– ¿Cuál es nuestro nivel de implicación en los contratos?
– ¿No te lo imaginas? Precisamente tú, que has llegado a ser toda una maestra en el arte de ocultar fuentes de financiación, me lo preguntas. ¿Sabes qué es lo primero que hará Lloris cuando lo vea?
Se lo imaginaba. De Lloris se podía esperar cualquier cosa.
– Nos sacará lo que quiera. Nos chantajeará, nos amenazará…
– ¿No se pueden disimular?
– Según el gerente, imposible. Hay implicados otros clubes y no se mezclarán en asuntos políticos.
– ¿Qué nos puede pedir Lloris?
– Para empezar, a ti ya te ha pedido un crédito de Bancam justo en el momento en que el Banco de España les ha advertido que están superando los niveles de riesgo permitidos.
– Muy bien, nos echamos atrás.
– ¿Echarnos atrás? Ya lo ha pedido. Si ahora rechazan su petición, las consecuencias serán todavía peores. Por tu culpa, él cree que el president en persona ha intercedido para que se lo concedan. Y además con unas condiciones magníficas. No podemos pararlo.
– Movilicemos a los grandes accionistas.
– El gran accionista era Sintes. Con sus acciones y el fichaje estrella obtendrá la mayoría. Hay un gran número de pequeños y medianos accionistas que votarán a su favor en la asamblea, llevados por la euforia. En la rueda de prensa ha anunciado que pedirá la delegación de acciones de todos los peñistas. Y parece obvio que la coordinadora de peñas está con él. Su miembro más influyente estaba en la rueda de prensa. Estamos bien jodidos gracias a tus brillantes ideas, a tu desmedido afán de protagonismo.
– No ha sido una cuestión de protagonismo o de ambición, sino de prisa por resolver un problema. La patronal me coaccionaba para que llegara a ese acuerdo con el Front. Si no lo hacía, estaban incluso dispuestos a apoyar a los socialistas. ¿No entendéis que tenía que hacerlo?
– Siempre has trabajado en la dirección equivocada. La patronal es la que tiene que estar a nuestro servicio y no al revés. Siempre hemos trabajado para que ellos nos necesitaran a nosotros. Pero tú, por tu puta rivalidad conmigo, por pretender erigirte en el gran cerebro del partido, has mandado toda nuestra estrategia a la mierda. Ahora estamos en manos de un loco resentido.
– Tu estrategia de controlar los centros financieros privados jamás ha funcionado.
– ¿Acaso la tuya ha sido mejor? Los del Front te sacaron un crédito y gracias a él lograron el siete por ciento de los votos.
– El plan, con el que todos estábamos de acuerdo, era desgastar electoralmente a los socialistas.
– Los convertiste en el partido bisagra.
– ¡Mentira! Fueron los cuatrocientos millones de Lloris. Por eso ahora les ha pedido que le devuelvan el favor; un favor en el que, si queríamos sacar adelante la Ley, también teníamos que estar implicados.
– Ha sido peor el remedio que la enfermedad.
– ¡No tenía tiempo, no tenía tiempo! -gritó Júlia-. La patronal me exigía, los del Front me amenazaban…
– Te la han jugado bien. Ellos sufrían más presión que tú. Si no hubieras accedido, si no te hubieras precipitado, Lloris los habría jodido del todo. Nos habría quitado de encima el problema del Front. No tienes ni puta idea de negociación política. Nunca he entendido por qué te dieron tanta responsabilidad. Es la segunda vez que te equivocas en asuntos de la mayor relevancia. No habrá una tercera.
– ¿Qué quieres decir?
– Que vuelves a ser una funcionaria de la administración pública.
– No me podéis hacer esto. No lo puedo creer. Llevo siete años dejándome la piel por el partido. No tengo tiempo para mí, vivo para la causa. He hecho muchas cosas de las que hemos sacado grandes beneficios. ¿Es que ya no te acuerdas?
– Políticamente estás muerta, Júlia.
– Hablaré con el president.
– No te recibirá.
– Hablaré con el secretario general.
– Lo mejor que puedes hacer es solicitar que te vuelvan a admitir en la administración. Nadie quiere saber nada de ti. Y ahora vete, debo pensar si hay alguna posibilidad de arreglar todo el estropicio que has causado.
– Sebastià…
– Vete.
Nùria confirmó sus sospechas de que el tal Toni Hoyos era Josep Valles al toparse con Vicent Marimon en el hall del Valencia Palace, el hotel elegido por Juan Lloris para convocar a la prensa. Se cruzaron, se miraron. Nùria reconoció al instante a Marimon (lo veía de vez en cuando en los periódicos, circunstancia que refrescaba su memoria en todo lo relativo a su cuñado). Sin embargo, al secretario de finanzas del Front le costó reconocerla; aquel rostro tenía algo familiar. En política ves a tanta gente que difícilmente te acuerdas de toda. En la cafetería, minutos antes de que se iniciara el acto de presentación de Bouba ante la prensa, Marimon y Nùria volvieron a encontrarse. No se dijeron nada porque ella no se atrevió a dirigirle la palabra y él aún trataba de recordarla.
Mientras tanto, ante la puerta del hotel se había congregado cerca de un millar de aficionados con banderas y bufandas del Valencia. Pese a ser las doce del mediodía, la noticia de que Ndiane Bouba sería presentado a los medios de comunicación reunió a mucha gente, incluso a prensa de Madrid y Barcelona. El Jaguar de Lloris, conducido por Toni Hoyos, tuvo que parar en la calle anterior a la del hotel dada la imposibilidad física de llegar hasta allí. Protegidos por la policía, del coche bajaron Lloris, Bouba, Puren y Curull. Hoyos fue a buscar sitio para aparcar.
Se produjo un gran alboroto ante la aparición de la estrella senegalesa, todo eran aplausos y gritos de histeria. Los aficionados gritaban su nombre como quien invoca la decisiva intervención de los dioses. Custodiado por cinco agentes de policía, Bouba fue objeto de abrazos de los espontáneos que conseguían romper el círculo de protección. Por detrás de ellos, Juan Lloris saludaba levantando los brazos y dando la mano a todas las personas que salían rebotadas tras sufrir la enérgica actitud de las fuerzas del orden. Sin separarse de ellos, Puren procuraba recibir su comisión de baño de masas mientras Curull les metía prisa para que entraran en el hotel sin que la estrella resultara herida. La policía tuvo que hacer un esfuerzo admirable -amenazó con dispersar a la multitud- para evitar que los aficionados, enloquecidos, accedieran al interior. Unos diez periodistas gráficos protestaron, pero hasta que el público no se calmó no pudieron entrar pese a mostrar en todo momento los carnets que los acreditaban.
Entonces Marimon decidió acudir a la sala de prensa. Cuando apenas le quedaban unos metros para llegar a la mesa de la cafetería en la que Nùria estaba tomando un refresco se acordó de ella. Necesitaba un poco de tiempo para saber si su presencia era oportuna o no, si resultaba conveniente para los intereses del Front o si más bien había que evitarla. Se quedó quieto, pensativo, como si se acabara de olvidar algo en la barra. Regresó y buscó el lavabo. Allí meditó lo que iba a hacer.
Entre una enorme expectación, los convocantes tomaron asiento tras una mesa repleta de micrófonos y decorada con un gran ramo de flores que Lloris apartó para dejar en un rincón. Tres rosas rojas ocultaban ligeramente su perfil. Jamás una rueda de prensa había congregado a tantos periodistas. Allí estaban todas las televisiones estatales, las locales y las de cable, muchísimas emisoras y todos los medios escritos del país, incluidos los de Alicante y Castellón, una novedad tremenda si se tenía en cuenta la excelente y siempre eficaz falta de vertebración valenciana.
Celdoni Curull, que tras pocos días de convivencia con Lloris se había forjado una idea casi exacta del personaje, intentó en el coto aleccionarlo sobre lo que había que decir y lo que era más conveniente callarse. Le aconsejó, por ejemplo, que no hablara de dinero, pero un periodista madrileño del diario deportivo As causó la indignación entre sus colegas locales cuando preguntó de dónde sacaría dinero el Valencia para pagar un fichaje que se suponía tan caro. Ocurrente, Lloris respondió que, por supuesto, no sacaría ese dinero de un pelotazo, con lo que se ganó la complicidad de la mayoría de los periodistas. Si no lo puede pagar el Valencia, lo pagaré yo. Acto seguido, casi interrumpiéndolo, Curull inició una serie de prolegómenos para reconducir la situación.
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