El docente tiene que desarrollar primero su propia habilidad; de esta manera será un modelo de cómo expresar lo que siente. También puede emplear los emergentes de problemas en el aula para enseñar cómo expresar las emociones en forma positiva.
Ofrecer vías de expresión positivas evitará explosiones no deseadas. Expresar el enojo, la tristeza o el miedo por medio del arte realmente ayuda a la catarsis necesaria. La pintura, la música, la expresión corporal, la escultura, la poesía y otras formas de expresión escrita darán espacio para expresar ya sea en forma personal y privada o pública, lo que muchas veces está guardado y produciendo daño.
Un debate que se puede plantear en la clase relacionado con la expresión de emociones, es si es necesario participar a los demás de absolutamente todo lo que sentimos. ¿Debo contar a todos lo que me pasa y así encontraré alivio/complicidad/empatía? ¿Es la única manera de expresar las emociones? ¿Qué gano y qué pierdo develando a todos lo que me pasa? ¿Cuándo compartir y cuándo expresarlo de maneras más privadas? ¿Qué ventajas y desventajas tiene el publicar en las redes sociales cómo me siento cada día?
Enseña, sugiere y muestra cómo iniciar un diario personal para registrar las emociones, sueños y desafíos. Es una manera muy saludable de expresión y una alternativa para desarrollar la inteligencia intrapersonal.
4. Regular las emociones
Es una etapa compleja de la educación emocional porque se trata de enseñar a tener el control de las emociones. Es el ajuste de lo que se siente en un nivel muy primario y lo que racionalmente se puede moderar. Dejar que las emociones corran sin freno posiblemente dejará un tendal de consecuencias negativas en el camino. Todos nos enojamos alguna vez, pero los demás no pueden ser víctimas de nuestro enojo. O queremos festejar la felicidad justo cuando otro está sufriendo y no somos empáticos al saltar de alegría en su presencia. La educación emocional tiene como propósito enseñar a los estudiantes a ser dueños de sus emociones y no marionetas de ellas.
Entre los aprendizajes más valiosos en esta etapa se encuentra el saber detenerse, respirar profundo, pensar unos instantes –los que hagan falta-, encontrar serenidad y emitir una respuesta adecuada a la circunstancia. Esta sencilla fórmula, aplicada a emociones positivas y a las que requieren más control, se puede enseñar desde el Nivel Inicial.
Aprender a esperar, a escuchar, a relajarse, a detenerse un instante y controlar de esa manera los impulsos es un largo camino que se puede iniciar desde que los niños son muy pequeños, enseñándoles a postergar por breves minutos sus deseos; por ejemplo, no dándoles lo que piden en el mismo instante.
Es indispensable comunicar a la familia el propósito que tiene el autocontrol en la construcción de la personalidad. En la niñez temprana, saber auto-controlarse significa saber guardar el caramelo para la merienda, pero en la adolescencia puede significar resistir la tentación de probar una droga adictiva. Las personas que logran el autocontrol de sus vidas consiguen sus metas con mayor eficacia y manifiestan un nivel más alto de bienestar y realización personal.
Sugiero buscar ideas, juegos y actividades para trabajar cada una de las etapas en el libro Las emociones en la escuela , de Sonia Williams de Fox.
Pasamos gran parte de nuestras vidas en los lugares en que trabajamos o estudiamos. Esos ambientes nos construyen o destruyen. Nos elevan o aplastan. Son nidos tapizados de pelusas o de espinas. Es verdad que el ser humano puede sobreponerse a casi todo y crecer aún rodeado de adversidades. Pero cuando el ambiente es propicio, puede florecer en todo su esplendor. Si pudiéramos elegir siempre, nos quedaríamos con los nidos de paz. Esos que podemos construir entre todos aportando la suavidad y la flexibilidad que estimula al crecimiento. Ambientes que se adaptan y se transforman a lo que las personas necesitan.
No importa la edad que tengamos o los roles que cumplamos en una institución, todos necesitamos:
Sentirnos queridos, apreciados.
Saber que nos necesitan, que somos útiles.
Palabras de reconocimiento por pequeños o grandes logros.
Que nos escuchen y nos entiendan.
Saber que, a pesar de las turbulencias externas, en la institución encontraremos estabilidad.
Soñar, poder decirlo y que sueñen con nosotros.
Ayuda para lograr algunas metas.
Ejemplos de vida o de profesionalidad.
La mirada franca y empática de nuestro interlocutor.
Sentir el respeto de la comunidad.
Saber que alguien ora por nosotros.
Recibir de vez en cuando un presente material.
Escuchar palabras de elogio sincero.
Poder decir que “no” y que no se nos condene.
Sentir pasión por lo que hacemos.
Saltar de alegría o llorar en un rincón.
Esta lista es interminable; por favor, escribe lo que tú necesitas para tener un ambiente de paz.
Si observas la lista con cuidado, encontrarás que el ambiente de paz depende de las decisiones de PERSONAS, de las cuales tú eres parte muy importante. El ambiente de paz depende de nuestras acciones dirigidas por las emociones y las metas. Depende del autocontrol y de la dirección de Dios de nuestra vida. “ ¡Tú guardarás en perfecta paz a todos los que confían en ti, a todos los que concentran en ti sus pensamientos!” (Isaías 26:3, NTV).
Actividad 4: La paz se contagiaEste cuento de Enrique Mariscal (2002) es una metáfora de nuestra influencia en las emociones y las reacciones de los demás. Luego de leerlo, dialoga con tus colegas acerca de lo que has aprendido.En un lejano pueblo había una casa abandonada. Cierto día un cachorro logró meterse por un agujero al interior de la residencia. Subió lentamente las viejas escaleras de madera hasta que se topó con una puerta semi abierta y entró en uno de los cuartos.Con gran sorpresa se dio cuenta de que dentro de esa habitación había mil perritos más observándolo fijamente. Vio que comenzaron a mover la cola, exactamente en el mismo momento que él manifestó su alegría.Luego ladró festivamente a uno de ellos y el conjunto de mil perritos le respondió de manera orquestada, idéntica. Todos sonreían y latían como él. Cuando se retiró del cuarto se quedó pensando en lo agradable que le había resultado el lugar y se dijo: “Volveré frecuentemente a esta casa”.Pasado el tiempo, otro perro callejero entró en la misma vivienda. A diferencia del primer visitante, al ver a los mil perros en el cuarto, se sintió amenazado ya que lo miraban de manera agresiva, con desconfianza. Empezó a gruñir y vio, asustado, cómo los otros mil perros hacían lo mismo con él. Comenzó a ladrarles y los otros también hicieron lo mismo. Cuando salió del cuarto pensó: “¡Qué lugar tan horrible es éste! Nunca volveré”.Ninguno de los perros exploradores reparó en el letrero instalado al frente de la misteriosa mansión: La Casa de los Mil Espejos. |
Las emociones en el aula: Banco de ideas
A continuación, se presentan algunas propuestas de trabajo sencillas y concretas para integrar en un currículum, con el propósito de reconocer las emociones, aceptarlas, expresarlas y controlarlas.
Hay actividades que son más apropiadas para niños y otras que se pueden adaptar para adolescentes y jóvenes. Depende en gran medida de la habilidad del docente para provocar el deseo de participar.
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