Joanne Harris - Cinco cuartos de naranja

Здесь есть возможность читать онлайн «Joanne Harris - Cinco cuartos de naranja» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Cinco cuartos de naranja: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Cinco cuartos de naranja»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Cuando tras décadas de ausencia Framboise Simon regresa a su pequeño pueblo en la campiña francesa, los habitantes no la reconocen como la hija de la mal afamada Mirabelle Dartigan,la mujer que aún consideran responsable de la tragedia sucedida en los años de la ocupación nazi. A la búsqueda de un nuevo comienzo en su vida, Framboise descubre rápidamente que el presente y el pasado se encuentran inextricablemente unidos, mientras recorre las páginas del cuaderno de recetas de cocina heredado de su madre.
Con la ayuda de esas recetas, Framboise recrea los platos de su madre, que sirve en un coqueto restaurante. Y a medida que analiza el cuaderno -a la búsqueda de pistas que le permitan comprender la contradicción entre el amor de su madre por la cocina y su conducta opresiva-, descubre poco a poco un significado oculto detrás de las crípticas anotaciones de Mirabelle. Entre las páginas del cuaderno, Framboise encontrará la clave para comprender lo que realmente sucedió aquel fatídico verano en el que tenía tan solo nueve años.
Exquisito y lleno de matices, Cinco cuartos de naranja es un libro sobre madres e hijas del pasado y del presente, sobre la resistencia y la derrota y, sin lugar a dudas, una extraordinaria muestra del talento de la autora de Chocolat.

Cinco cuartos de naranja — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Cinco cuartos de naranja», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Durante un rato no pude ver más que cuerpos. Luego oí un sonido, una nota musical mucho más clara y dulce que la del piano y cuando Hauer se volvió hacia la ventana tenía en la mano una trompeta. Schwartz sostenía un tambor. Heinemann un instrumento que no reconocí; más adelante supe que era un clarinete, aunque jamás había visto antes una cosa así. Las mujeres se hicieron a un lado para dejar que Agnès se sentara al piano, luego Tomas volvió a entrar en mi campo de visión con su saxofón colgado de un hombro como si se tratase de un arma exótica. Por un instante creí que era un arma. Junto a mí, Reinette lanzó un largo y vacilante suspiro de asombro. Cassis, olvidando su aburrimiento, se inclinó hacia delante, apartándome casi a empellones. Él identificó los instrumentos para los demás. No teníamos tocadiscos en casa pero Cassis tenía edad suficiente para recordar la música que solíamos oír en la radio antes de que aquellas cosas hubiesen sido prohibidas y había visto las películas de la orquesta de Glenn Miller en los noticiarios que tanto adoraba.

– ¡Eso es un clarinete! -su voz sonaba muy infantil de pronto, repentinamente parecida al temor reverente de su hermana por los zapatos de las mujeres de la ciudad-. Y Tomas tiene un saxofón… ¡Oh! ¿De dónde los habrán sacado? Los habrán requisado… no me sorprende que Tomas los haya conseguido… ¡Oh, espero que toquen! ¡Espero que…!

No puedo juzgar si eran muy buenos. No tenía nada con que compararlos entonces, pero estábamos tan emocionados por la agitación y el asombro que cualquier cosa nos habría encantado. Sé que ahora parecerá ridículo pero en aquellos días la música era escasa: el piano de La Mauvaise Réputation, el órgano de la iglesia para los que la frecuentaban, el violín de Denis Gaudin que sonaba el catorce de julio o el Mardi Gras , cuando solíamos bailar por las calles… Naturalmente, no hubo mucho de aquello después de estallar la guerra, pero aún seguimos haciéndolo algún tiempo, hasta que al final también el violín fue requisado, como todo lo demás. Pero ahora unos sonidos -sonidos tan poco familiares y tan exóticos comparados con el viejo piano de La Mauvaise Réputation como una ópera se asemeja a un ladrido- se elevaban en el local y nos acercamos más a la ventana para no perdernos ni una sola nota. Al principio los instrumentos no hacían gran cosa salvo extraños sonidos lastimeros -supongo que los estaban afinando pero no lo sabíamos-, cuando empezaron a tocar una melodía rutilante y de tonos agudos que no reconocimos, aunque creo que debía ser algo de jazz. Una ligera percusión del tambor, un burbujeo gutural del clarinete, pero del saxofón de Tomas una cadena de notas brillantes como las luces de Navidad, emitiendo un dulce gemido, un áspero susurro, subiendo y bajando sobre el fondo discordante como una voz humana amplificada por arte de magia que encerraba todo el repertorio humano de suavidad, tosquedad, mimos y pesar…

Por supuesto la memoria es algo muy subjetivo. Tal vez por eso siento las lágrimas agolparse a mis ojos cada vez que recuerdo aquella música, una música del fin del mundo. Seguramente no era nada parecido a lo que yo recuerdo -un grupo de alemanes borrachos martilleando algunas notas de jazz-blues con instrumentos robados-, pero para mí era magia. También debió de tener el mismo efecto sobre los otros, porque al cabo de pocos minutos estaban bailando, algunos solos, otros en pareja. Las mujeres de la ciudad en los brazos de los hermanos Dupré, que habían estado jugando a las cartas, y Philippe y Colette con los rostros uno junto al otro, una forma de bailar que jamás habíamos visto antes, un baile de giros y sacudidas, en el que los tobillos se torcían y las mesas eran arrinconadas por traseros oscilantes y la risa se elevaba por encima de las voces de los instrumentos; incluso Raphaël seguía el ritmo con el pie y se olvidó de su seriedad. No sé cuánto tiempo duró. Quizá menos de una hora. Quizá fueron sólo unos minutos. Sé que nos unimos a ellos, alegres detrás de la ventana, zangoloteando y dando vueltas como pequeños demonios. La música era caliente , y el calor nos abrasaba como el alcohol en un flambée , con su olor penetrante y ácido y brincábamos como indios sabiendo que con el volumen de la música en el interior podíamos meter tanto ruido como quisiésemos sin ser oídos. Afortunadamente seguí mirando por la ventana todo el tiempo porque fui la única que vio al viejo Gustave abandonar el lugar. Di la alarma al instante y nos zambullimos detrás del muro justo a tiempo de verlo salir tambaleándose a la fría noche, una figura encorvada y oscura con la cazoleta deslumbrante de su pipa haciendo de su rostro una rosa roja. Estaba borracho pero no debilitado. De hecho, creo que nos oyó porque se detuvo junto al muro y escrutó fijamente las sombras en la parte trasera del edificio, una mano apoyada contra el ángulo del porche para evitar caerse.

– ¿Quién anda ahí? -Su voz era quejumbrosa-. ¿Hay alguien por ahí?

Seguimos callados detrás del muro, ahogando las risas.

– ¿Nadie? -repitió entonces el viejo Gustave, aparentemente satisfecho, murmuró algo apenas audible para sí mismo y se puso de nuevo en movimiento. Llegó hasta el muro, golpeó la pipa contra la piedra. Una lluvia de chispas flotó por nuestra parte y hube de taparle la boca a Reinette con la mano para evitar que se pusiese a gritar. Luego, reinó el silencio por un momento. Esperamos sin apenas atrevernos a respirar. Después lo oímos orinar contra la pared de forma exuberante y pertinaz, dando un pequeño gruñido de satisfacción al hacerlo. Sonreí en la oscuridad. No era de extrañar que estuviera tan ansioso por comprobar si había alguien por ahí. Cassis me dio un codazo furioso, una mano sobre su boca. Reine hizo una mueca de disgusto. Luego lo oímos abrocharse el pantalón y unos pasos que se dirigían al bar. Luego nada más. Esperamos algunos minutos.

– ¿Dónde está? -susurró Cassis al fin-. No se ha ido. Lo habríamos oído.

Me encogí de hombros. Bajo el fulgor de la luna podía ver la cara de Cassis reluciendo por el sudor y la ansiedad. Hice un gesto hacia el muro.

– Ve a mirar -articulé moviendo los labios-. Quizás haya perdido el conocimiento o algo así.

Cassis movió negativamente la cabeza.

– Tal vez nos haya localizado -dijo con una mueca- y está esperando a que uno de nosotros asome la cabeza y ¡paf!

Volví a hacer un gesto de indiferencia y miré con cuidado por encima del muro. El viejo Gustave no había perdido el conocimiento, estaba sentado de espaldas a nosotros observando el café, muy quieto.

– ¿Y bien? -dijo Cassis mientras yo volvía a agazaparme detrás del muro.

Le conté lo que había visto.

– ¿Qué hace? -dijo Cassis con frustración.

Moví la cabeza.

– ¡Maldito sea el viejo idiota! ¡Nos tendrá aquí esperando toda la noche!

Puse el dedo sobre la boca.

– ¡Shh! ¡Alguien viene!

El viejo Gustave debió de oírlo también porque se apretó un poco más contra el muro en la maraña de zarzamoras por la que lo habíamos oído llegar. No fue tan sigiloso como nosotros y si hubiese seguido unos metros más a la izquierda habría aterrizado directamente encima de nosotros. Sea como fuere, fue a caer en un zarzal, maldiciendo y golpeando con su bastón y nosotros retrocedimos un poco más entre la espesura. Había una especie de túnel donde nos encontrábamos, hecho de cercos de seto y agrimonias, y para jóvenes de nuestra edad y agilidad parecía viable arrastrarse a través de él hasta llegar a la carretera. Si lo conseguíamos podríamos evitar tener que saltar al otro lado del muro y, de ese modo, escaparíamos en la oscuridad sin ser vistos.

Casi había decidido intentarlo cuando escuché el sonido de voces desde el otro lado de la pared. Una era voz de mujer, la otra sólo hablaba alemán, y reconocí a Schwartz.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Cinco cuartos de naranja»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Cinco cuartos de naranja» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Joanne Harris - Blackberry Wine
Joanne Harris
Joanne Harris - W Tańcu
Joanne Harris
Joanne Harris - Runas
Joanne Harris
Joanne Harris - Zapatos de caramelo
Joanne Harris
Joanne Harris - Chocolat
Joanne Harris
Joanne Harris - Jeżynowe Wino
Joanne Harris
Joanne Harris - Czekolada
Joanne Harris
Joanne Harris - Runemarks
Joanne Harris
Joanne Harris - Holy Fools
Joanne Harris
Joanne Harris - Sleep, Pale Sister
Joanne Harris
Joanne Sefton - Joanne Sefton Book 2
Joanne Sefton
Отзывы о книге «Cinco cuartos de naranja»

Обсуждение, отзывы о книге «Cinco cuartos de naranja» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.