Sobre los baños de bosque 
Bosque de Valorio.
© María Galán
Esta guía que estás empezando a leer es una expresión de la pasión por el bienestar del planeta de sus autores, profesionales de prácticas de bienestar basadas en la naturaleza. El texto es una invitación a la experimentación sensorial a través de cincuenta rutas elegidas con mimo por estos profesionales, personas que te abren la puerta de sus casas: los bosques en los que trabajan realizando baños y terapias de bosque.
A imagen y semejanza de las dinámicas que rigen la naturaleza, en esta guía de autoría colectiva quizá notes el espíritu de colaboración que impulsa a estos profesionales, que se han formado en el Forest Therapy Institute y en el Instituto de Baños de Bosque. También lleva la impronta de asociaciones de propietarios forestales a los que asesoramos, como la Unión de Silvicultores del Sur de Europa (USSE) y la Asociación Forestal de Navarra (FORESNA), compañeros de viaje que llevan el bosque en el alma y con los que empezamos esta andadura hace ya algunos años. Porque no debemos olvidar que, en este país, una gran parte del bosque pertenece a comunidades o propietarios privados que, en muchos casos, lideran iniciativas relacionadas con la salud y el bosque. También hemos contado con el apoyo de organizaciones y técnicos para quienes la conservación de los bosques de acceso público es toda una prioridad, como la Diputación de Barcelona, la Fundación Patrimonio Natural o la Junta de Castilla y León.
Estas primeras líneas no son una simple declaración de intenciones. El conjunto de todas ellas expresa el marco conceptual sobre el que se asienta esta guía.
Marco conceptual
El primer aspecto de este marco conceptual es que los seres humanos forman parte del mundo natural, donde todo está interconectado: la salud de las personas y el planeta son interdependientes. Esto es lo que se conoce como «una salud» o una «sola salud» o «ecosalud», la salud entendida como ecosistema. Algo que va en la dirección opuesta a la percepción general de que estamos separados y desconectados de la naturaleza. Quizá se trate de una percepción influenciada por los modelos tradicionales de salud humana, que ignoran el entorno en el que vivimos. Tal vez sea el momento de tomar conciencia de que las funciones y la salud de los ecosistemas interactúan con factores que influyen en tu salud y bienestar.
El segundo aspecto es una percepción holística de la salud en la que los ecosistemas actúan sobre la salud física (reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares, funciones endocrinas e impulsión del sistema inmunitario, reducción de la presencia de cortisol, disminución de los niveles de azúcar y efectos sobre el sistema nervioso, entre otros), la salud mental (reducción del estrés e incremento de la relajación, potenciación de emociones positivas, impulso de la capacidad de atención y cognitiva, entre otros), la salud social (identidad comunitaria, empoderamiento, disminución del aislamiento social e incremento del capital social y cultural), la salud espiritual (mediante las metáforas que ofrecen los espacios naturales, las personas pueden obtener una mejor perspectiva sobre el sentido del propósito de sus vidas), y, por último, la salud ecológica (con comportamientos de apoyo al medioambiente, las personas abren un camino beneficioso para ambos).
El tercer aspecto incide en que los bosques periurbanos y los espacios naturales, como los que encontramos en esta guía, deben formar parte de las infraestructuras de salud, convirtiéndose así en «redes estratégicamente planificadas de zonas naturales o seminaturales de alta calidad con otros elementos medioambientales, diseñadas y gestionadas para proporcionar un amplio abanico de servicios ecosistémicos como la depuración del agua, la calidad del aire, espacio para la recreación y la mitigación y adaptación del clima». Esta es la definición que hace la UE de una infraestructura verde o azul, que incluye los ecosistemas acuáticos y las zonas terrestres (incluidas costales) y marinas.
Los servicios ecosistémicos que prestan las áreas naturales y los ecosistemas funcionales son lugares en los que los ciudadanos pueden restaurar su salud y bienestar libremente y de forma asequible. Senderos dentro de los espacios naturales en los que disfrutar y poner en práctica actividades como las sugeridas en esta guía.
Un cuarto aspecto se basa en la certeza de que el 80 % de la salud de las personas está relacionada con las comunidades donde viven, trabajan, juegan y aman. Los parques y jardines de nuestras ciudades y pueblos deberían formar parte de una estrategia que facilite la creación de corredores verdes que trasladen al ciudadano desde el interior de las zonas urbanas a los bosques más alejados, ya que la ciencia avala que estos entornos aportan beneficios similares a los entornos naturales. Para ello se debería contar también con la colaboración de los propietarios privados, pues ayudan a disminuir la presión que ejercen los seres humanos sobre las áreas protegidas y parques naturales. De esta manera se podrán crear espacios alternativos y oportunidades de desarrollo económico en áreas rurales y fomentar trabajos verdes o ecológicos.
En quinto lugar, «los baños de bosque son una práctica salutogénica de conexión con la naturaleza que promueve la salud y tiene como objetivo mejorar el bienestar, aliviar el estrés y fomentar el reposo. Se basa en los principios de atención plena: la apertura de los sentidos a la atmósfera del bosque, disminuyendo la velocidad al caminar, inhalando el aire del bosque y fomentando una conexión emocional con el paisaje. Se involucra en una atención fácil». (Forest Therapy Institute, 2019)
Aplicación práctica
Vamos paso a paso también con la aplicación práctica. Los beneficios que enumeramos en el epígrafe anterior no son cuestión de magia, sino que se sustentan en la evidencia y en estudios científicos. Es algo que observamos diariamente en nuestra profesión, donde incorporamos la evidencia científica en nuestra metodología; además de la propia experiencia de los profesionales, que nos hace evolucionar. Algo que también hemos aplicado en la selección de las cincuenta rutas de esta guía.
La ciencia apunta que los entornos naturales nos ofrecen ambientes restaurativos. Los espacios verdes están asociados al relajamiento, los microbios del suelo con la reducción de la depresión, la luz solar con la producción de vitamina D y la salud ósea, el aire limpio y la existencia del agua, que genera espacios con una mayor presencia de iones negativos, ayudan con las dificultades respiratorias, y los compuestos orgánicos volátiles (VOC por sus siglas en inglés) impulsan nuestro sistema inmunológico.
En esta guía encontrarás información sobre el volumen de compuestos orgánicos volátiles emitidos en cada tramo de la ruta, en concreto de monoterpenos, también conocidos por relacionarse con los aceites esenciales de las plantas (en los mapas, números de color rojo asociados a cada tramo del camino). Además, cada ruta incorpora un gráfico que informa del nivel de ionización negativa del aire en cada tramo del recorrido (cada 100 metros).
Las plantas y árboles emiten estas sustancias para protegerse de depredadores y parásitos, atraer polinizadores, reaccionar a factores estresantes y para comunicarse entre ellos. Es como mínimo curioso que ante el estrés climático, generado posiblemente por factores humanos, los árboles reaccionen emitiendo sustancias que estimulan nuestro bienestar. Si lo hicieran los seres humanos, hablaríamos de altruismo. En un paseo por el bosque absorbemos los monoterpenos de forma física (inhalación) y los incorporamos a nuestro torrente sanguíneo o psicológico (a través del sentido del olfato). Los monoterpenos han sido asociados y se les supone un efecto beneficioso para la salud, pues potencian el sistema inmunológico, entre otros beneficios.
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