José Miguel Palao
Frío, soledad, fortaleza, estoicismo… Esta imagen captada en condiciones extremas, es un buen ejemplo del potencial que poseen algunas fotografías para generar en el espectador distintas ideas, sensaciones y sentimientos.
Canon 1DX Mark ll, Canon 70-200 mm, f/2,8 @ 120 mm, ISO 50, f/14, 1/15 s.
Adriana Sanz
El humor es un buen ejemplo de peculiaridad narrativa y de comunicación inmediata con el espectador. Aunque la exploración de cualquier fotografía es infinita puesto que admite múltiples lecturas, la presencia de un componente insólito o humorístico nos lleva a una lectura que suele ser más prosaica, o incluso inocente, pero que casi siempre encierra un doble sentido. Además de su incontestable impacto visual, el humor irrumpe como otra realidad que la mayoría de nosotros reconocemos y compartimos; algo así como un factor que apela a nuestra inteligencia y sentimiento de grupo, pero que puede estar muy alejada del propio sentido común. Como ocurre con esta simpática imagen de la fotógrafa Adriana Sanz, la imagen no solo se adapta y transmite muy bien este doble sentido, sino que también, muestra una visión humorística del medio natural.
Nikon D500, Nikon AF-S FX NIKKOR 200-500 mm, f/5.6E ED @ 440 mm f/5.6 1/1250 s, ISO 2000, + 0.7EV. Sin flash ni trípode.
“Mientras la estética se asocia a sensaciones, la narración lo hace a significados”.
Al recorrer estas dos primeras etapas, hemos podido constatar que, ya desde su propia idiosincrasia, la fotografía es una poderosa forma de representación, y que también habla por sí sola, con su propio lenguaje. Es posible entender la fotografía como forma de representar los objetos o motivos en función de la contemplación de sus cualidades externas. Pero también podemos hacerlo, y a mi modo de entender esto la hace más apasionante, sobre la base de un relato que nace de nuestras ideas e inquietudes. Cualquiera de los atributos o cualidades que acabamos de ver puede ser válido como punto de partida para elaborar y justificar nuestro discurso. Pero el lenguaje fotográfico esconde otras posibilidades que permiten potenciar una imagen, añadiéndole impacto y transcendencia. Nos queda entonces recorrer una última etapa donde la narrativa puede ser aprovechada por el autor, ya no solo como método para articular una historia con imágenes, sino también como medio de conseguir imágenes más atractivas y elocuentes.
La narrativa tiene como principales objetivos comunicar, persuadir y entretener al espectador y, aunque tiene su origen en la descripción oral o escrita, tiene su equivalencia en otras formas de comunicación, como la fotografía.
Ante una fotografía es posible reaccionar sin más referentes que la percepción estética o sensorial. Por otro lado, como muchos autores defienden, aceptar que toda fotografía es narrativa y, que en ella, esta cualidad es espontánea. En un tercer supuesto podemos considerar una narrativa recreada: el fotógrafo planifica una fotografía o serie con la intención de contarnos una historia. De hecho, la fotografía narrativa es de por sí una especialidad concreta, que se define como aquella que integra imágenes que guardan dentro de sí una historia, real o ficticia. Tiene que ver con cuestiones tan diversas como la interpretación de la imagen, la composición, la elaboración de una serie o proyecto o la elección de un género o forma de presentación.
En este caso valoraremos lenguaje visual y narrativa en cada fotografía, para poder preguntarnos qué elementos narrativos pueden intervenir en ella y darle el tratamiento visual y protagonismo que le corresponda. Cuando, como espectadores, observamos una fotografía, pasamos fundamentalmente por dos fases: un reconocimiento formal y estético que suele ser lo más inmediato y una parte más narrativa donde, además de la intención del autor, entra en juego nuestra propia lectura e interpretación. Con esto en mente, y ahora como creadores de imágenes, puede sernos de gran utilidad considerar el potencial narrativo de los posibles elementos que intervienen o que podemos incluir en una determinada escena o motivo.
Revisaremos algunos elementos narrativos que en mayor o menor medida son comunes en la fotografía y que pueden darnos algunas claves para estimular nuestra mirada y creatividad.
ESPACIO (CONTEXTO FÍSICO)
Es el marco de una localización, el lugar donde sucede la foto. Influimos en este elemento cuando decidimos donde discurre la escena y lo que se incluye en el encuadre. También lo hacemos cuando tomamos decisiones que modifican la sensación de espacio, bien sea para subrayarlo o minimizarlo. El espacio puede adquirir mayor o menor protagonismo en función a estrategias como la elección de una óptica o perspectiva, la situación del horizonte, el uso de una determinada profundidad de campo o la inclusión de una referencia dimensional.
Jesús Rodríguez
Big Sur
La imagen aúna eficazmente dos elementos narrativos. El vuelo difuso de las aves, que denota acción y lapso temporal, se enmarca en un espacio sutilmente expandido por un horizonte bajo y el resultado monotonal.
Canon EOS 30D, Canon 70-200 F4, ISO 100, f/32, 1/6 s.
TIEMPO (CONTEXTO TEMPORAL)
Hace referencia a un momento concreto o al paso del tiempo. La fotografía tiene la capacidad de fijar un instante preciso o un momento decisivo. Incluso, en técnicas como la fotografía ultrarrápida, nos revela algo que permanece oculto para la visión normal. En contraposición, hay determinadas situaciones o el uso de técnicas como una exposición lenta, que nos permiten hacer referencia a un lapso temporal o a un lento discurrir del tiempo.
Iñaki Bolumburu
La ola
Una exposición lenta añade movimiento al mar de nubes sugiriendo la idea de un lento e indefinido discurrir del tiempo.
Canon EOS 5D Mark II, Tamron 70-200, 100 mm, 30 s, f/11, ISO 100.
Juan Pixelecta
Haciendo el amor
Aunque la luz y la niebla también tienen su protagonismo, refuerzan la presencia del árbol y le aportan un nuevo significado.
Canon 5D Mark II 24-70, 25 mm, f/2.8L, 1/8 s, f/10, ISO 100.
ELEMENTO PROTAGONISTA
Una vez identificado un motivo de interés en la escena, sea ser vivo, objeto, fenómeno natural o el propio paisaje, podemos decidir su posición y proporción en el encuadre, o en qué momento o situación su protagonismo queda o no reforzado.
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