1 ...6 7 8 10 11 12 ...18 En ese momento escuchamos la puerta abrirse. Ambos miramos a Liam con el pomo en la mano. Mi estómago se revolvió y un sabor amargo llegó a mi garganta.
—Vaya, perdón. Solo quería saber si estabas bien —me dijo Liam.
Rayos. ¿Podía ser la situación más incómoda? Me aclaré la garganta y tragué esa sensación extraña.
—Estoy bien. Ya volvía dentro —respondí.
Sin mirar de nuevo a Kyle, caminé pasando a Liam y entré en la casa. Mi cabeza daba vueltas y vueltas como una noria. Me llevé una mano al estómago, no aguantaría mucho. Noté la mano de Liam en mi espalda en el momento en que todo subió a mi boca. Mierda.
—¿Estás bien? —preguntó.
Yo levanté un dedo a modo de espera y salí corriendo al baño. Ni siquiera me preocupé de cerrar la puerta. Me precipité al váter y empecé a echar todo lo que había bebido y probablemente comido durante los últimos tres años. De pronto noté cómo alguien recogía mi pelo de la cara y lo sujetaba para que mi repentino vómito no lo manchara. Me giré para ver a Liam con semblante preocupado de cuclillas a mi lado, observando mi horrible aspecto de borracha vomitiva. Genial. Estupendo. No pude decirle nada antes de que las arcadas volvieran y metiera de nuevo mi cabeza en el váter para seguir con lo mío.
Dios mío, qué vergüenza.
Solo podía pensar eso. Me había peleado con Kyle por el beso como una idiota, hablando sin sentido y sin vocalizar. Liam nos había pillado, aunque no sabía qué coño había oído o qué había deducido que pasaba. Encima me había puesto a vomitar y el pobre había tenido que venir en mi ayuda. En otra vida fui una mala persona seguro.
Cuando terminé de echar todo fuera me senté en el suelo apoyando la espalda en la bañera. Qué lamentable era. No podía ni mirar a la cara a Liam. Él se sentó a mi lado.
—¿Mejor? —cuestionó.
—Más o menos.
—Has bebido demasiado, parece que tu cuerpo no está acostumbrado.
Su voz era tan dulce que me hacía sentir mal conmigo misma.
—Oh, no. No lo está. Pero soy idiota, qué se le va a hacer.
—No eres idiota.
Le miré. ¿Cómo podía ser tan bueno conmigo cuando me había comportado como una imbécil? No lo merecía.
—Oye… Lo siento —dije. Liam levantó ambas cejas.
—¿Lo sientes? ¿Por qué?
—Pues por esta noche. Por la noche pasada también. No te dejé entrar y hoy no sé… he actuado como una tonta. No he respondido a la pregunta porque me daba vergüenza y al final… Y encima has venido a ayudarme mientras mi dignidad se iba por el retrete.
Liam se rio y yo le atisbé sorprendida.
—No te preocupes. Yo también tenía vergüenza. Además, no es la primera vez que hago esto, te recuerdo que vivo con siete hombres a los que les gusta el alcohol.
No pude evitar sonreír como una tonta. Había conseguido hacerme sentir mejor. Y solo imaginarme a los chicos vomitando en el váter me daba ganas de reír. Liam alzó una mano y apartó el pelo de mi cara colocándolo detrás de mi oreja. Me quedé mirándole sin saber qué hacer. Sus ojos castaños eran más claros que los de Kyle, su mirada era distinta. Era diferente a lo que sentía con Kyle, pero Liam creaba en mí una calidez extraña. Me sentía a gusto y tranquila. ¿Qué se supone que significaba eso?
De pronto la puerta del baño se abrió y Daniel apareció en el umbral. Nos miró ladeando la cabeza como si nos hubiera pillado haciendo algo fuera de lugar. Aunque quizás en su estado lo era, ya que estábamos sentados en el suelo contra la bañera mirándonos como idiotas. Ah, y yo debía de tener un aspecto horrible.
—¿Qué estáis haciendo aquí tanto rato? —inquirió con un tono insinuante que conocía muy bien.
—Nada, solo vine a vomitar y Liam me sujetó el pelo.
—¿Has vomitado?
Daniel se agachó frente a mí y movió mi cara de un lado a otro, luego sacudió la cabeza.
—Ay, primita, no sabes beber.
—Yo mejor salgo —dijo Liam.
—Será mejor que se vayan todos —declaró Daniel. Liam asintió.
Y de ese modo, salí a despedirme de todos queriendo morirme porque Daniel contó que yo me había puesto mala de ser tan borracha. Recibí alguna que otra palmadita en la espalda y abrazos por parte de Luke y Charlie. Damon me explicó una peculiar receta contra la resaca, Tayler y Scott poco dijeron, se sujetaron uno al otro de camino a la puerta. Christian me guiñó un ojo antes de irse, aún convencido de que podía ligar conmigo. Liam parecía más nervioso que antes de la fiesta y me dijo adiós con una sonrisa.
Y Kyle, bueno, él simplemente me observó desde lejos y se despidió con un asentimiento de cabeza. Era evidente que estaba ofendido. Puede que me hubiera pasado un poco con él, mas no lo pude evitar. Me sentí acorralada, y odiaba esa sensación.
Solté un profundo suspiro cuando todos se marcharon. Daniel rodeó mis hombros con su brazo.
—Ya has tenido bastante por hoy, ¿eh? A dormir la mona.
Le miré con odio.
—No quiero más fiestas.
—Pero si lo has pasado fenomenal. —Se rio y caminó hasta su cuarto—. Buenas noches, enana.
Le fulminé con la mirada mientras lo veía entrar a la habitación y decidí hacer lo mismo. Ya nos encargaríamos al día siguiente de recoger todo y volver al mundo real. Me tiré en la cama tal cual estaba, con el vestido incluido. No tenía ánimos de moverme para cambiarme. Estaba agotada. Antes de quedarme dormida escuché una voz en mi cabeza: «Yo sí que quería besarte».
Maldito seas, Kyle, déjame dormir.
* 5 * Dudas
Cuando me miré en el espejo me di cuenta de que parecía un oso panda. Después de la noche que había pasado, me había acostado en la cama tal cual, con ropa y maquillaje incluido. Lo que había ocasionado que mi aspecto matutino diese absoluto miedo. El rímel se me había corrido manchando la zona inferior de mis ojos, que estaban vidriosos, mi pelo estaba totalmente despeinado, hasta que pensé que quizás unos pájaros habían decidido anidar allí. Mi apariencia en general se asemejaba más a una loca o drogadicta después de una noche agitada.
Suspiré ante mi reflejo y me metí a la ducha sin pensarlo dos veces. El agua tibia que resbalaba sobre mi cuerpo era un gran alivio. Conseguí quitarme la suciedad y despejarme un poco de todo lo que sucedió durante la noche.
Besar a Kyle, gritarle después en estado de embriaguez y vomitar ante los ojos de Liam no era precisamente lo que me habría gustado para mi fiesta de bienvenida. Pero ya no podía dar marcha atrás.
Fui a la cocina una vez limpia y despejada para prepararme un café bien cargado. Daniel apareció en el umbral con un aspecto más aterrador que el mío antes de la ducha. Le miré alzando una ceja.
—Ay, primito, no sabes beber —me mofé.
—Eh, me has robado la frase —contestó con voz gutural.
—Tengo mucho mejor aspecto que tú, por suerte.
Se acercó y puso café en su taza.
—Yo por lo menos no hice cosas indecentes. —Una sonrisa malévola apareció en su rostro y el instinto de lanzarle el café caliente fue repentino.
—Ya te gustaría haberte divertido tanto como yo.
Dicho esto, salí de la cocina pavoneándome como una modelo. Terrible mentira había soltado porque de divertido no había tenido nada. Bueno, quizás el beso sí y… no, no lo fue. O sí. No. Sí. Vale, me gustaría repetirlo, para qué negar.
Suspiré dramáticamente mientras me lanzaba como un saco de patatas al sofá. Mi móvil comenzó a sonar y vi en la pantalla que era mi madre, me planteé si cogerlo o no, ella podía ser igual de agotadora que mi primo, se notaba que tenían la misma sangre. Finalmente descolgué.
—Cielo, ¿cómo estás? —Su voz alegre me hizo sonreír.
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