a) La estructura de personalidad y los propios rasgos que hacen que ella pueda ser más o menos reactiva, se exprese ante ellos de una determinada forma (tipo de léxico, ironía, gritos), muestre capacidad de espera, control, firmeza, etcétera.
b) Sus experiencias anteriores y la reiteración de situaciones similares a la que acontece en ese momento. De acuerdo con ellas, su reacción será de diferente modo.
c) Sus fantasías y pensamientos latentes, esto es, qué pensará y sentirá mientras ocurre ese “desorden” (“No puedo más, me quiero ir, los voy a matar, me tienen cansada, no sé más qué hacer”, etcétera).
d) En interacción con los puntos anteriores, su nivel (umbral) de tolerancia, el cual varía de acuerdo con su experiencia de vida, la situación personal en la que se encuentre, la frecuencia que tienen dichas alteraciones en el aula, etcétera.
e) Su capacidad de autocrítica (“En qué me estoy equivocando” o bien “me excede”) o su tendencia de poner afuera (proyectar) los conflictos que subyacen en el aula, expresando quejas sobre el grupo de revoltosos que le ha tocado este año, el sistema escolar y la falta de pautas claras desde la cúpula directiva, etcétera.
f) Sus temores latentes, principalmente en el hecho de llegar a ser “descubierta” por los demás (docentes, secretaría, personal directivo e incluso los mismos chicos) por su “falta de dominio y autoridad” en el aula.
g) Ante situaciones desbordantes continuas, llegar al replanteo de su elección profesional.
Como se podrá observar, son muchos los aspectos que pueden ponerse en juego dentro de la dinámica escolar, teniendo presente que lo hasta aquí mencionado fue focalizado exclusivamente desde el docente y ante una precisa situación de dinámica dentro del aula.
Por lo general, ante una situación “disruptiva”, la actitud predominante es la de “atacar” el foco de incendio, independientemente de poder analizar todas las partes comprometidas en ello.
En los próximos capítulos se irán planteando otras situaciones que conforman este importante desafío que se juega al estudiar con mayor detenimiento el establecimiento de los vínculos interpersonales dentro del ámbito escolar
ACTIVIDADES
Hay innumerables actividades y propuestas para poner en práctica estos primeros conceptos vertidos. Se propone aquí cuatro posibles estrategias que posibilitarían la apertura y la reflexión en clase.
Debe recordarse que las propuestas lúdicas y las reflexivas requieren una especial atención a la edad cronológica con que se trabaje y al momento particular que se esté transitando junto a los chicos.
1. Trabajo con imágenes
Para que el grupo pueda empezar a visualizar de manera concreta cómo cada uno puede llegar a ver algo diferente al otro, se puede trabajar con alguna lámina, pintura, foto u objeto indefinido que pueda promover diversas lecturas, todas legítimamente posibles.
Con ello se puede favorecer la reflexión sobre la diversidad de criterios y actitudes que cada ser humano posee, y ver que no necesariamente hay una “única verdad”.
Una dinámica posible es la de dividirlos en subgrupos para que miren la lámina con alguna consigna (por ejemplo, que digan qué es lo que pueden ver allí, qué puede estar pasando allí, qué sienten al contemplar la imagen, etc.). Luego cada subgrupo expondrá sus coincidencias y disidencias sobre lo que han llegado a trabajar.
Finalmente se conceptualiza sobre lo ocurrido y se puede articular con que cada uno puede llegar a ver o interpretar una misma realidad de muy diversas maneras, y que éstas pueden llegar a ser todas válidas y legítimas.
2. Trabajo con videos
Ésta es otra manera diferente de promover la atención y el interés, sobre todo los de los chicos, en aras de poner de manifiesto determinados aspectos sociales a trabajar conjuntamente.
En lo que refiere a “vínculos interpersonales”, determinadas partes de la tira Los Simpsons, o bien algún otro material fílmico donde pueda vislumbrarse cómo se producen desencuentros a la hora de comunicarse mutuamente, promovería visualizar en el afuera aquello que muchas veces se torna obstáculo para que haya una verdadera interacción y compromiso con el otro.
La dinámica será introducir el tema, pasar un corto seleccionado, pedir el trabajo en subgrupos con determinadas consignas que conlleven un análisis y un debate de lo observado, la elaboración de un resumen conceptual y la posterior exposición por parte de cada subgrupo. Finalmente, se elaboran las conclusiones sobre los aportes que cada subgrupo dio y los temas centrales que se han llegado a abordar en esta propuesta.
3. El trabajo con textos
Hay aquí un enorme caudal de posibilidades, adecuando el estilo de texto seleccionado según su objetivo y grado de complejidad, y considerando la edad evolutiva de los chicos con quienes se va a trabajar. Pueden llegar a ser algunos párrafos compuestos por algún escritor o poeta, relatos, leyendas o historias, etcétera.
La dinámica variará de acuerdo con la edad de los chicos, así como con los objetivos que se deseen alcanzar.
En este sentido, se deberá tener presente con qué edades se está trabajando, ya que suele ocurrir que en los primeros años del aprendizaje de la lectura la comprensión y el análisis requieren de un esfuerzo mayor. Suele observarse cómo los chicos se detienen en poder leer bien y dejan de lado qué les está diciendo el texto que leen.
A medida que el proceso cognitivo va complejizándose, tendiendo a alcanzar un nivel de abstracción, se posibilitará una mayor complejidad en lo que un texto puede exigirles reflexionar y elaborar sus propias conclusiones.
Muchas veces contribuye a la dinámica leer el texto para todos y que luego cada uno pueda tenerlo en sus manos como apoyo para resolver las consignas que se planteen.
Doy a continuación un modelo de texto. Una opción posible es que, luego de la lectura, puedan plantearse dos o tres preguntas, que promuevan analizarla y articularla tanto con la vida cotidiana como, sobre todo, con la temática a trabajarse en la clase. Otra opción es que puedan reconstruir un final diferente del original.
Texto modelo
Luz
El líder le contó a su grupo: “Varias personas habían quedado encerradas por error en una oscura caverna donde no podían ver casi nada. Pasó algún tiempo y uno de ellos logró encender una pequeña antorcha, pero la luz que daba era tan escasa que aun así no se podía ver nada. A esta persona, sin embargo, se le ocurrió que con su luz podía ayudar a que cada uno de los demás prendiera su propia antorcha y así, al compartir la llama con todos, la caverna se iluminó”. El líder les preguntó: “¿Qué creen que podemos aprender de esto?”. Y uno de los integrantes del grupo respondió: “Nos enseña que nuestra luz sigue siendo oscuridad si no la compartimos con el otro. Y también nos dice que el compartir nuestra luz no la desvanece, sino que por el contrario la hace crecer”.
4. Trabajo con juegos
Por último, se propone el modelo lúdico, modelo por excelencia para los chicos, que pareciera ir perdiéndose al tornarse adultos.
Según la temática que se desee trabajar en el aula, será el tipo de juego que se lleve a cabo.
Por supuesto, toda propuesta de actividad está sujeta a la edad cronológica con la que se trabaje. Éste es un punto clave no sólo para lograr la atención de los chicos sino para que los efectos perseguidos puedan alcanzarse con éxito.
Si, por ejemplo, se deseara trabajar la temática de “no molestar al compañero”, se puede ofrecer la teatralización como un modo lúdico posible. Se prepara un texto determinado, se distribuyen roles de los personajes –que verdaderamente quieran participar– y se les da un breve tiempo de preparación y puesta en acuerdo. Uno puede darles todo armado o bien ofrecerles los ejes y la idea, y que ellos mismos recreen los personajes y el diálogo a entablarse.
Читать дальше