Me miró con curiosidad y obligué a mi boca a abrirse para hablar.
—Hola —dije de forma automática—. Soy Emma, la vecina que va a dar la fiesta. Esto…
No me dejó acabar, sonrió tímidamente y me hizo un gesto para que entrara. Espera, esa sonrisa no es lo que me esperaba.
—Claro, pasa. Soy Tayler —dijo con voz inocente cuando entramos.
¿Qué? Un chico con cara de asesino y voz dulce. Eso no tenía sentido en mi cabeza. Le miré sorprendida y luego me las ingenié para sonreírle. Tayler. El que trabajaba en una tienda de música si no recordaba mal.
—Es un placer. —Recordé por qué había ido—. Mi primo ha olvidado la coca-cola, quiere que vosotros llevéis.
Antes de que pudiera responderme escuché mi nombre. Era Liam, que se acercó a nosotros. Estaba tan guapo como siempre, pero instantáneamente me sentí inquieta recordando por qué no quería toparme con él esa mañana.
—La fiesta es en tu casa. ¿Lo sabías? —Se jactó con una encantadora sonrisa.
—Eh… Sí, claro. Pero es que nos falta coca-cola. Se lo estaba diciendo a… esto… Tayler.
—Oh, está bien. Voy a la cocina y cogeré un par de botellas —anunció mientras se daba la vuelta. Parecía un poco nervioso. Ya éramos dos.
—Entra y bueno… Siéntate dónde quieras —me ofreció Tayler. Ese chico seguía siendo un enigma para mí.
Fue entonces cuando me percaté de dónde estaba y guie mis ojos alrededor del piso. La verdad, no estaba tan desordenado como me había imaginado en un principio. Pensé que habría cosas tiradas por todas partes, latas vacías de cerveza en el suelo, pósters de mujeres desnudas y todo eso. ¿Lo normal, no? En cambio, tan solo había algunos montones de ropa en un sillón y paquetes vacíos de snacks en una mesita central. Parecía limpio y no olía a orgía. Me senté con cuidado en el sofá y esperé quietecita.
—¡Kyle, te he dicho que no dejes los calzoncillos tirados! —gritó una voz que me sobresaltó.
Un chico algo bajito de estatura salió de lo que parecía el cuarto de baño con el ceño fruncido. Tenía los ojos tan grandes que parecía un búho, pero era de alguna forma adorable. Un momento, ¿había dicho que Kyle dejaba los calzoncillos tirados? El susodicho apareció sin camisa haciendo que mis ojos se abrieran de asombro ante su atractivo y alarmantemente bronceado torso desnudo. Tuve que pegarme a mí misma una bofetada mental para cerrar la boca.
—Lo iba a recoger —replicó, divertido.
—Ahora, venga —ordenó el Búho. No sabía cómo se llamaba.
Ese chico parecía ejercer de madre del grupo. Kyle puso una camiseta sobre su pecho ignorando que yo estaba allí. Caminó hacia el salón, entonces sus ojos negros se encontraron con los míos y algo de sorpresa pasó por su rostro para después dibujar una sonrisa seductora.
—¿No podías esperar? —preguntó pícaramente. Le dediqué una sonrisa falsa.
—Recoge tus calzoncillos.
Él se rio y se dirigió hacia el baño. Uff, maldita sea, esos chicos me llevaban de cabeza.
—¿Eres Emma? —inquirió Búho acercándose a mí. Al fin me había visto.
—Sí. —Sonreí.
—Soy Damon. Perdona el desastre, estos tíos son unos guarros.
—Tranquilo… —llegué a decir antes de que Liam apareciera de nuevo en la sala.
—Estaba buscando algo que llevar. He cogido algunos aperitivos y unas cervezas también —me explicó con las manos llenas.
—Oh, no te preocupes. Mi primo ya se ha asegurado del alcohol.
Liam me miró algo aturdido y sonrió, vacilante. No supe si la idea del alcohol le gustaba o le aterrorizaba. Le ayudé con el peso de cosas cogiéndole algunas, y alguien me quitó una botella de las manos. Kyle estaba junto a mí.
—Vamos, yo ya estoy. Dejemos esto allí —dijo.
En ese momento Scott apareció con… ¿una chica? Vestía como un chico y tenía el pelo corto, pero su carita era demasiado dulce y perfecta. Tenía mis dudas. ¿Sería su novia?
—¿Ella también viene? —le pregunté en voz baja a Liam. Él frunció el ceño.
—¿Ella? —Miró en la misma dirección que yo.
—Ella en realidad es él —aclaró Kyle sonriendo con suficiencia.
Oh, mierda.
Los dos se acercaron y Scott me saludó con la cabeza. Ni siquiera se sorprendió de verme allí. El recién descubierto chico a su lado sonrió dulcemente haciendo que se formaran dos hoyuelos en sus mejillas. Dios mío. ¿Cómo podía ese rostro de muñeca ser de un chico? Encima tenía la piel muy blanca y el pelo del color del caramelo. Daban ganas de meterlo en una caja y ponerlo en una estantería.
—Hola, soy Luke —se presentó.
—Emma. La vecina de enfrente, ya sabes.
—Creía que eras una chica —soltó Kyle.
Me puse roja al instante y giré la cabeza rápidamente para fulminarle con la mirada. ¿Cómo podía ser tan capullo? Miré a Luke, que había fruncido el ceño. ¿Se había cabreado?
—Lo siento, es que no te había visto bien —mentí. De cerca incluso parecía más chica. O eso o un niño pequeñito y adorable.
—No pasa nada —dijo con un tono algo cortante. Intentaba disimular que le había molestado.
Tierra, trágame.
Kyle rio de nuevo con esa risita seductora. Le empezaba a odiar.
—Imbécil —mascullé.
—¿Ya están todos? —preguntó Liam.
—Creo que sí. Bueno, Christian lo dudo, ya sabes cómo es —dijo Luke.
En ese momento un chico aparentemente muy entusiasmado apareció en el salón. Sus orejas tenían un tamaño considerable y su sonrisa era tan inmensa que daba miedo. Cuando me vio se acercó alegremente.
—¡Hola! Soy Charlie. Tienes que ser Emma. ¿Verdad?
—Sí —respondí con una sonrisa. A pesar de todo, parecía muy simpático—. He venido a robaros algunas provisiones —bromeé y él se rio.
Ya había conocido a siete chicos. Tan solo me faltaba uno. Bueno, no había sido para tanto. Eran un grupo bastante variopinto, pero parecían agradables. Excepto Kyle, claro.
No tardé mucho en completar la lista de vecinos. Un chico salió por el pasillo pasándose una mano seductoramente por el pelo rubio. Se acercó lentamente como un puma a su presa, y cuando puso sus ojos en mí, sus labios tiraron hacia arriba en una media sonrisa. Su mirada era tan intensa que hacía parecer que estaba intentando cautivarte todo el tiempo. Y por su forma de moverse, debía de creer que era el hombre más atractivo del universo.
—Hola —saludó engatusadoramente.
Tuve el impulso de levantar una ceja, pero me contuve. Era un conquistador nato y conmigo tenía poco que hacer.
—¿Qué tal? —contesté de manera casual.
—Bueno, ahora sí. Vámonos —intervino Kyle.
Le miré y me di cuenta de que estaba lanzando una misteriosa mirada de advertencia a Christian. ¿Por qué hacía eso? ¿Por qué intentaba ligar conmigo?
Al final nos pusimos de acuerdo y todos caminamos hasta mi apartamento. Daniel se sorprendió al verme con aquellos ocho chicos.
—Y eso que solo te pedí las coca-colas —dijo.
***
La esperada fiesta comenzó. Daniel puso la música bastante alta para nosotros, pero las paredes eran buenas así que intenté no preocuparme por molestar. Me dediqué a beber refresco de naranja mientras veía a los chicos jugar a juegos estúpidos en la wii. Hablamos de miles de tonterías sin sentido y reímos. No estaba yendo tan mal la fiesta.
Mi primo me hizo beber algo de cerveza y me alegré de que no estuviera muy amarga. En cambio, ellos no tenían ningún reparo en ingerir alcohol. Kyle reía más de lo normal y empezaba a decir cosas extrañas, sin embargo me resultó divertido verle así. Liam era uno de los que menos bebía, junto con Damon. Todavía sentía vergüenza en su presencia y al parecer él también, porque estaba intentando no acercarse demasiado a mí. Christian probó a seducirme alguna que otra vez sin conseguir nada. No me resultó molesto, más bien cómico. No se le daba especialmente bien cortejar a las mujeres.
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