con todo lo que tenía de voz y me recargué en Carlos que por un momento quitó una mano del piano y me acarició la pierna.

– Ahora la que está echando a perder todo eres tú, Catalina -dijo Andrés. Cállate, deja actuar a los grandes.

No le hice caso. Seguí: «pero ¿qué tú estás haciendo de mí?, que estoy sintiendo lo que nunca sentí?» Mi voz parecía un silbato junto a la de Toña pero yo la seguía. «Te lo juro, todo es nuevo para mí.»

Hasta llegué a sentir que era mía su voz sobre mi voz.

– «Que me hizo comprender que yo he vivido esperándote» -dijimos y yo dejé caer la cabeza sobre el piano. Pum, se oyó como final de La noche de anoche.

– Catalina, deja de estar chingando -decía Andrés. El borracho soy yo. Cenizas, Vives -pidió.

– Si, Cenizas -dije yo.

– Pero tú cállate, Catín -dijo.

– Si, mi vida -le contesté.

«Después de tanto soportar la pena de sentir tu olvido» -cantó Toña.

– «Después que todo te lo dio mi pobre corazón herido» -seguí con ella, que se paró atrás de mí y me puso las manos en los hombros.

– Catalina no jodas -volvió a decir Andrés.

– Más jodes tú con tus interrupciones -le dije y alcancé a Toña en «por la amargura de un amor igual al que me diste tú».

– Papapapa -dije, parándome a palmear sobre el piano.

– «Ya no podré ni perdonar ni darte lo que tú me diste» -seguimos.

– «Has de saber que en un cariño muerto no existe el rencor» -sentenció lento Andrés desde un sillón, señalando con el dedo a quién sabe quién.

– «Y si pretendes remover las ruinas que tú mismo hiciste, sólo cenizas hallarás de todo lo que fue mi amor.» -terminamos.

– Mamadas -dijo Andrés.

– «Canta, si olvidar quieres corazón» -cantó Toña siguiendo la música de Carlos.

– «Canta, si olvidar quieres tu dolor» -cantó Carlos mientras tocaba dando golpes breves. «Canta, si un amor hoy de ti se va.

Canta, que otro volverá.»

– Parará, parara, parará -canté yo y dejé el banco para bailar, dando vueltas.

Vives se reía y Andrés se quedó dormido. -Arráncame la vida -pedí mientras seguía bailando sola por toda la estancia.

– «Arráncala, toma mi corazón» -cantó Toña siguiendo al piano de Carlos.

– «Arráncame la vida, y si acaso te hiere el dolor» -me uní a ellos sentándome otra vez junto a Carlos. Tenía razón Andrés, yo arruinaba sus voces pero no estaba para pensarlo en ese momento.

– «Ha de ser de no verme porque al fin tus ojos me los llevo yo» -dije recargándome en el hombro de Carlos que cerró con tres acordes a los que Toña rebasó sosteniendo el «yo» del final.

– ¡Qué bárbara, Toña -dijo, mis respetos!

– ¿Y ustedes qué? -preguntó ella. ¿Se quieren o se van a querer?

Dejamos a Andrés durmiendo y nos fuimos al jardín a ver salir el sol.

– Señora, ¿llevo al diputado a su casa? -preguntó Juan, que estaba parado en la puerta del recibidor.

– Por favor, Juan. Y al general a su cama. Es usted un santo.

– Después regrese por mí -dijo Toña. No me quiero quedar al desayuno.

Había pasado como una hora desde que el sol salió anaranjado entre los árboles, cuando Checo llegó al fondo del jardín, descalzo y en piyama.

– ¿Por qué estás vestida como ayer, mamá? -preguntó. Ponte tus pantalones. ¿No vas a ir a montar?

– Vámonos, director -dijo Toña, palmeando el hombro de Carlos que se había puesto ojeroso y guapísimo. Adiós, hermana, que montes bonito. Te va a caer bien el aire.

Carlos me dio un beso de lado mientras ponía sus manos sobre mis hombros:

– ¿Mañana? -preguntó.

– Mañana -le contesté y nos separamos.

El y Toña caminaron hacia el auto. Checo y yo hacia la casa.

– Oye -gritó Carlos desde la reja, ya es mañana.

Cuando volvimos de montar, yo estaba medio mareada. Me bajé del caballo queriendo un jugo de naranja. Lucina me lo llevó hasta la puerta del jardín en donde me había sentado a sobarme las piernas mientras le contestaba cualquier cosa a Checo.

– Dijo el general que en cuanto llegara usted subiera a verlo -avisó Lucina.

Subí los escalones de tres en tres, ensuciándolos con el Iodo de las botas que no me quité hasta entrar a la recámara de Andrés. Ahí me senté sobre la cama destendida y empecé a jalonearlas.

– ¿Puedo abrir las cortinas? No se ve nada.

– Ten piedad de un crudo estreñido -contestó Andrés, dando vueltas sobre la cama hasta alcanzarme la cintura. Cuéntame de qué hablaron ayer Cordera y Vives -dijo sobándome la espalda. -Del concierto.

– ¿Y de qué más?

– Vives le preguntó a Cordera por el Congreso, pero Cordera no le contestó nada importante.

– ¿Cuánto tiempo hablaron? ¿Qué le contestó?

– Sólo le dijo que iba bien y que la elección del líder la decidían las bases.

– No me inventes. ¿Qué dijo de importante?

– Nada mijo. Se fue a los cinco minutos.

– Entonces tú y Vives qué hicieron todo el demás tiempo. No me inventes. Vives y Cordera hablaron más. Si ustedes regresaron como a las dos horas.

– Nosotros caminamos -le dije. ¡Qué jardines hay en Los Pinos!

– Hablas como si ayer los hubieras descubierto. ¿Quieres vivir ahí? Cuéntame de qué hablaron Vives y Cordera.

– General, si alguna vez los oigo hablar te prometo reproducirte la conversación, pero ayer se dijeron cuatro cosas.

– Dímelas. Acuérdate exactamente qué dijeron, porque hablan en clave.

– Estás crudo o sigues borracho. ¿Cómo que hablan en clave?

– ¿No quedaron de verse? -preguntó.

– Un día de éstos.

– Eso quiere decir que el jueves -dijo.

– Estás loco -contesté, forcejeando con la bota que se me atoraba siempre.

– ¿No has dormido? -preguntó.

– Un rato.

– ¿Y a qué se debe la euforia? Tú duermes tres días por cada desvelada y apenas te repones. ¿Cómo es que fuiste a montar?

– Me lo pidió Checo.

– Te lo pide todos los días.

– Hoy quise ir -dije, sacando la bota y estirando las puntas de los dedos.

– Estás muy rara.

– Me divertí ayer, ¿tú no?

– No me acuerdo. ¿Te dio por cantar o lo soñé?

– Me dio por cantar Arráncame la vida. Canté otra vez.

– Cállate. Te oigo multiplicada por cinco.

– Duerme… ¿Para qué despiertas? Es domingo.

– Por eso despierto. Torea Garza.

– Falta mucho para las cuatro. Duérmete. Yo te despierto a las dos.

– No me da tiempo. Invité a comer gente a la una. ¿Vas a venir en la tarde?

– Nunca me invitas.

– Te estoy invitando.

– No me gustan los toros.

– ¡Qué aberración! Vienes.

– Como quieras -dije besándole la cabeza y tapándolo como si quisiera amortajarlo. Después fui de puntas hasta la puerta y lo dejé durmiendo.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Arráncame La Vida»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Arráncame La Vida» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Arráncame La Vida»

Обсуждение, отзывы о книге «Arráncame La Vida» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.