¿Qué es lo que ha convertido a tantas mujeres en “únicas”? –me pregunté–. ¿En qué lugares de su entramado neuronal reside la habilidad para gobernar países, pilotear aviones, cambiarnos la vida con sus descubrimientos científicos, dirigir empresas y, al mismo tiempo, ser amas de casa, madres ejemplares, amigas siempre presentes, parejas y compañeras extraordinarias de vida?
Fue entonces cuando comencé a leer biografías de mujeres que, por una razón u otra, habían trascendido a través de los siglos. Esas historias me atraparon tanto como los avances de las neurociencias que, por cierto, me fascinan.
Desde Boudica, la reina de los icenos que, antes del año 61, generó una sublevación a gran escala nada menos que contra el Imperio Romano, hasta Malala Yousafzai, que en el siglo XXI se enfrentó con los talibanes y obtuvo el Nobel de la Paz siendo prácticamente una niña, las biografías que he leído me han asombrado tanto que decidí plasmarlas en estas páginas. Al terminar la obra, me di cuenta de que había escrito, en realidad, un homenaje a la mujer.
¿De dónde viene esta maravillosa combinación de inteligencia, resiliencia, sensibilidad e intuición que caracteriza a estas criaturas extraordinarias? ¿Dónde reside la fortaleza para atravesar las distintas etapas de la vida desafiando imposibles que se desprende de las historias que he leído y que comparto con el lector en esta obra?
Debajo del cráneo, las mujeres son muy parecidas a los hombres porque su cerebro está programado por la naturaleza para cumplir idénticas funciones. Sin embargo, existen unas cuántas diferencias. Por ejemplo, todos nacemos con un hipotálamo, pero uno de sus núcleos alcanza un mayor tamaño en el cerebro masculino.
Asimismo, hombres y mujeres revelan diferencias en cuanto al tipo de sensibilidad, el grado de agresividad, el funcionamiento de algunos sistemas de memoria, el procesamiento de la información, la toma de decisiones y las preferencias sensoriales, entre muchas otras.
También se observó que las mujeres en general tienen un cerebro más interconectado, lo que les otorga superioridad en habilidades relacionadas con el manejo del lenguaje y la conversación, y que no utilizan las mismas zonas cerebrales que los hombres para resolver problemas, aun cuando lleguen a idénticos resultados.
El modo de pensar y sentir también es diferente según el sexo, y en ello tiene mucho que ver la neuroplasticidad: nuestros cerebros son permanentemente modificados por la cultura; de hecho, nadie discute que, al igual que el masculino, el cerebro femenino tiene inscripto en sus redes neuronales un conjunto de arquetipos definidos por el medio social.
Para finalizar, los invito a leer esta obra, en la que profundizo en cada uno de los temas que aquí les adelanto y en muchos otros, con el pedido de que no soslayen las reseñas y las pequeñas biografías de las mujeres admirables que he seleccionado, en especial las de aquellas que son poco conocidas y a las que la humanidad les debe tanto.
También he incluido un conjunto de prácticas elaboradas especialmente para “ellas”, basadas en nuestro Método de Entrenamiento del Cerebro Femenino®, que ha sido diseñado para contribuir a la potenciación de las capacidades de la mujer en el trabajo y en la vida.
Y recuerden:
Independientemente de su edad, su ocupación y su lugar en el mundo, toda mujer puede potenciar sus habilidades cerebrales naturales, como la empatía, el lenguaje y la comunicación, y trabajar en pos del desarrollo de aquellas en las que quizás esté en desventaja con relación al hombre, como las visoespaciales y el razonamiento matemático.
Néstor Braidot
Capítulo 1
De Cleopatra a Malala
El cerebro femenino hace historia
Desde que el mundo es mundo, y siempre que se lo han permitido, la mujer demostró con creces sus capacidades para convertirse en una protagonista destacada, tanto por sus emprendimientos –que en numerosos casos la convirtieron en una empresaria exitosa– como por su indiscutible habilidad para desempeñar cargos importantes en ámbitos políticos, gubernamentales, científicos, empresariales, académicos y sociales (entre tantos otros).
¿Dónde reside, en qué se apoya, cuáles son los pilares de este desempeño que, desde mi lugar “masculino” en la vida, me ha dejado boquiabierto infinidad de veces?
Podría comenzar hablando sobre esa maravillosa combinación de inteligencia, fortaleza, sensibilidad e intuición que caracteriza a la forma de pensar, sentir y actuar de las mujeres exitosas, o por explicaciones de tipo neurobiológico en las que se basa gran parte de esta obra.
Sin embargo, y luego de haber leído infinidad de informes científicos, estudios psicológicos, biografías y, fundamentalmente, luego de años de trabajar e interactuar con ELLAS (las mayúsculas aquí no son casuales), estoy convencido de que hay un factor de tipo cultural inscripto en el cerebro femenino que, a lo largo de los siglos y sucesivas generaciones, les ha otorgado una fuerza de una intensidad inigualable. Ese factor es la resiliencia.
Desde Cleopatra Séptima, que llegó al trono en el año 51 a.C. y con solo 18 años defendió a Egipto en la lucha contra la expansión del Imperio Romano, hasta Malala Yousafzai, que obtuvo el Premio Nobel de la Paz en 2014 con una edad similar, la mujer se destaca por sus habilidades para emprender y perseverar.
Más aún, Cleopatra resistió hasta el extremo de matarse para no convertirse en esclava (cuando su pueblo fue invadido por los romanos) y Malala, si bien hoy reside en Inglaterra, continúa arriesgando su vida en la defensa de los derechos de las niñas y las mujeres en su país (Pakistán).
A diferencia de Cleopatra, que heredó el trono, Malala se abrió paso sola desde mucho antes: ya a los 13 años, y bajo el seudónimo Gul Makai, denunciaba en un blog de la BBC los sometimientos de la mujer bajo el régimen talibán. “Pensaron que con sus balas me callarían para siempre, pero fracasaron”, dijo en una oportunidad.
Y así fue… y así es. Nada ni nadie hizo callar y retroceder a las maravillosas mujeres cuya determinación, junto con sus capacidades cerebrales innatas y adquiridas, nos iluminarán a lo largo de esta obra.
Cerebros femeninos… en la práctica
La fortaleza de la mujer para atravesar las distintas etapas de la vida desafiando imposibles, sumada a las capacidades diferenciales de su cerebro (tanto en lo innato como en lo adquirido), se refleja claramente en los resultados que obtiene en los diferentes ámbitos en los que se desempeña.
En este apartado iré varias veces desde el presente al pasado, y viceversa, remitiéndome a hechos que datan de cien años atrás, por ejemplo, cuando en Occidente se produjo la primera ola de participación femenina en el mundo del trabajo organizacional (durante la Primera Guerra Mundial). Este hecho tuvo su correlato en el ámbito político, que permitió a la mujer demostrar con creces su enorme capacidad. Si bien su derecho a votar comenzó a instaurarse en el siglo XIX, esto es, demasiado tarde, tuvo una especie de efecto dominó, ya que varios países se fueron sumando rápidamente.
Entre los pioneros en legalizar el sufragio femenino se encuentran Nueva Zelanda (1893) y Australia (1902).
En Europa las mujeres pudieron votar por primera vez en Finlandia (año 1907) y luego en otros países escandinavos cuya organización social sigue siendo un modelo para el mundo entero: Suecia y Noruega.
En España el derecho de la mujer a votar fue reconocido en la Constitución de 1931; en Francia data de 1944; en Alemania, de 1918 y en los Estados Unidos, de 1920.
Afortunadamente, otros países fueron más allá, permitiendo a la mujer presentarse a elecciones y acceder al parlamento. Nuevamente, Finlandia dio el primer paso, constituyéndose en un ejemplo para el mundo sobre los grandes beneficios de integrar el enorme potencial del cerebro femenino a la toma de decisiones que definen el presente y el futuro de un país.1
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