Francisco Panera - Dolor

Здесь есть возможность читать онлайн «Francisco Panera - Dolor» — ознакомительный отрывок электронной книги совершенно бесплатно, а после прочтения отрывка купить полную версию. В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: unrecognised, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Dolor: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Dolor»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Año 1990, Julen realiza una travesía en solitario por una cadena montañosa, eludiendo, por unas semanas, su inevitable ingreso en prisión al declararse insumiso al servicio militar. Su mochilla, además de un menguado equipaje, carga con el peso de una tragedia familiar: cuando era niño murieron su tío en una comisaría y su madre durante los tumultos de protesta.
La violencia en Euskadi, las amenazas, las torturas, el narcotráfico, falsedades que dibujan un mundo a conveniencia y la respuesta juvenil a través de la cultura musical de la época condicionan su entorno particular.
El empeño de la abuela de Julen por aislarle del clima de dolor estalla cuando recibe noticias de un padre desconocido, aparentemente relacionado con las muertes familiares.
El relato se abre, entonces, a una segunda línea argumental y aparece Dolor, un ignoto poblado minero, enclavado en el corazón de la cordillera cantábrica. Origen de sus antepasados paternos, brava saga de mineros empeñada en sobreponerse a un destino de escasez y guerra. Un lugar donde la desaparición de un niño condicionará su futuro.
Quizá Dolor no sea simplemente un topónimo extravagante. Desvela de forma metafórica algunos propósitos y actitudes. El viaje iniciático que emprende Julen le asoma a tal singularidad que le revela su tránsito por un sendero paralelo.
Y común a cualquier trama de la novela, aparece el Paisaje como elemento vertebrador del carácter. Concepto subjetivo al que se rinden algunos personajes, constatando la indiferencia del entorno para con sus anhelos. Impasible al contemplarlos confrontar contra el perdurar de un mundo que aparentemente nunca cambia.

Dolor — читать онлайн ознакомительный отрывок

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Dolor», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Camina fijándose en los números de los portales. Previamente había buscado la pensión Salamanca en la guía telefónica, pero antes de encontrar el inmueble, un cartel colgado en un balcón le indica el lugar del hospedaje. Un par de yonquis permanecen apostados junto al portal. El que se apoya junto a los timbres del portero automático mira hacia los lados, atento a quienes se acercan por la acera. El otro, ligeramente reclinado en un coche aparcado frente a su compañero, vigila el interior del portal. Siente un nudo en el estómago al acercarse a ellos, pero sabe que, en situaciones potencialmente tensas, lo mejor es mostrar aplomo en lo que se dice y hace. El que está junto a los timbres no se mueve al plantarse Julen frente a él, a pesar de que le hace un gesto de que quiere apretar uno de aquellos botones.

—¡Quita, coño! que no me dejas ver —le dice en un tono cordial, a la vez que le aparta hasta hacerle descender del escalón de entrada al portal.

—¡Qué pasa, tú…! —responde con una agresividad forzada, puesto que la desgana con la que lo hace, evidencia que el tipo está bastante aturdido.

Aprieta el botón de la pensión y hasta pasados unos diez o doce segundos, que a Julen se le hacen eternos, no escucha ninguna voz.

—¿Sí?

—Abre —ordena rotundo.

La voz enlatada parece dudar, pero quizá pensando que se trata de alguno de los hospedados, abre la puerta del portal. El interior está en penumbra. Acciona un interruptor situado junto a unos destartalados buzones, pero ninguna bombilla se enciende. Si, por contra, lo hacen las de los pisos superiores, al llegar el refulgir de sus bombillas por la escalera situada al fondo del portal y a cuyo inicio, otros dos tipos ultiman la preparación de un pico. Pasa por su lado y ellos, a pesar de su llamativo aspecto con la mochila, le ignoran. Mientras sube hasta la pensión, supone que entre los yonquis de dentro y de fuera del portal, se están turnando para administrase sus dosis de heroína.

Se detiene ante una puerta que presenta nada menos que cuatro cerraduras, aunque dos parecen inservibles, a todas luces descerrajadas por algún intento de robo. En mitad de la puerta, un letrero de chapa muestra la leyenda «Hospedaje Salamanca». La cuidada grafía que ofrece y su aspecto cuidado, pues aparenta ser un rótulo muy viejo, quizá de primeros de siglo, es una prueba fehaciente de que corrieron tiempos mucho mejores en aquella zona de la ciudad.

Julen hunde el dedo en el timbre despertando un chirrido eléctrico, que más parece que esté a punto de producirse un cortocircuito a que alguien llame a la puerta. Una mujer de mediana edad atiende a la llamada recibiendo a aquel viajero con desgana.

—Está todo completo.

—Buenos días, estoy buscando a un pariente que se aloja aquí.

La casera no contesta, con los brazos cruzados y una de sus zapatillas dando pequeños golpes sobre la deteriorada tarima del pasillo, aguarda a recibir más detalles.

—Es mi tío, se llama Juan y como estoy de paso por Bilbao, quería saludarle.

—Juan, ¿Juan qué más?

Julen improvisa, pues no tiene ni idea de cómo se puede apellidar.

—Bueno, es mi tío porque estaba casado con mi tía… pero no recuerdo su apellido.

—En fin, ya que no hay otro Juan, será Juanito. Espera.

La mujer cierra la puerta dejando a Julen esperando.

—A ver, que dice que no tiene sobrinos, así que ya estás ahuecando de aquí.

Julen mira por encima del hombro de la mujer, viendo que una cabeza se asomaba interesada desde el fondo del pasillo. Entonces eleva la voz para que aquel, le escuche.

—Tu amigo Ángel me dijo que te encontraría aquí. Soy Julen, de Bermeo.

No tiene tiempo para explicarse más, pues la casera cierra la puerta. Mientras valora si volver o no a llamar, pega el oído a la puerta por si escucha alguna réplica. Al momento. le sobresalta un golpe seco, una patada que dado la mujer a la puerta que le contempla por la mirilla.

—¡He dicho largo! Si no te vas, llamo a la Policía.

Se marcha. Abajo, en el portal, los yonquis ya han cambiado de turno para preparar sus picos. En cuanto cruza por la puerta hacia la calle, una voz de hombre a través del portero automático, requiere su atención.

—A ver, el que acaba de subir a la pensión… ¿estás ahí?

—Sí, sí, aquí estoy.

—¿Quién dices que te manda?

—Ángel, el maquinista. ¿Subo otra vez?

—No. Espérame en el bar de enfrente.

Un triste puticlub, eso es el local donde Juanito ha indicado a Julen que le espere y para ser la primera vez que entra en uno, se lleva una gran decepción.

Siempre imaginó aquellos establecimientos excediéndose en una decoración recargada, rayando lo hortera. Luces rojas o azules de neón, reservados con asientos mullidos tras opacos cortinones y música mas hortera aún que la decoración, en la que alguna folclórica cantaría al desamor. Todo un detallado atrezo alrededor de una barra, donde un camarero con buena planta y sin reparos para soltar un par de bofetadas si algún cliente se pone pesado, sirve copas a un precio muy por encima de su valor habitual. Pero aquel lugar es un una tasca cutre, un antro en penumbra que ahora huele a lejía porque un tipo delgaducho, maduro y que viste con un batín de guaté, friega el suelo con desgana. Si hay neones de colores, no se ven por ningún lado y la poca luz que permite distinguir las formas, entra por la puerta, puesto que un par de ventanas en uno de sus lados y que dan a una callejuela que desciende hacia la calle San Francisco, tiene pintados de rojo sus vidrios, a pesar de lo cual, los trazos de los brochazos permiten pasar unos leves rayos de sol. El estridente sonido de un pequeño transistor, que debe estar por entre las botellas de licor de alguna repisa, no pone ninguna música al local, solo las voces del noticiero del mediodía en el que varios personajes se enzarzan en discusiones políticas.

Al fondo del local, un par de putas jóvenes, sentadas junto a una mesa adosada a la pared, justo debajo de uno de los ventanucos, hacen guardia en espera de algún cliente madrugador. Mientras una realiza el crucigrama de un periódico, la otra que ojea una revista del corazón, atiende a las dudas de su compañera para completar el pasatiempo.

Julen se siente cohibido al constatar dónde acababa de entrar, aunque tampoco tiene nada de extraño a tenor de en qué zona de Bilbao se encuentra. La Palanca, tuvo en un pasado no muy lejano mejores días, donde a pesar de concentrarse la oferta de prostíbulos, estos se alternaban con locales muy populares y cabarets, otorgándole a aquella zona un cierto glamour rayando con lo canalla. Pero ese era un pasado bohemio que ya nunca iba a volver. Desde la llegada de la heroína y, con ella, de clanes de traficantes y proxenetas, se había degradado de tal manera el barrio, que había pasado a ser frecuentado casi en exclusiva por camellos, yonquis, chorizos y puteros fugaces. El tipo que pasa la fregona, se gira después de que la chica que ojea la revista le alerte con un gesto de que hay alguien a sus espaldas.

—A ver, la barra aún está cerrada, pero, si quieres descargar, arréglate con aquellas.

Las dos chicas, que rondan los veinticinco años, alzan sus miradas depositándolas en Julen. Evidentemente, no es aquel el prototipo de cliente con el que esperarían encontrarse: un joven con mochila y que tiene toda la pinta de un turista despistado.

Una le regala una pequeña sonrisa, la otra enciende un cigarrillo sin apartarle la vista. Julen, avergonzado, se vuelve mirando hacia la calle, deseando fervientemente que Juanito acuda de una vez a la cita. El de la fregona vuelve a dirigirse a él, al ver que seguía allí plantado.

—Y cruza por detrás de esas mesas para no pisar lo fregado.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Dolor»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Dolor» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Leandro Quiroz - El dolor en escena
Leandro Quiroz
Romina Del Mónaco - Idiomas del dolor crónico
Romina Del Mónaco
Roberto Badenas - Frente al dolor
Roberto Badenas
Marta Lamas - Dolor y política
Marta Lamas
Francisco Antonio León Cuervo - Las tierras del dolor. Yo jomú nu ú'ú
Francisco Antonio León Cuervo
Bárbara Bouzas - Lágrimas de dolor
Bárbara Bouzas
David Le Breton - Experiencias del dolor
David Le Breton
Silvia Trujillo Ordóñez - Renaciendo al dolor
Silvia Trujillo Ordóñez
Отзывы о книге «Dolor»

Обсуждение, отзывы о книге «Dolor» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.