Aunque es muy claro y convincente el concepto de Meneses, podríamos echar unos años atrás en la historia para rastrear el momento en el que el fútbol cambió. El posfútbol no se puede definir con un solo hecho, es el resultado de varios procesos que convergen a través de los años, pero que tuvo como puntapié inicial la década de los noventas.
Hay cinco fenómenos que serán determinantes en la evolución del fútbol en el siglo XXI. Es justo empezar mencionando el “Informe Taylor” (1990), un documento que modificó el mundo del fútbol inglés tras una oleada de violencia hooligan que tuvo sus más trágicos picos con los episodios de Heysel y Hillsborough 1 . El informe supervisado por el juez Lord Justice Peter Taylor identificó los grandes problemas de seguridad del momento y propuso un paquete de medidas para adoptar en el fútbol británico entre las que se destacan la eliminación de alambrados en las tribunas, la obligación del público de permanecer sentado, la instalación de cámaras de video en los estadios y el registro de los datos de cada hincha que asiste a un partido de fútbol. El modo en que se vivía el fútbol en una cancha tuvo un antes y un después con las recomendaciones del juez Taylor.
En segundo lugar, tenemos el nacimiento de la Liga de Campeones (1992) y la Premier League de Inglaterra (1992), dos torneos fundados sobre los cimientos de la antigua Copa de Europa y la Liga de Fútbol de Primera División de Inglaterra. La primera movida abrió nuevas plazas a países europeos nunca considerados como competitivos; de allí que tengamos que soportar continuamente las previsibles derrotas del Bate Borisov, el Cluj, el Maccabi Haifa, el Astana o el Qarabag en la Champions; y la segunda consolidó el negocio de los derechos de televisión gracias al modelo del fútbol inglés que tuvo en la compañía Sky de Rupert Murdoch su perfecto cliente. Para entender la dimensión del negocio de la Premier, anotemos que en 2018 el torneo recibió cerca de 11 mil millones de euros por los derechos de transmisión de los cinco años siguientes.
Tras crear dos exitosos modelos de competición, llegó como tercer suceso el Coeficiente UEFA (1997) y su perpetuación estadística de los equipos más poderosos de Europa. A través de los números que recoge la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol, se mide el rendimiento de todos los equipos de las ligas del viejo continente y se dictaminan las posiciones que tendrán en sorteos, calendarios y plazas en torneos continentales. Se empieza abrir la brecha entre los clubes poderosos y los equipos de la media.
No podemos pasar por alto en nuestro cuarto punto, el significativo Caso Bosman (1996): un dilema jurídico–deportivo que reivindicó el Tratado de Roma y permitió a los futbolistas europeos jugar en cualquier club del continente sin ocupar plaza de extranjero. Esta es la historia de Jean-Marc Bosman, un futbolista belga sin mucha distinción que rescindió unilateralmente su vínculo con el RFC Lieja luego de que el club quisiera renovarlo con un sueldo considerablemente menor al que recibió durante las anteriores temporadas, para ir al Dunkerque de la segunda de Francia. El fallo que favoreció a Bosman cinco años después determinó que los deportistas no son esclavos y que los clubes no son sus dueños.
En quinto lugar, registramos la aparición de ligas profesionales en países sin tradición futbolera, pero con el suficiente poder económico para sostenerlas. Japón creó su J1 League en 1992; China tuvo la Jia A en 1994 y, por supuesto, los Estados Unidos fundaron una nueva liga bajo el nombre de la MLS como condición necesaria impuesta por la FIFA para la realización del mundial de Estados Unidos 1994. Con este quinteto de hechos fundacionales, el posfútbol recogió su ancla y emprendió camino rumbo al futuro.
Este nuevo deporte inspirado en el fútbol que ya navega por las canchas de nuestro planeta es un fenómeno del nuevo milenio resultante de los incesantes cambios que dejó el final de la historia en el siglo XX. En consecuencia, de la misma manera en que el posmodernismo apuntó a negar los grandes relatos que han definido al mundo, como bien lo retrató el filósofo francés Jean-François Lyotard en su obra La condición postmoderna, la llegada del año 2000 desdibujó poco a poco las narrativas tradicionales del fútbol a favor de la mercantilización. La visión romántica del juego ahora estará mediada por los millones, los rendimientos, los datos, la desigualdad, el fetichismo, el desarraigo y el discurso dictatorial que pondera el resultado sobre todas las cosas.
Bienvenidos al posfútbol.
RONALDINHO Y OTROS POÈTES MAUDITS
Soy un feo simpático que con el tiempo acaba siendo guapo. En el conjunto, al final, parezco guapo.
RONALDINHO
En la jaula infame de nuestros vicios, ¡Hay uno más feo, más malo, más inmundo!
BAUDELAIRE
Antes de que París fuera la ciudad de la luz, el amor y el glamour, antes de que el Boulevard San Michel que desemboca en la Sorbona fuera la pasarela del mundo, y antes de que el Paris Saint Germain fuera el equipo ultra millonario que es hoy, París vivió una transición hacia esta modernidad. Ese paso a la modernidad significó el cambio de esas viejas casas medievales de paredes gruesas, a esos modernos edificios de cristal; supuso el cambio de esas grandes iglesias en piedra y madera como Notre Dame a esas estructuras metálicas como la torre Eiffel. Ese cambio fue trabajado con las manos de esos que el gran poeta francés, Víctor Hugo, llamó Los miserables .
Esa París del amor, de la luz y de los amplios bulevares reposa sobre las vidas de todas las prostitutas, gamines, rateros (que se les llamó así por vivir en las alcantarillas con las ratas), ancianos, delincuentes de poca monta, gente pobre, sucia, patiraja’os, enfermos, improductivos y desechos sin futuro. A todas estas vidas, a la belleza que les habita en medio de su miseria, Baudelaire las vio como a flores, a pesar de la oscuridad del “mal” social que representan para la ciudad luz y su economía formal. Por eso, sus poemas sobre estas putas, viciosos y gañanes se llaman así: Las flores del mal.
A estos poetas que escriben la hermosura de la miseria de estos males sociales se les llamó poetas malditos. Los poetas malditos eran tal cosa porque eran mal vistos y dichos por su familia y su sociedad, pues no quisieron entrar en la lógica del esplendor y lujo de esa nueva vida, la vida moderna. No quisieron entrar en la lógica del esplendor y de la vida moderna porque esto solo podía hacerse al precio de abandonar el placer a cambio de trabajo, el goce a cambio de la explotación.
Con la miseria del mundo moderno que sostiene su esplendor y sus cristales limpios apareció el pueblo obrero, y con el pueblo obrero, el ballet del pueblo obrero, el fútbol. Con el ballet del pueblo obrero y sobre el esplendor y los cristales limpios del fútbol aparecieron también sus poetas malditos. El Trinche Carlovich, el Mágico González, George Best, Paul Gascogine, Eric Cantona y tantos otros. Ronaldo de Assis Moreira, para las autoridades paraguayas, Ronaldinho Gaúcho, para el mundo del fútbol, Ronaldinho para los apasionados, es el último de los malditos
Algunos sostienen que Dihno “no fue el mejor futbolista del mundo porque no quería”. Afirman desde sus casas y cabinas de transmisión que Ronaldinho “se desperdició” por su falta de disciplina. Explican esto con la siguiente teoría: Ronaldinho llegó al fútbol en un momento en que el clásico 10 agonizaba, un jugador con poca capacidad atlética en medio de tanta velocidad del juego no podía rendir lo que se necesitaba; de este modo, él se adaptó a jugar por una banda mientras su estado físico se lo permitió; allí, en la aurora del Barça de Pep, quemó sus últimos cartuchos tras una brillante era con Frank Rijkaard como entrenador producto de su falta de disciplina y su agotada voluntad de competencia.
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