La teoría de los juegos tiene como base la racionalidad de la conducta de jugadores que luchan entre si; es un tema preferido por economistas, matemáticos y politólogos, con ese conocimiento asesoran a gobiernos en sus intentos por anticipar y desalentar acciones bélicas y competitivas; las teorías ecológicas pueden verse como una prolongación de la teoría de los juegos al incluir mucho mas actores y reglas en el estudio de la acción.
Lo que sigue de este capitulo estará dedicado a la revisión de la teoría e ideología de la decisión racional y su lógica consecuencial, que se asume como antecedente obligado de la acción y la conducta humana, a sus bases filosóficas, a su impacto social, al modelo de racionalidad completa o pura con que opera, a los efectos colaterales que ha suscitado, a las criticas y a las visiones o modelos alternativos que se proponen.
El discreto encanto de la decisión
La primacía de la decisión sobre la acción se ha extendido a partir de la literatura que insiste en que debe ser racional, es decir, estar basada en la razón según un proceso dividido en tres momentos como sigue (Sfez,1987):
•preparación (deliberación),
•decisión (elección) y
•ejecución (acción).
Poco importa insistir en que la decisión es parte de un encadenamiento o un proceso difícil de separar, se le considera como el momento estelar, desdeñándose la ejecución por ser servil y a la deliberación por ser invisible (cognitiva). En general, hay muchos mas intereses representados en la decisión que en la acción o instrumentación, por ejemplo, en un estudio de 55 casos de ejecución de decisiones se encontraron 426 intereses representados en la decisión y 236 en la instrumentación (Miller y Wilson, 2019).
Decidir, asimismo, se considera como una parte importante del ejercicio del poder que concentran las elites y desde esta posición resiste la critica al resaltar sus funciones y ventajas para el individuo y la sociedad como sigue (Sfez,1987):
•permite al sistema operar: el sistema actúa a través de sus actores con la condición de dejarles la ilusión que son sujetos libres y creadores y por ende decisores.
•permite al ciudadano, sujeto pasivo, soportar al mundo; el hombre de todos los días que quiere apasionadamente creer en la decisión como el salvavidas ideológico, intermediario obligado entre la libertad y el determinismo, principalmente cuando ejerce su poder de compra en medio de la publicidad.
•permite fragmentar los actos del Estado: fragmentar para crear contrapesos, fragmentar para permitir la libertad dentro del orden: yo delibero y yo actúo (legislativo y ejecutivo,), yo decido y ejecuto, yo vigilo (ejecutivo y judicial).
•permite separar lo estratégico (largo plazo) de lo operativo (corto plazo); en las organizaciones: la función de la dirección es la decisión y la de los operarios la ejecución.
En el Occidente la decisión en su modalidad racional se encumbró como una ideología; tiene su origen en Grecia donde en diversos modos y grados se identificó a la razón (logos) como una de las características humanas esenciales, una característica superior porque para los griegos la razón era una virtud y la acción razonada conducía al mayor bien; a partir de allí se difunde en una veintena de países esparcidos en tres continentes, los cuales no obstante estar divididos por el idioma, la mitología y sus persistentes rivalidades tribales, finalmente tienen en común su aprecio por la razón como la esencia de la decisión.
Mas adelante la consideración de la decisión como antecedente de la acción, es impulsada por la teoría y la enseñanza de las ciencias sociales, como sigue: i) en economía al definirse como la ciencia de la escasez, la decisión es un momento estelar, por ejemplo, son muy importantes la fijación de precios y la mezcla capital-trabajo en una unidad económica; ii) en la ciencia política, la decisión se le considera como parte del ejercicio del poder al descubrirse que son pocos los que deciden y muchos los que instrumentan y padecen las consecuencias; iii) La antropología y la sociología reconocen que, si bien la decisión se asimila a la libertad, en muchas ocasiones es una ilusión que mantiene funcionando al sistema social, porque, en realidad hay poco o nada que decidir. Otra causa de la importancia de la perspectiva de la decisión es la facilidad con que se experimenta con ella, en psicología, por ejemplo, es frecuente la simulación de situaciones de decisión en las cuales a los participantes se les invita a elegir una vez que se les brinda información sobre diversas alternativas y sus consecuencias (Brunsson, 2007).
La emergencia de las organizaciones en la sociedad también impulsa a la teoría de la decisión como la base para la acción organizacional, más aún, como la perspectiva de la toma de decisiones proviene de la decisión individual, el proceso de la decisión organizacional casi siempre es descrito en los mismos términos que lo individual y la investigación sobre el tema esta basada en las decisiones de poderosos directivos-propietarios o cuando mucho, en coaliciones individuales; es evidente, que en una organización el proceso de decisión se vuelve mas complejo ya que depende de decisiones previas y se sujeta a restricciones fuera del control de los individuos; adicionalmente en las organizaciones con mucha facilidad se separan la elección y la acción, volviendo natural que unos individuos decidan y otros instrumenten las decisiones. En el capitulo dedicado a la decisión y la gestión se abundará sobre la complejidad de la decisión organizacional.
Por otra parte, si bien en la actualidad, existe una amplia investigación empírica que demuestra que hay muchas decisiones que no son racionales y no son insignificantes, pero el gran linaje de las decisiones racionales y su amplia la literatura normativa, no deja ver este importante hecho, en consecuencia, la decisión, según los filósofos se ha reificado, es decir, siendo una categoría abstracta, se maneja como si fuera concreta opacando con ello a la acción que sí lo es, este fenómeno ha sido resultado de una larga historia.
El cultivo de la razón
Casi cinco siglos han pasado desde que se inicio la era caracterizada por la obsesión con el progreso y la insistencia en una forma de pensar que, a falta de mejor descripción, se denomina razón, y con cada día que pasa, mas ideas, estructuras y creencias se cuelgan de la frágil espalda de los escasos conceptos que rodean a la razón, su persistencia podría sugerir que se ha llegado a un acuerdo acerca de lo que es, pero no, en realidad no hay una definición concreta que goce de aceptación general, más aún cuando se introducen términos como racionalidad, racional, racionalismo, racionalización o razonable. A continuación, se hace un breve recuento de la evolución de la razón, mas dos ideas para facilitar su delimitación, una cercana: el interés y una contraria: la pasión.
Etapa clásica
En la antigüedad la idea de la decisión no tenia un lugar definido puesto que en es ese tiempo estaba muy arraigado el pensamiento de que las conductas estaban determinadas por Dios y la autoridad de los Reyes; fueron los griegos los que al introducir el concepto de logos o razón la vinculan con la libertad y la igualdad, con ello surge el dialogo entre compañeros y la argumentación razonada contra el acto mágico, es el nacimiento del compromiso entre iguales y contra los decretos arbitrarios de la autoridad.
Pero la libertad griega, como su idea de democracia, era selectiva, no incluía a esclavos o a los ciudadanos comunes, fueron los primeros cristianos los que insistieron en la igualdad de todos frente a Dios. Tomas de Aquino, al incluir a la razón como una manera de acercarse y conocer a Dios, sienta las bases de la decisión moderna que es la libertad y tendrá su máximo esplendor con Descartes y la Filosofía de las Luces, propia del Siglo XVIII. Descartes con su idea del cogito1 y la autonomía propia del «yo pienso” plantea como sinónimos pensar y razonar. El centro de atención se ha vuelto el individuo pensante y por extensión las buenas leyes responden a la razón, pero las malas no y en contra ellas pueden levantarse los individuos libres. Tal es el panorama de la revolución francesa y el siglo de las luces (Ralston-Saul;1992).
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