La producción imaginaria no pudo evitar la construcción del laberinto urbano, pleno de ofertas fantasmales e ilusiones de humanidad posible, que sus irremediables pobladores debieron asumir, a pesar del deterioro de sus condiciones de existencia. Esas zonas de urbanidad también son reconocidas bajo el nombre de Monroe, aunque hay otros Monroe. Muchos de sus habitantes, agobiados por el horror de la vida citadina, abandonaron las ciudades y se internaron en los otros territorios en donde, a pesar de que siguen perteneciendo al mismo sistema administrativo, todo parece más reciente, casi inicial. El Monroe rural es, entonces, un área de búsqueda de la novedad y de sensaciones salvíficas, aunque no puede evitar ser víctima del mundo que le precede. El relato era tan confuso que los cronistas solían enredarse con esa geografía tan cargada a la dispersión nominal-territorial.
Persiste en esas lejanías el mito de que hubo un momento en que todo era al revés, en donde los pobladores querían trasladarse a las ciudades porque parecía una forma válida y liberadora de hacer las cosas, pero las luchas de poder y la especulación de los suelos pervirtieron el orden administrativo. Eso dicen ciertas crónicas archivadas en los derruidos centros de acopio documental de Monroe.
La ciudad eje o capital de Monroe es Ciudad Caníbal. Así es admitido por la tradición y/o por el uso. Lo concreto y verdadero es que Ciudad Caníbal ha perturbado profundamente el modo habitual de vida del Monroe ancestral y endémico, que también llaman periférico o, simplemente, la provincia. Su modelo de crecimiento extensivo la convirtieron en un enclave invasor que impone verticalmente sus modos y costumbres al resto. Es decir, Ciudad Caníbal tiene carácter dominante, más allá de la cuestión administrativa y política. Es en este punto en donde todo se hace aún más confuso y complicado. Por eso tuvo que surgir un proyecto emancipador que lo ordenara todo.
Ese territorio múltiple y dispar del Monroe periférico está compuesto de varias zonas accidentadas y discontinuas, cruzadas espectacularmente por múltiples sistemas hidrográficos o imponentes caídas de agua, también llamados ríos, que provienen de las altas cumbres nevadas. El panorama territorial y ficcional supone un archivo de enclaves paisajísticos que, según cierta clasificación provisoria, serían los siguientes, a partir de una razón longitudinal:
–La Pampa Seca: áreas de desierto que derivan en unas altas planicies, pellizcando las elevadas cumbres de una cordillera extendida. Allí los astros imponen un brillo insospechado para el habitante urbano común. En sus suelos hay una gran riqueza mineral que el aborigen ha explotado por siglos. En sus alturas prolifera una fauna camélida provechosa y nutricia, conviviendo con plumíferos majestuosos que vigilan la alta cordillera. Y una flora restrictiva, pero fogosa, alardea junto a salares kilométricos. También es posible el avistamiento de residentes originarios que, en concurridas caravanas, se trasladan a comerciar sus productos a zonas más bajas, llegando incluso al mar.
–Los Hermanos de la Costa: espacio poblado que se ubica en una gran bahía y que incluye un amplio borde costero. Se trata de un Monroe inexorablemente sinuoso y peninsular, con golfos y desembocaduras de ríos y otros giros costeros diseminados en una larga extensión maritorial. Comprende, además, una profusa fauna y flora marina, y de humedales que le dan al territorio una gran vitalidad ecológica. La pesca y la recolección de moluscos son fundamentales para su subsistencia, pero también constituye una manera de habitar el territorio, incluyendo su vocación de navegantes.
–Las Montañas Húmedas o la Frontera: enclave fronterizo, no solo porque separa dos sistemas climáticos y dos formas de vida completamente opuestas, sino porque también, históricamente, fue el gran muro que resistió la invasividad de Ciudad Caníbal. Está compuesta de una cadena montañosa densamente arbórea. Allí las faenas forestales y ganaderas son estratégicas, aunque no son menos importantes la pesca lacustre y fluvial, y la caza de animales indómitos. Su gran riqueza hidrográfica y la profusión de caídas de agua, en consecuencia, lo convierten en un lugar privilegiado para la producción de energía, lo que determinaría el desplazamiento de ciertos intereses.
–La Zona de los Canales Australes: anuncian el fin de la tierra conocida y otras leyendas análogas y portentosas. Un estrecho pasaje marino recala en una trama insular en donde tiene su origen la dinastía de los Button, célebres canoeros y viajeros que tuvieron la osadía de internarse en el inmenso océano, convencidos por unos viajeros que venían de lejanísimos mundos.
Las crónicas de la Frontera, depositadas en los archivos de Ciudad Caníbal, que centralizó toda esa documentación, cuentan la historia de un muchacho llamado Conrad que, por deber hereditario, dirigió una rebelión contra el poder central que ejercía Ciudad Caníbal; uno de sus efectos era la intervención de la riqueza hídrica de las Montañas Húmedas. Ciudad Caníbal tenía barriadas periféricas o micro ciudades que, en algunas crónicas son consignadas como Ciudades Carnívoras y que solían funcionar como urbes dormitorio o como ciudades factoría. En este punto todo se vuelve contradictorio, nada de eso es muy verosímil. Lo más concreto es que Ciudad Caníbal era el área de regencia, es decir, tenía un dominio total del territorio que comprendía Monroe.
Conrad habitaba, junto a su familia, esa zona de lagos, ríos y montes boscosos, conocida como las Montañas Húmedas o la Frontera. Era, además, su lugar de nacimiento. Cuando pequeño fue enviado a una larga temporada de educación y formación donde los Hermanos de la Costa. También pasó un periodo internado en la Academia de Altos Estudios de Ciudad Caníbal. Anduvo, además, aprendiendo artes de pesca en los Canales Australes, porque estaba emparentado con el linaje de los Button. Eran permanencias precisas y limitadas en el tiempo, que implicaban la adquisición de experiencias de conocimientos clave para su formación de guerrero y de jefe.
El muchacho no alcanzó a conocer la Pampa Seca, porque su padre, el cacique Huenteo lo dejó a cargo de toda la familia cuando apenas era un adolescente, por lo que sus viajes de formación quedaron interrumpidos. Su padre había comenzado a ser perseguido por resistir la voluntad hegemónica de Ciudad Caníbal. Tuvo que abandonar la región y cruzó la cordillera, para refugiarse donde unos parientes que habitaban al otro lado de la cadena montañosa. Era la época en que la faena predominante era la extracción forestal.
Conrad archivó en su memoria las experiencias adquiridas en su formación como guerrero, y como habitante territorial que aspira a ser jefe de su pueblo. Recuerda con mucho cariño los Canales Australes y sus aventuras canoeras. La caza de lobos y la lucha por mantener el fuego encendido al interior de las embarcaciones. Cómo olvidar el episodio en que ese barco inglés, en el que viajaba un célebre clasificador de objetos, tomó contacto con ellos e intercambiaron algunos presentes; al poco tiempo algunos de sus parientes viajaron a esas lejanas tierras. También debió leer crónicas y poemas de los vates territoriales, y buscar explicaciones en las enseñanzas que surgían de las epopeyas clásicas, así como los relatos de los caminantes y aventureros. Otra línea de aprendizaje la constituyó la lectura (y también composición) de haikus, para internarse en los acontecimientos y construir realidades nuevas. Hubo maestros zen que llegaron hasta allá, gracias a misteriosas políticas de la reencarnación, y le mostraron nuevos caminos de humanidad que él supo atesorar en su conciencia iluminada.
Mirada desde afuera, la rebelión (a)parecía (como) una reacción histórica característica de cierto periodo de modernidad temprana, en que las áreas rurales reaccionaron violentamente contra las zonas urbanas dominantes. Algunos relatos consignan que años atrás la Pampa Seca se rebeló contra Ciudad Caníbal, pero como no fue una acción concertada con los otros territorios, según un diagnóstico posterior, la rebelión fue controlada a sangre y fuego, y obviada de los anales. Solo permaneció archivada en la memoria de algunos contadores de historia pampinos que la sostuvieron con sistemas clandestinos de documentación, como en ritos funerarios y en dibujos encriptados en los cerros. Todo eso circularía después como novela histórica y como procesos institucionales sin mucha coherencia estratégica. Los aparatos oficiales desacreditaron el género y el recurso narrativo, reduciéndolo al desvarío de un abuelo desmemoriado intentando contarle a su nieto la historia de un pueblo ficticio.
Читать дальше