Rosamunde Pilcher - Septiembre

Здесь есть возможность читать онлайн «Rosamunde Pilcher - Septiembre» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Septiembre: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Septiembre»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Con motivo de una fiesta de cumpleaños, una serie de personajes procedentes de Londres, Nueva York, Escocia y España coinciden el el pequeño pueblo de Strachroy. Estamos en septiembre, mes durante el cual en Escocia se prodigan celebraciones, cacerías y bailes. Sin embargo, al compás de este ambiente festivo, el destino arrastrará a los protagonistas a situaciones tan dramáticas como sorprendentes, y les obligará a tomar decisiones y afrontar situaciones que marcarán profundamente sus vidas…

Septiembre — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Septiembre», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Edmund, soslayando la zona de circulación de un solo sentido, se metió por un laberinto de callejones, fue a salir a una callecita adoquinada y detuvo el coche junto al bordillo, delante de un pequeño restaurante italiano. Al otro lado de la calle se levantaba una de las bonitas iglesias de Edimburgo. En lo alto de la torre, sobre el gran arco del pórtico, las manecillas de un reloj dorado se acercaban a las nueve. Cuando se apearon, empezaron a sonar las campanadas sobre los tejados. Nubes de palomas asustadas alzaron el vuelo en una explosión de alas. Cuando sonó la ultima campanada, volvieron a posarse en los alfeizares y parapetos, arrullando, con las alas recogidas, fingiendo que nada había ocurrido, como avergonzadas de su atolondrada agitación.

– Ya podían haberse acostumbrado al ruido. Haberse curtido.

– Nunca he visto un palomo curtido. ¿Y tú?

– Pues, ya que me lo preguntas, yo tampoco.

La cogió del brazo para llevarla hacia la puerta. El restaurante era pequeño, la iluminación tenue y el aire olía a café recién hecho, a ajo y a deliciosa cocina mediterránea. Estaba bastante concurrido y no había apenas mesas libres, pero el jefe de camareros, al verlos, fue a su encuentro.

– Buenas noches, Mr. Aird. Y Madame.

– Buenas noches, Luigi.

– Tengo su mesa preparada.

Era la mesa que Edmund había pedido, la del rincón, debajo de la ventana. Un mantel de algodón adamascado de color rosa, almidonado, unas servilletas de algodón adamascado de color rosa y una sola rosa en un esbelto florero. Acogedor, íntimo y alegre a la vez. El ambiente ideal para hacer las paces.

– Perfecto, Luigi, gracias. ¿Y el “Moet & Chandon”?

– Enfriándose, Mr. Aird.

Bebieron el champaña frío. Virginia dio detalles de sus actividades sociales, las exposiciones de arte que había visitado y el concierto del “Wigmore Hall”.

Seleccionaron el menú con calma. Dejaron de lado los raviolli y encargaron pâté de pato y salmón frío del Tay.

– No sé por qué te traigo a un restaurante italiano si tú vas a pedir salmón del Tay, que puedes comer en casa.

– Es que no hay en el mundo nada tan bueno y, después de todo el barullo de Londres, estoy harta de comida extranjera.

– No pienso preguntar con quién has comido.

– Ni yo con quién has comido tú -sonrió ella.

Sin prisa, saborearon una cena perfecta, que remataron con frambuesas con nata y un Brie de la consistencia justa. Ella le habló de la exposición de Burlington House, de los planes de Felicity Crowe para comprar un cottage en Dorset y trató de explicar, con gran lujo de confusos detalles, el argumento de El fantasma de la Ópera. Edmund, que ya lo conocía, la escuchaba absorto sólo por el placer de volver a tenerla delante, oír su voz y compartir sus alegrías.

Finalmente, retiraron los platos y sirvieron el café, negro y fragante, en tazas muy pequeñas. Y un platillo de obleas de chocolate a la menta.

Casi todas las mesas estaban vacías. Sólo quedaba otra pareja, tomando coñac. El hombre fumaba un puro.

La botella de “Moet & Chandon” estaba vacía y puesta boca abajo en el cubo.

– ¿Quieres un coñac? -preguntó Edmund.

– No. Nada más.

– Yo sí tomaría uno pero tengo que conducir.

– Podría conducir yo.

Él movió la cabeza.

– No necesito coñac -Se reclinó en la silla-. Me lo has contado todo, pero aún no me has hablado de Alexa.

– Lo reservaba para el final.

– ¿Porque es algo bueno?

– Yo creo que sí. No estoy segura de lo que pensarás tú.

– Vamos a ver.

– ¿No te pondrás victoriano?

– Me parece que nunca lo he sido.

– Alexa vive con un hombre. Se ha instalado con ella en la casa de Ovington Street.

Edmund no respondió en seguida. Luego, pausadamente preguntó:

– ¿Desde cuándo?

– Desde junio, creo. No nos dijo nada porque temía darnos un disgusto.

– ¿Es que cree que él no va a gustarnos?

– No. Imagino que ella cree que te gustará mucho. Pero no sabía cómo ibas a tomarlo. Por eso me ha pedido que te lo diga.

– ¿Tú lo has visto?

– Sí. Tiene buen aspecto y es simpático. Se llama Noel Keeling.

La taza de Edmund estaba vacía. Hizo una seña a Luigi para que volviera a llenársela. Luego removió el azúcar con aire pensativo y la mirada baja sin dejar traslucir sus sentimientos.

– ¿Qué piensas?

– Pienso que estoy pensando que creía que esto no iba a suceder nunca.

– ¿Y te alegras?

– Me alegro de que Alexa haya encontrado a alguien que la quiera lo suficiente como para pasar mucho tiempo a su lado. Las cosas hubieran sido más fáciles para todos si hubiesen ocurrido de una forma menos dramática, pero imagino que hoy en día es inevitable que, antes de tomar una decisión, los jóvenes vivan juntos una temporada. -Bebió un sorbo de café caliente y dejó la taza en el platillo-. Lo que ocurre es que es una niña tan extraordinariamente cándida.

– Ya no es una niña, Edmund.

– Cuesta trabajo no imaginar a Alexa como una niña.

– Pues tendremos que acostumbrarnos.

– Ya me doy cuenta.

– La idea de comunicarlo a la familia la pone nerviosa. Ella me pidió que te lo contara pero, en el fondo, tengo la impresión de que no le hace gracia que se haya descubierto su secreto.

– ¿Qué crees que debo hacer?

– Nada. Va a traerlo a Balnaid en septiembre, para el baile de los Steynton. Y todos nos comportaremos con la mayor naturalidad del mundo… como si fuera un amigo de la infancia o un compañero del colegio. No creo que podamos hacer más. El resto depende de ellos.

– ¿Fue idea tuya o de Alexa?

– Mía -respondió Virginia, no sin orgullo.

– Eres una chica lista.

– También hablé con ella de otras cosas, Edmund. Le dije que, durante las últimas semanas, tú y yo no habíamos sido precisamente muy buenos amigos.

– Y no exagerabas.

Ella le miró fijamente con sus ojos brillantes.

– Yo no he cambiado de opinión -le dijo-. Ni he cambiado de actitud. No quiero que Henry se vaya y creo que es muy niño y que cometes un error; pero sé que esta tensión está afectándole y he decidido que debemos dejar de pensar en nosotros y pensar un poco más en los niños. En Henry y en Alexa. Porque Alexa me dijo que no vendría si seguíamos asesinándonos con la mirada porque no soporta la idea de que entre nosotros pueda haber mal ambiente -Hizo una pausa, esperando que Edmund hiciera algún comentario. Como él calló, prosiguió-: Lo he pensado bien. Intenté imaginar lo que sería ir a Leesport y encontrar a mis abuelos tirándose los platos a la cabeza y no pude, y así tenemos que ser nosotros para Henry y Alexa. No me estoy rindiendo, Edmund. Nunca aceptaré tu idea. Pero lo que no se puede curar se tiene que aguantar. Además, te he echado de menos. No me gusta estar sola. En Londres no hacía más que desear que estuvieras conmigo -Apoyó los codos en la mesa, con la barbilla entre las manos-. Porque te quiero.

Al cabo de un momento, Edmund dijo:

– Lo siento.

– ¿Qué te quiera?

Negó con la cabeza.

– No; siento haber ido a Templehall y haber decidido el asunto con Colin Henderson sin consultarte. Debí tener más consideración. Fue un acto despótico.

– Nunca te había oído reconocer que estabas equivocado.

– Y espero que no vuelvas a oírme. Duele -Le cogió una mano-. ¿Un armisticio?

– Con una condición.

– ¿Qué condición?

– Que cuando llegue el día fatídico en que Henry tenga que ir a Templehall, no me pidas que lo acompañe. No creo que físicamente sea capaz de hacerlo. Más adelante, cuando ya me haya acostumbrado a estar sin él, quizá. Pero el primer día, no.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Septiembre»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Septiembre» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Septiembre»

Обсуждение, отзывы о книге «Septiembre» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.