Ferran Torrent - Especies Protegidas

Здесь есть возможность читать онлайн «Ferran Torrent - Especies Protegidas» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Especies Protegidas: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Especies Protegidas»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Juan Lloris, un constructor que intentó convertirse en personaje social sin conseguirlo, no está dispuesto a rendirse. Para empezar, se va a cobrar los favores que le debe el secretario general de un partido minoritario decisivo para formar gobierno. Y va a contar con ayudas como la de un agente de la FIFA y su colaborador de pasado inconfesable, el crack destinado a salvar al club local, un peculiar responsable político de finanzas, un veterano periodista deportivo, un pirómano presidente de peñas futbolísticas… y una alegre cubana que, al lado de Lloris, presencia su formidable ascenso desde la marginación social hasta la presidencia de un club de primera división… y de ahí a cualquier otro puesto que tenga en su punto de mira.

Especies Protegidas — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Especies Protegidas», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

– Faltan los cabos sueltos.

– ¿Hay muchos?

– Alguno que otro.

– Granero, a casa -ordenó Lloris.

En la misma mesa de la comida, Maria había preparado la merienda: chocolate y rosegons con trozos de almendra incrustados. Curull aún tenía la paella en la garganta, a pesar de que las de Maria no eran empalagosas. Pero prefirió la merienda a la alternativa, sugerida por Lloris, de tomarse unas copas de coñac. Curull le dijo a Hoyos que se llevara a Bouba a dar una vuelta. Como Hoyos no conocía los alrededores, reclamó la ayuda de Claudia. Encantada de ser útil, la cubana los condujo a los campos de arroz por el camino de entrada a la casa. Minutos después, Hoyos regresó con la excusa de que su presencia no era necesaria. Estaba cansado, se volvió a justificar. En realidad quería situarse cerca de la negociación, en un lugar discreto que le permitiera escuchar sin ser visto. Para él los cabos sueltos también eran importantes, porque todo actuaba contra la cifra de la que dependía su comisión, que tenía la sensación de que se iba reduciendo a medida que pasaban las horas.

Por otra parte, a Claudia le gustaba muchísimo Bouba, la sensación de lujuria que desprendía. Le recordaba a los negros de Santiago de Cuba, con aquella piel tan brillante, pero además alto, en forma, un deportista. Estaba hechizada desde que lo había visto y le parecía un sueño enamorarse de él y que él le correspondiera. Estaba harta de las humillaciones y de los despechos de Lloris. No veía ningún futuro en él, además. Sentía que el ex constructor se alejaba, hacía añicos sus perspectivas de convertirse en la respetada esposa de un hombre influyente. También Bouba era importante. Y joven. Y atractivo. Pero ¿cómo iba a expresarle sus sentimientos si no tenía ni la más remota idea de francés? A la altura de una caseta para herramientas del campo, cuando ya llevaban diez minutos mirándose tímidamente sin decirse nada, lo cogió de la mano de repente. Bouba la condujo detrás de la casa. Los campos estaban desiertos. Lejos, como una silueta, se veía el campanario de un pueblo. La besó con pasión. Ella no opuso resistencia hasta que le tocó los pechos. Entonces Claudia le dijo que aquello no era correcto. Bouba no entendía nada, si bien captaba los gestos de enojo. Pese a estar excitado, aunque el deseo lo embargaba, se separó de ella. A diez minutos de allí, el patrón estaba arreglando su futuro y se autoimpuso algo de racionalidad. Volvamos, volvamos, dijo señalando en dirección a la casa del coto. No había nada que hacer, ni volviendo ni quedándose. Claudia optó por las posibilidades que le ofrecían sus abundantes pechos, su llamativo culo, su deseo ardiente y contagioso. Claudia, paradigma de la voluptuosidad, de nuevo lo cogió de la mano. Bouba creyó que dudaba mientras le subía la falda, le bajaba las bragas y le separaba las piernas. Arrodillado en el suelo, con devoción religiosa, estuvo unos instantes mirándole el coño, oscuro y frondoso. No era una duda, era una contemplación extática, una fascinación estética. El resto fue una locura observada por el tío Granero en su acto final, media hora más tarde.

Media hora antes, tras diez minutos de prólogo con el chocolate, Curull y Lloris empezaban a decidir el contrato y los cabos sueltos. A todos los efectos, Curull era el representante legal de Bouba. Era exclusivamente de su propiedad, al igual que el club en que jugaba. Él y sólo él estaba capacitado para firmarlo todo, pero había que tener en cuenta -un trámite de cortesía- la opinión del jugador. Acordaron la duración del contrato, la ficha anual -pagada el treinta de junio, como era habitual; si en aquella fecha el club no tenía liquidez, entonces se aceptaría un pagaré con fecha del treinta de julio, cuando ya se hubieran ingresado las cuotas de los socios; el quince por ciento de la ficha serían derechos de imagen-, primas e incentivos por rendimiento, además de una serie de pequeños gastos que incluían el alquiler de un chalet, el coche, la marca de las botas -que elegiría el jugador-, la cláusula de rescisión del contrato y seis billetes de avión de ida y vuelta para ver a la familia y evitar excesos de nostalgia. A cambio, el jugador acudiría a los actos en que el club considerara imprescindible su presencia siempre que ello no afectara a sus obligaciones como deportista.

Por lo general, el proceso de un fichaje es obra de un equipo técnico que recibe información de un intermediario. Entonces el secretario técnico envía a un ayudante para que vea al jugador en directo. Luego, si los informes del ayudante son buenos, se desplaza el propio secretario para ratificarlo. Si está de acuerdo con la impresión del ayudante redacta un informe que presenta al presidente del club. Después vienen las negociaciones entre clubes y posteriormente con el representante del jugador. Pues bien, Lloris se saltaba la mayor parte de todo aquello. Celdoni Curull habría podido estar una hora más, un día, pidiéndole lo que quisiera. A Lloris le daban igual el contrato y los cabos sueltos. Sólo puso dos condiciones: que Bouba estuviera sano para la práctica del fútbol y que el contrato no tuviera validez si él no alcanzaba la presidencia. Sólo eso.

Lo demás, todo lo que costara fichar a Bouba, todo lo que cobrara la gran estrella, lo pagaría el club. A nombre del club estaría el futuro crédito de Bancam. Lloris sólo necesitaba un crédito personal de dos mil millones de pesetas, que le compensaría por el dinero pagado por las acciones de Lluís Sintes. ¿Dos mil millones? No eran muchos para un tipo que siempre había pensado que si uno debe diez millones a un banco tiene un problema, pero si la deuda es de más de mil el problema lo tienen ellos.

16

Nùria Oliver había querido mucho a Josep Valles. Se habían conocido en el bufete de abogados donde trabajaban, el mismo del que Valles se llevó la provisión de fondos de los clientes antes de desaparecer sin dejar ningún rastro. A la enamorada Nùria le costó convencerse de que Josep fuera capaz de haber hecho algo tan lamentable y, en caso de que lo hubieran atrapado, tan condenable. Si por lo menos le hubiera escrito una pequeña nota, si por lo menos se lo hubiera dicho… No es que ella lo hubiera aprobado, pero lo quería mucho; lo quería tanto como para abandonar a su pareja -tras un año de matrimonio- e irse con él de un modo relativo, porque Josep, de momento, prefería seguir viviendo solo. Después de todo aquello, Nùria fue despedida del bufete. Su relación con Josep la hacía sospechosa de complicidad pese a que nada se pudo demostrar. Años después, Nùria Oliver trabajaba como cajera en un Mercadona, un puesto de trabajo que distaba de satisfacer sus ambiciones laborales. El delito de Josep le impidió trabajar en cualquier otro bufete de la ciudad. Se quedó sin pareja estable, sin Josep y sin un empleo que había conseguido con grandes sacrificios. Durante un tiempo albergó la esperanza de que Josep la llamara desde cualquier país. Ella habría ido a su encuentro, porque le quería, no hacía falta decirlo, pero también porque sus perspectivas profesionales eran más bien difíciles. Pasado un año sin recibir noticia alguna, la esperanza y el cariño se convirtieron en el rencor de una mujer engañada.

Aquel día Nùria tenía el turno de dos a nueve de la noche. A las dos y media, la hora más tranquila, siempre hojeaba los periódicos que cogía de los despachos del departamento de contabilidad. Nùria era aficionada al fútbol, del Levante, por tradición familiar y lugar de nacimiento: el distrito Marítimo. Como a casi todos los lectores, le llamó la atención el despliegue informativo de El Liberal a propósito de la nueva estrella del Valencia. Observó con atención y envidia deportiva la gran foto de Bouba en la portada. Pasó las hojas hasta llegar a la sección de deportes. El fichaje que la abría ocupaba dos páginas completas con datos biográficos del crack, sus estadísticas como jugador, las declaraciones, cuatro fotos y un apartado dedicado al mecenas: Juan Lloris, candidato a la presidencia del Valencia con el aval del senegalés Ndiane Bouba, sensación de los últimos mundiales. Nùria reconoció a Josep Valles al instante pese a que llevaba el pelo muy corto y su postura, encargándose de recoger dos maletas, no era la más clara para identificarlo. Leyó toda la información. Subrayó el párrafo que decía que los dos intermediarios, Celdoni Curull y Toni Hoyos, llevaban varios días en Valencia negociando el fichaje con Juan Lloris. Entonces recortó la foto y atendió a una señora que, impaciente, esperaba que le cobrara un carrito lleno a rebosar.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Especies Protegidas»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Especies Protegidas» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Lindsay Buroker - Torrent
Lindsay Buroker
Ferran Torrent - Sociedad limitada
Ferran Torrent
Ferran Torrent - Juicio Final
Ferran Torrent
Ferran Garcia - Blasfèmia
Ferran Garcia
Ferran Garcia - Guilleries
Ferran Garcia
Ferran Carbó Aguilar - Paraules invictes
Ferran Carbó Aguilar
Ferran Carbó Aguilar - Els versos dels calaixos
Ferran Carbó Aguilar
Ferran Garcia-Oliver - Ausias Marc
Ferran Garcia-Oliver
Vicente Blasco Ibáñez - The Torrent (Entre Naranjos)
Vicente Blasco Ibáñez
Отзывы о книге «Especies Protegidas»

Обсуждение, отзывы о книге «Especies Protegidas» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.