II
Alaska1
Yupiit de la isla Saint Lawrence
La isla St. Lawrence (Sivuqaq en lengua nativa), situada en los 63º de latitud norte, se encuentra en el mar de Bering, a unos 320 km al sur del estrecho de Bering, y a unos 200 km al sudoeste de Nome (Alaska). El extremo noroeste de la isla está tan solo a 64 km de Rusia. Se cree que esta isla de 4.640,12 km², con una longitud de unos 150 kilómetros, es una parte del antiguo puente de tierra de Beringia que no llegó a sumergirse, y que unía Asia con América del Norte durante el Pleistoceno, lo cual favoreció la migración de grupos humanos, como ya hemos explicado anteriormente. El clima es ártico, no hay árboles y la vegetación del interior es de tundra ártica. La isla es el hogar de muchas aves y mamíferos marinos, principalmente debido a la influencia de la corriente de Anádyr, que es oceánica y fría y muy rica en nutrientes, la cual proviene de las aguas profundas del borde de la plataforma del mar de Bering. Además, al sur de la isla se encuentra una polynya permanente que se forma cuando los vientos predominantes del Norte y del Este golpean el hielo marino, alejándolo de la costa. Esta área de mar abierto alberga la mayor concentración mundial de aves eider de anteojos (Somateria fischeri), durante seis meses al año. Asimismo, esta polynya es un hábitat importante para los álcidos, algunas especies de gaviotas y aves marinas (Puffinus), morsas, ballenas boreales, diferentes tipos de foca y osos polares.
Las culturas prehistóricas e históricas de la isla muestran rasgos culturales parecidos con grupos de ambos lados del estrecho de Bering, aunque mantienen una mayor similitud con los Yupigyt de Asia. De hecho, aparte de la lengua, tienen bastantes diferencias con respecto al resto de grupos Iñupiat y Yupiit que podemos encontrar en Alaska, como por ejemplo: la existencia de clanes patrilineales; la ausencia de casas comunales para los hombres; diferencias en la construcción de las viviendas, la vestimenta, los estilos artísticos, y también en las características principales del sistema ceremonial que muestran fuertes similitudes con los Chukchis marítimos de la costa siberiana.
La isla fue poblada de forma intermitente hace unos dos mil años, y antes del primer contacto con el «hombre blanco» tenía una población de unas 1.500 personas. Vivían en asentamientos formados por pequeños grupos familiares relacionados de 20 a 200 individuos. Utilizaban las pieles de morsa para construir sus viviendas. En invierno cubrían con estas las casas semisubterráneas, generalmente hechas con bloques de turba colocados a veces sobre estructuras de madera flotante, huesos de ballenas o colmillos de morsa, formando normalmente una cúpula. Las casas, a diferencia de otros lugares de Alaska, eran circulares y solían presentar varios tamaños. Tenían un túnel de entrada subterráneo por debajo de la plataforma donde se habitaba. Esto se hacía para que el aire frío quedara atrapado en él. La tierra se usaba también como técnica de aislamiento. En verano se instalaban en sus tiendas hechas también de piel de morsa. Empleaban una lámpara de esteatita o de cerámica, alimentada con aceite de foca o de morsa, para dar luz y calor al hogar e igualmente para cocinar. El taladro de arco era una herramienta importante, usada para encender el fuego, perforando agujeros hechos en madera, hueso o marfil.
Los modelos tradicionales de subsistencia dependían de la estación y de la localización de los recursos, como era el caso de las ballenas, los mamíferos marinos (focas y morsas fueron los animales más importantes para este grupo Yup’ik), los pescados, los pájaros y las plantas. Cazaban básicamente en primavera y otoño, que eran las estaciones migratorias de los animales. Estos Yupiit presentaban una amplia variedad de instrumentos de caza y pesca, y otros artículos cuyo origen procede de varias etapas culturales que se dieron en la isla St. Lawrence y en la región del estrecho de Bering. Teniéndolo en cuenta, se ha podido determinar que los Yupiit integraron tecnologías de todas las zonas del estrecho de Bering en su forma de vida, modificando con el tiempo estas técnicas para crear herramientas y utensilios más acordes con sus necesidades.
Su cultura material tradicional contenía una variedad de herramientas de piedra, madera, hueso y marfil, hechas para cazar, curtir, tallar, perforar y afilar. En cuanto a los instrumentos de caza se refiere, tenían una gama sofisticada de cabezas de arpón, lanzas, sedales y flotadores de vejiga de foca que se utilizaban para cazar la ballena. Otros utensilios incluían tablas de raspado para atraer a las focas a los agujeros de respiración, arcos, flechas, lanzas, propulsores de lanzas, boleadoras para cazar pájaros, trampas, redes y ganchos para atrapar a los peces, etcétera.
Como medio de transporte, usaban el umiak o angyaq, un barco grande abierto de piel de morsa (hembra) de 4,5 a 8 m de largo (en otros lugares del Ártico, esta embarcación alcanzaba los 20 m de longitud), que podía transportar hasta quince personas y cargar con una tonelada de peso. Se empleaba para la caza de la ballena y la morsa, para viajar y para los intercambios comerciales o trueques. A veces, y como sucedía en otras zonas árticas, la embarcación podía usarse como cobijo temporal en tierra, dándole la vuelta y durmiendo bajo ella. No se sabe con certeza si llegaron también a navegar en kayak. La ropa tradicional estaba hecha de piel de caribú y también de morsa. La piel de foca se usó sobre todo para confeccionar la indumentaria impermeable. Las parkas (kuspuks/qiipaghaq) de las mujeres llevaban capucha, pero estos Yupiit, a diferencia de los grupos Iñupiat de Alaska y de los inuit orientales, no llevaban a sus bebés en ella. Al igual que los Yupigyt, tenían clanes patriarcales. Los Yupiit eran tanto endógamos como exógamos, ya que también se relacionaron con otros grupos inuit y con los Chukchis, con quienes establecieron uniones matrimoniales, comerciaron con pieles de caribú e incluso tuvieron enfrentamientos bélicos. Creían en la reencarnación y en la transformación del espíritu en otra vida, bien humana o animal. A los recién nacidos se les daba el nombre de los últimos fallecidos en la aldea (ritual epónimo). Los hombres solían tatuarse la cara con fines rituales.
El explorador danés Vitus Bering (1681-1741), al servicio de la Armada Imperial rusa, fue el primer occidental en llegar a la isla, el 10 de agosto de 1728 (día de San Lorenzo, de ahí el nombre de la isla). Hacia mediados del siglo XIX, se convirtió en un lugar estratégico de actividades comerciales entre balleneros estadounidenses, del norte del océano Pacífico y de los mares de Bering, Chukchi y Beaufort. Los barcos balleneros hacían escala en algunas poblaciones de la isla, para llenar los barriles de agua, para irse de juerga y para intercambiar marfil, barbas de ballena y ropa de piel (para abrigarse del intenso frío). A cambio, los nativos recibían armas de fuego, artículos para cazar ballenas, alcohol y enfermedades propias del «hombre blanco». Incluso a menudo, algunos miembros de la tripulación pasaban el invierno en la isla cazando ballenas, ayudados por los propios Yupiit. Luego, al llegar la primavera, los barcos regresaban para recogerlos.
Entre 1878 y 1879, las dos terceras partes de la población Yup’ik de la isla murieron a consecuencia del hambre (unos 1.000 de un total de 1.500). En 1894, se establecieron los primeros «no nativos», cuando el misionero presbiteriano Vene C. Gambell (1863-1898) llegó con su mujer para instalar un centro religioso en la población más grande de la isla, conocida como Sivuqaq (actualmente la ciudad de Gambell). Tras morir Gambell y su familia, en 1898 (el barco que los llevaba se perdió en el mar), empezaron a llegar misioneros, maestros y representantes del Gobierno de Estados Unidos. Uno de los personajes más importantes en aquel momento fue, sin duda, el Dr. E. O. Campbell, un médico misionero que estuvo más de diez años y que detalló en su diario los acontecimientos más relevantes durante su estancia en la isla. En sus escritos describió los conflictos con los chamanes por la conversión al presbiterianismo de la población autóctona y con los siberianos por comercializar con alcohol con los Yupiit. Igualmente, escribió acerca de los problemas con los principales capitanes de barcos nativos que no querían saber nada de sus interferencias con los ritos tradicionales de caza, con su aislamiento y con las decepciones por la falta de éxito.
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