En septiembre de 1936 viaja a Kansas, en los Estados Unidos, a terminar los estudios de Teología y a especializarse en ética médica. En 1937 se traslada a Cleveland (Ohio), en donde tuvo la oportunidad de prestar un importante servicio apostólico a los inmigrantes latinos y españoles presos en las cárceles de máxima seguridad, “en donde se hablaba en español y se sufría en Inglés” 2.
Estando en Cleveland, el 6 de junio de 1938 recibió la carta del superior general, quien lo destinó como misionero en Japón, y el 30 de septiembre se embarcó en Seattle, rumbo a Yokohama, donde arribó los primeros días de octubre de 1938. Recién llegado se dedicó a conocer la cultura y a aprender el idioma. El padre Arrupe trabajó algunos años como párroco en Yamaguchi, una pequeña ciudad en el sur de Japón que fue evangelizada siglos atrás por San Francisco Javier.
Luego del ataque a Pearl Harbor, el Imperio japonés entró en la II Guerra mundial y declaró como sospechosos de espionaje a todos los extranjeros residentes en su territorio. El padre Arrupe fue encarcelado el 8 de diciembre de 1941 y sometido a interrogatorios durante un mes, finalmente fue absuelto y liberado. Al año siguiente fue nombrado maestro de novicios de la provincia de Japón, en Hiroshima. Allí pudo ser testigo directo de la explosión de la bomba atómica, lanzada por la aviación norteamericana el 6 de agosto de 1945, la cual destruyó la ciudad y causó más de doscientas mil víctimas entre muertos y heridos.
Ser testigo de este trágico acontecimiento le permitió al padre Arrupe poner al servicio de los heridos los conocimientos de medicina aprendidos en su juventud y distinguirse por su infatigable y eficaz servicio apostólico.
Luego de atender la emergencia en Hiroshima, el padre Arrupe comenzó un intenso trabajo, viajando a diversos países del mundo para alertar sobre los estragos de la bomba atómica y recoger fondos para los refugiados. El 24 de marzo de 1954 fue nombrado viceprovincial de Japón y cuatro años más tarde, provincial 3; cargo en el que se distinguió por su capacidad de liderazgo, diálogo y gestión.
El 22 de mayo de 1965, mientras asistía a la Congregación General XXXI 4, fue elegido superior general de la Compañía de Jesús en Roma, cargo que tenía el gran desafío de conducir a la Compañía en el proceso de renovación propuesto por el Concilio Vaticano II.
Durante los dieciocho años de su generalato, el padre Arrupe se distinguió por su capacidad de entender y afrontar los retos del mundo contemporáneo ante la evangelización, por su interés en llevar el mensaje evangélico a las diversas culturas y por su habilidad en comunicarse y relacionarse con todo tipo de personas.
Durante su gobierno, el padre Arrupe hizo innumerables viajes para conocer y acompañar la labor de los jesuitas en todo el mundo, en algunos de estos viajes vino a América Latina y a Colombia, en donde su principal preocupación era dar orientaciones sobre cómo entender la relación entre la evangelización y la promoción de la justicia. El padre Arrupe vino a Colombia 5varias veces; cuando era provincial, para dar a conocer la situación después de la guerra y recoger fondos para las obras de la Compañía en el Japón (1950, 1954 y 1955); y siendo superior general, con motivo de las Conferencias episcopales de Medellín (1968) y Puebla (1979). En enero de 1979 tuvo la oportunidad de estar como invitado en la III conferencia de Obispos de América Latina, reunida en Puebla (México), y confirmar la opción de la Compañía por la promoción de la Justicia Social. A finales de ese año, conmovido por la triste condición de los boat people 6en el sudeste asiático, funda en Roma el Servicio Jesuita a Refugiados.
En un viaje de regreso de Filipinas a Roma, el 7 de agosto de 1981, sufrió una trombosis cerebral que lo incapacitó para seguir desempeñando sus funciones, lo que lo llevó a renunciar al cargo vitalicio de superior general de la Compañía de Jesús. Luego de doce años de penosa enfermedad, el padre Arrupe muere el 5 de febrero de 1993. Fue sepultado en la Iglesia del Gesú, en Roma, en donde reposan sus restos para la veneración de todos los que reconocen su aporte y su testimonio de servicio y santidad a la Compañía de Jesús y a la Iglesia Universal.
Este corto repaso de la vida del padre Arrupe nos motiva a la lectura de sus escritos y nos invita a ser testigos del diálogo fecundo entre las preocupaciones del mundo contemporáneo y las respuestas que ofrece la espiritualidad ignaciana. Encontraremos textos de enorme belleza estética y espiritual como “Mi catedral” o de gran conciencia y responsabilidad social como “Hombres y mujeres para los demás”, textos que nos inspiran y nos ayudan a vivir de manera más auténtica y comprometida.
Esperamos que la comunidad Javeriana, después de leer y meditar sobre estos textos, tenga mayores motivos para comprometerse, inspirados por el padre Arrupe, con la misión de la Universidad de construir “una sociedad justa, sostenible, incluyente, democrática, solidaria y respetuosa de la dignidad humana” 7.
En esta edición se incluyó un glosario que compila algunas definiciones relevantes para la Compañía de Jesús. Así mismo, vale la pena mencionar que los textos de los epígrafes fueron publicados por la CPAL (Conferencia de Provinciales Jesuitas en América Latina) 8.
Viajes del padre Pedro Arrupe, S. J., mencionados en este libro
1El P. Arturo Sosa, S. J., superior general de la Compañía de Jesús, anunció la apertura del proceso de beatificación del Padre Arrupe, el 13 de julio de 2018, en la reunión de la Asociación Internacional de Universidades Jesuitas, en Bilbao, España.
2Tomado de “Arrupe, una explosión en la Iglesia”, de Pedro Miguel Lamet, S. J. ediciones Temas de Hoy, Madrid, 1989, Pag. 115.
3Es el cargo de gobierno en la Compañía de Jesús y otras órdenes religiosas que tiene bajo su jurisdicción un territorio que corresponde a uno o varios países. El “general” delega en los “provinciales” el gobierno de los jesuitas que viven y trabajan en determinados territorios.
4La Congregación General XXXI tuvo lugar en Roma, del 7 de mayo al 15 de julio de 1965; y del 8 de septiembre al 17 de noviembre de 1966. La razón de su convocatoria fue la elección del nuevo superior general y la actualización de la Misión y la vida de los jesuitas a la luz del Concilio Vaticano II.
5En una de sus visitas a Colombia en 1977, en la Javeriana pronunció un importante discurso: “Palabras del superior general de la Compañía de Jesús a los Decanos y Profesores de la Universidad Javeriana”, en Universitas Ciencias Jurídicas y Socioeconómicas, n.°53, 1977, pp. 21-32.
6Los boat people son las poblaciones de refugiados que viven en botes y que causaron gran impresión al P. Arrupe.
7Misión de la Pontificia Universidad Javeriana, Acuerdo 576 de 2013.
8Véase CPAL. Oraciones del P. Arrupe. Recuperado de http://historico.cpalsj.org/wp-content/uploads/2013/06/Oraciones-de-Arrupe.pdf
CAPÍTULO I
UNA ESPIRITUALIDADPARA EL MUNDO DE HOY
EL PRINCIPIO
Mantengamos intacto el principio:
El que se abre a sí mismo hacia el exterior
debe no menos abrirse hacia el interior,
esto es, hacia Cristo.
El que tiene que ir más lejos
para socorrer necesidades humanas,
dialogue más íntimamente con Cristo.
El que tiene que llegar a ser contemplativo
en la acción procure encontrar en la intensificación
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