14De este trabajo se cuenta un resumen publicado en el International Journal of Psycho-Analysis. El mismo es el antecedente de Principios psicológicos del análisis infantil (1926) en el que agregará las tesis referidas al comienzo del complejo de Edipo inmediatamente después del destete, así como la introyección del Superyó desde el comienzo mismo del conflicto edípico. En este texto definitivo M. Klein ya incluye material clínico no solo de Rita sino de Ruth, Trude y Erna (pacientes que comenzó a analizar en 1924).
15Hasta este mismo Congreso, en el que es elegido K. Abraham como Presidente de la API.
16En este texto se fundamentará el capítulo 3 del libro El psicoanálisis de niños .
17Karl Abraham fallece el 25 de diciembre de 1925.
18M. Klein no consideraba trasladarse de Berlín a no ser por los cambios que introdujo la muerte de K. Abraham. Su análisis personal era el motivo para tal actitud.
19El 22 de abril de 1924 en el Congreso Internacional de Salzburgo; el 13 de diciembre de 1924 en una Conferencia en la Sociedad Psicoanalítica de Berlín y el 17 de diciembre de 1924 en la Sociedad Psicoanalítica de Viena ante Sigmund y Anna Freud.
20Etchegoyen, Horacio, Notas para una Historia de la Escuela Inglesa de Psicoanálisis , Revista de la Escuela de Psicoterapia para Graduados, n. 6, p. 14, Buenos Aires, 1981, cursivas nuestras.
21 Ibídem .
22 Ídem , p. 15.
23 Ibídem .
24 Ídem , p. 20.
25 Ídem , p. 23.
26 Ídem , p. 25.
27 Ibídem, p. 25.
Capítulo 2El desarrollo de un niño - I Una crianza basada en la actitud parental “fundada en una franqueza sin límites”
Ricardo Antar
En estas primeras experiencias de M. Klein comprobamos no solo algunos episodios del desarrollo de un niño sino también los primeros pasos de su propio desarrollo como psicoanalista. Estos muestran con claridad las coordenadas fundamentales que guían al pensador; coordenadas que la complejización posterior de la obra pueden dejar algo oscurecidas, haciendo necesario que se las rescate periódicamente.
Melanie Klein decidió emprender la experiencia de una “crianza fundada en conocimientos psicoanalíticos” que restringiera a un mínimo la “resistencia [a la autoridad] y sumisión [a la autoridad]” así como “evitar las consecuencias inhibitorias y perjudiciales para el desarrollo mental” 1que aún ese mínimo pudiera ocasionar. Es probable que esta experiencia con su hijo Erich comenzara en Budapest en el último trimestre de 1918 y que continuara en Ruzómberok en 1919.
Por lo que relata M. Klein, en la inquieta Budapest ya se desarrollaba uno de los tantos capítulos (que se seguirán eslabonando por lo menos hasta la actualidad) en los que se planteaba la necesidad de instruir a los niños sobre temas sexuales como forma de protegerlos, durante la pubertad, de los peligros cada vez mayores de la ignorancia.
Pero, los resultados del psicoanálisis, por su parte, ponían de relieve otros peligros que, si bien pueden pasar desapercibidos ante una mirada desprevenida, no son menos reales. Se trata de aquellos que surgen de la represión de la sexualidad y que se manifiestan en síntomas psíquicos tales como inhibiciones, desarrollos patológicos del carácter o dificultades en el desarrollo de la capacidad intelectual. Resultaba evidente, entonces, que los niños debían ser protegidos, dentro de lo posible, con información veraz y esta tarea podía ser llevada a cabo por la escuela. Pero, fundamentalmente, debían ser criados de forma tal que resultara innecesario, o casi innecesario, cualquier esclarecimiento especial. Y esta era una “tarea para el hogar”.
¿Cómo se lograría?
“Podemos evitar al niño una represión innecesaria liberando –primero y principalmente en nosotros mismos– la entera y amplia esfera de la sexualidad de los densos velos de secreto, falsedad y peligro, tejidos por una civilización hipócrita sobre una base afectiva y mal informada. Dejaremos al niño adquirir tanta información sexual como exija el desarrollo de su deseo de saber, despojando así a la sexualidad de una vez de su misterio y de gran parte de su peligro. Esto asegurará que los deseos, pensamientos y sentimientos no sean en parte reprimidos y en parte, en la medida en que falla la represión, tolerados bajo una carga de falsa vergüenza y sufrimiento nervioso, como nos pasó a nosotros. Además, al impedir esta represión, esta carga de sufrimiento superfluo, estamos sentando las bases para la salud, el equilibrio mental y el desarrollo positivo del carácter. Sin embargo, este resultado incalculablemente valioso no es la única ventaja que podemos esperar para el individuo y para la evolución de la humanidad, de una crianza fundada en una franqueza sin límites. Tiene otra consecuencia no menos importante: una influencia decisiva sobre el desarrollo de la capacidad intelectual.” 2
Algunas puntualizaciones sobre esta cita.
a) Las represiones intrapsíquicas del niño guardarían estrecha relación con una actitud semejante en los padres, por lo que una modificación de la actitud de ellos es una precondición necesaria (pero no suficiente, como pronto lo confirmará la misma M. Klein) para la evitación de las represiones en los niños. El denominado “medio ambiente”, el “entorno” del niño, tiene en esta actitud parental uno de sus principales componentes, si no el principal.
b) Si bien menciona factores que podríamos denominar sociales (“los densos velos de secreto, falsedad y peligro, tejidos por una civilización hipócrita sobre una base afectiva y mal informada”) no centra en ellos ninguna acción destinada a modificarlos (lo cual no quiere decir que no sea deseable una modificación beneficiosa de los mismos, pero esto dependerá precisamente del accionar del individuo). Es el adulto 3el que tiene la responsabilidad de llevar adelante el esfuerzo de (tener el coraje de −dirá M. Klein más adelante en este mismo trabajo− liberarse de esos condicionantes). 4
c) Esta actitud parental debe guardar una fina sintonía con los deseos y necesidades del niño para no funcionar como una actitud “esclarecida”, “poseedora” del conocimiento. Por el contrario, su función es estimular el desarrollo del deseo de saber (que implica saber ignorar y poder ignorar), es decir, el despliegue de pensamientos y sentimientos. Todo esto sería sinónimo de “evitar al niño una represión innecesaria”.
d) “Evitar una represión innecesaria” implica, entonces,
1) Sentar las bases para la salud, el equilibrio mental y el desarrollo positivo del carácter;
2) una influencia decisiva sobre el desarrollo de la capacidad intelectual (que es uno de los principales intereses de M. Klein en estos momentos). Es necesario destacar, asimismo, la originalidad del enfoque ya que determina la capacidad intelectual en función de las vicisitudes de estos mecanismos psíquicos.
A continuación, dice que “la verdad de esta conclusión extraída de las experiencias y enseñanzas del psicoanálisis quedó confirmada en forma clara e irrefutable por el desarrollo de un niño del que tengo ocasión de ocuparme con frecuencia.” 5
Obviamente no transcribiremos la referencia completa de la experiencia con Erich (que se encuentra en el texto original que forma parte de la bibliografía) sino que trataremos de señalar las principales líneas de fuerza que la ordenan (aquellas “coordenadas” a las que nos referíamos anteriormente).
Melanie Klein comienza destacando la aparición, hacia los cuatro años y medio de Erich, de un período en que se manifiestan
a) un poderoso impulso a hacer preguntas y
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