1 ...7 8 9 11 12 13 ...19 Para Janet Malcom, este trabajo de “traducción” es un imperativo:
Cuando un periodista tiene que citar al sujeto al que ha entrevistado tiene la obligación, no sólo para con el entrevistador sino también para con el lector, de convertir en prosa sus discursos. Sólo el más despiadado (o inepto) de los periodistas reproducirá literalmente sus manifestaciones sin reescribir lo que en la vida real nuestro oído transforma de manera automática e instantánea.Q
¿Qué pasa con la fidelidad a las palabras del entrevistado si intervenimos la transcripción? La pregunta es recurrente y vale la pena responderla porque alguien podría malinterpretar y creer que esta labor de transformar la conversación en un texto es una licencia para que el periodista invente y haga lo que quiera. Nada más alejado de lo que proponemos. Por el contario, si este trabajo se hace bien, la fidelidad a lo que dijo el entrevistado se potencia porque su decir resulta más claro y contundente. No es inventar ni añadir nada. No significa modificar el sentido de lo que dijo sino ordenarlo para que se entienda mejor. La fidelidad es al sentido de la conversación no al código oral si éste resulta confuso para el lector. Perdemos fidelidad si se omite información relevante o por el contrario si ésta se exagera, si se tergiversa algún dicho o si se saca de contexto una expresión. Se pueden cometer atrocidades éticas manteniendo la literalidad de las expresiones, pero trastocando por completo el sentido de una entrevista y es posible también conseguir una total fidelidad aunque la manera de enunciar las palabras no sea absolutamente literal.
Dice Halperín:
Existe un compromiso ineludible con el lector de ser fiel al espíritu del diálogo, pero la verdad no habita en la suma de palabras, frases y balbuceos emitidos por periodista y entrevistado durante su conversación. Los periodistas no somos aparatos de grabación y videos; somos personas a quienes se nos confía la tarea de oficiar de nexo entre el personaje y el público […] Cortar, sintetizar, amalgamar, relacionar, recompaginar, a veces hasta reconstruir muy cuidadosamente una expresión —cuidando estrictamente de no desvirtuar la personalidad del entrevistado— son tareas cotidianas del entrevistador”.W
Es muy importante cuidar que en esta intención de dar orden no se cometan atropellos. Advierte Grijelmo: “En cualquier caso, las respuestas no pueden perder la naturalidad con que seguramente fueron pronunciadas. Nunca ha de reelaborarse el estilo del hablante de modo que se escriban frases que nadie usaría jamás al expresarse verbalmente”.E
Un ejemplo puede ayudar a aclarar este tema. En la entrevista al podólogo que aparece en este libro la primera pregunta es:
—¿Qué sintió la primera vez que tocó los pies de un desconocido?
La respuesta literal fue: “Bueno pues… este… La primera sensación fue como todo, asco, y jovencito como estaba era medio escandaloso, agarrar los primeros pies y en cuanto se fue el paciente me tallé hasta con tierra las manos y cuanta cosa, por el asco de agarrar pies”.
La respuesta editada quedó así: “La primera sensación fue de asco y como estaba jovencito era medio escandaloso. En cuanto se fue el paciente me tallé las manos hasta con tierra”.
Vemos que el sentido de la respuesta se mantiene, que se presentan sus propias palabras y que no se inventó nada, solamente se trabajó en la redacción para que su dicho quedara más claro y legible.
El orden
Una conversación siempre tiene su dosis de caos. De lo que se trata entonces es de extraer lo mejor de ella en función de lo que pueda interesar al lector, de darle orden, de quitarle lo mucho que sobra, de añadirle lo poco que debe faltarle (un verbo, un artículo, algún dato) y presentarla de manera interesante y legible en un escrito. Para ello, dice Bastenier, el periodista
tendrá que hacer corte y confección, buscar, recortar, repelar, adjuntar lo que nos han querido decir, aquello que nos ha llegado de la manera caótica que corresponde al lenguaje hablado. Por eso, la entrevista es una obra hasta cierto punto de ficción, porque prácticamente nada ha ocurrido tal y como lo contamos; pero lo que debería haber ocurrido , lo que de verdad expresa lo que los protagonistas querían que ocurriera, eso es lo que contamos”.R
Alex Haley, entrevistador de grandes personajes en la época previa a las computadoras, decía:
Una vez reunido el material, tomo las tijeras y empiezo a cortar. Muchas veces corto sólo un párrafo o un renglón, muchas veces una página entera y lo que saco lo voy poniendo en cajas de cartón. Luego vuelvo a las cajas, veo de nuevo el material y lo pongo en el suelo (que es donde realmente se confecciona la entrevista); después monto las piezas, como hacen con las películas, y las redacto a máquina.T
Diversos autores coinciden en que el orden cronológico en que se realizó la entrevista no necesariamente tiene que coincidir con el orden en que se plantea el texto. Si habíamos dicho que normalmente las primeras preguntas se refieren a cuestiones más generales y ligeras es probable que no nos ayuden a elaborar una entrada interesante, pero en algunas ocasiones sí funciona la secuencia original.
En cualquier caso, el texto debe seguir una lógica narrativa. No puede ser la concatenación de temas desarticulados. Por eso decíamos que el periodista debe analizar la información, agruparla, tejer los temas y las transiciones entre ellos, ligar los párrafos, recrear un diálogo fluido. Tendrá que elegir cuáles de los elementos que no formaron parte del diálogo (ambiente, entorno, vestimenta y reacciones del entrevistado, etc.) son significativos, y cómo y dónde hay que colocarlos. La redacción del texto implica elaborar secuencias, mantener el ritmo, enfatizar y marcar pausas. Por eso, antes de escribir, el periodista debe tener clara la estructura; por dónde empezará, cómo se ligarán los temas y cuál será el final. No hay recetas. Depende del propósito de cada caso.
Antes de escribir, el periodista habrá también decidido, o asumido, cuál será el formato que dará a la entrevista. Esta decisión dependerá de la combinación de diversos factores: el medio de comunicación y sus normas, la sección en que se publicará, el tema, el entrevistador, el espacio disponible, etc. De los tipos de entrevista y su clasificación se han ocupado diversos autores y sus propuestas tienen una utilidad más bien analítica. En términos prácticos me parece que el planteamiento de formatos que hace Bastenier resulta muy útil.
Las dos modalidades principales de la entrevista son: (a) pregunta-respuesta, que no necesita mayor explicación, y puede hacerse con entradilla (presentación o lead ) o sin ella, aunque prefiero la primera fórmula, y (b) lo que llamo “romanceada”, en la que el periodista describe ambiente y personaje, es él quien nos cuenta lo que le ha dicho la persona entrevistada, y sólo cuando lo considera necesario entrecomilla algunas de sus declaraciones”.Y
Sea el formato que sea, la entrevista debe incluir los datos básicos: el nombre completo del entrevistado, su ocupación, su edad o fecha de nacimiento y algunos elementos relevantes de su biografía. Conviene también establecer, si lo hay, el motivo de la entrevista (acaba de publicar un libro, está en la ciudad para participar en un congreso, recibió un premio, fue protagonista de un hecho relevante, etc.).
La entrevista comparte los principios básicos de cualquier texto periodístico. Un título atractivo y claro. (En este caso suele ser una frase entrecomillada del entrevistado.) Una entrada que “enganche” al lector, que marque el tono y que establezca con claridad de qué va el texto. Un desarrollo fluido y articulado. Un remate que tenga “sabor” a final, esto es, que produzca en el lector la sensación de que ya terminó y que no dé vuelta a la página para buscar la continuación del relato. El último párrafo es el postre que brindamos al lector por haber llegado al final de nuestro texto. Se trata de una frase concluyente, pero sin moraleja ni sermón.
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