Juan Piqueras - La vid y el vino en España

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La cultura del vino es una de las características más sobresalientes del ámbito geográfico del Mediterráneo, no solo como parte de su dieta alimentaria y elemento festivo y religioso, sino también como mercancía y fuente de riqueza económica. El presente libro trata del cultivo de la vid y del comercio del vino en España durante las Edades Antigua y Media en el marco del Mediterráneo y Europa Occidental. Existe pues una herencia vitícola común de origen romano así como una red internacional en la que los vinos y las pasas españoles eran mercancía habitual en Inglaterra, Alemania, Flandes, Francia e incluso Italia. La viticultura y la enología nacieron en el Medio Oriente por el tercer milenio antes de Cristo. Gracias a los comerciantes y colonos fenicios y griegos, lo difundieron hacia Occidente y lo trajeron hasta las costas de la Península Ibérica en torno al siglo VII a.C.

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fig 13 Detalle del río Mosela a su paso por Tréveris principal centro - фото 34

fig. 13 Detalle del río Mosela a su paso por Tréveris, principal centro vinícola del valle del Mosela. Obsérvese la grúa para cargar los barcos. Data de 1417 y todavía se conserva. Grabado de Mattheus Merian, siglo XVII.

Las tribus de francos que ocuparon aquella tierra a partir del siglo V respetaron, sin duda porque lo apreciaban, el cultivo de la vid y, con él, a la población autóctona que lo mantenía, razón por la cual pudo conservarse no solo la cultura vitícola, sino también la toponimia latina y los mismos nombres utilizados en la actividad vitícola (GILLES, 2001). Ya en plena etapa franca, en tiempos del rey Childeberto (575-596) el escritor Venantius Fortunatus, que más tarde llegaría a ser obispo de Poitiers, escribía un valioso relato, titulado De navigio suo , en el que volvía a dejar constancia de la espléndida viticultura moseliana:

Et vaga pampineas ventilat aura comas;

Cautibus insertae densantur in ordine vites

Atque supercilium regula picta petit;

In pallore petrae vitis amoena rubet,

Aspera mellitos pariunt ubi saxa racemos

Et cote in sterili fertilis uva placet

Quo vineta iugo, calvo sub monte, comantur.

( De navigio suo , versos 32-38)

Menos clara está la difusión del viñedo en la región renana del Pfalz, donde entre el campamento principal de Magontiacum (Maguncia) y los auxiliares de Worms, Speyer y Rheingönheim se calcula que había estacionados no menos de 15.000 soldados. También allí hay restos de ánforas, vasos, monumentos funerarios y hasta de dos prensas (cerca de Bad Dürhheim) datadas entre los siglos III y IV, pero todo ello no basta para afirmar que, como en el Mosela, hubiera en las orillas del Rin un cultivo generalizado del viñedo. La opinión más aceptada es que en el Pfalz se retrasó su expansión hasta el siglo VII, cuando empezaron a construirse los primeros monasterios (BERNHARD, 1997).

fig 14 Berncastel junto al río Mosela presume de tener uno de los más - фото 35

fig. 14 Berncastel, junto al río Mosela, presume de tener uno de los más afamados viñedos de Alemania y una tradición vitícola que se remonta, como su topónimo, a la época romana. En primer término, a este lado del río, se encuentra Kues, patria chica de Nicolas Cusano. Grabado de Mattheus Merian, siglo XVII.

La evolución del viñedo renano, y en general todo el germano, a partir del siglo VII se caracteriza por la sucesión de una serie de fases expansivas, sin que al parecer pueda hablarse de ningún período verdaderamente regresivo hasta el siglo XVI. Siguiendo los trabajos de F. Irsigler (1991) y M. Matheus (1997), el primer gran impulso tuvo lugar a partir durante los siglos VII al IX como consecuencia lógica del incremento de la población, la colonización de nuevas tierras y, sobre todo, la cristianización de la sociedad, todavía medio pagana, a cargo de los obispos (nuevos obispados) y de los misioneros de la época, es decir, de los monjes benedictinos (venidos muchos de Irlanda e Inglaterra) que fundaron centenares de monasterios tanto en Renania como en las regiones de su entorno (STAAB, 1993). Aunque los benedictinos era bastante austeros y parcos a la hora de beber vino (en su dieta solo entraba un cuarto de litro al día), las necesidades litúrgicas de todos los monasterios sumaban una demanda considerable que solo podía ser abastecida desde las escasas zonas vitícolas del Noroeste de Europa. El círculo de instituciones religiosas que compraron o plantaron viñas en Renania para asegurarse el suministro de vino se extendía no solo por comarcas renanas carentes de viñedos (Himmerod, Prüm…), sino por Luxemburgo, norte de Francia, Hainaut, Flandes, Brabante, Holanda y Westfalia (IRSIGLER, 1991, 52). Con el paso de los años los monasterios y obispados situados en las zonas vitícolas, acabarían por convertirse en productores con grandes excedentes de vino que derivaban hacia el comercio, haciendo de ello su principal fuente de ingresos en metálico. Ejemplos de ello fueron los obispados de Tréveris, Maguncia y Coblenza, o los monasterios de San Willibrord en Echternach (Luxemburgo), San Maximino y San Matías (Tréveris) y, ya en época posterior (siglo XII) la abadía cisterciense de Eberbach en Eltville, cerca de Wiesbaden, en el Rheingau (CLEMENS, 1993; TRAUFFER, 1997). Lo que en sus primeros momentos había sido una necesidad litúrgica acabó convirtiéndose en un gran negocio. Todavía hoy se cuentan por centenares los pagos vitícolas que llevan el nombre del convento, el monasterio o la iglesia parroquial que fueron dueños en su día, mientras que el obispo de Tréveris pasa por ser el mayor cosechero y su bodega, Cumvinum, un lugar de culto de los buenos catadores.

A finales del siglo IX y hasta mediados del siglo X las invasiones normandas y húngaras marcaron un paréntesis en la expansión vitícola, que volvió a cobrar fuerzas con la estabilización política después del año 950. La nueva etapa comenzó con el salto del viñedo al otro lado del Rin. Fue entonces cuando empezó a formarse la luego famosa comarca vitícola del Rheingau, ribera derecha del río desde Wiesbaden hasta Rüdesheim y Lörsch. De ello serían en gran parte responsables los cistercienses de Eberbach. La organización de un mercado regional mediante la generalización de un sistema tarifario común y la concesión de privilegios para favorecer el comercio del vino por parte de obispos y señores forjaron en aquellos años el carácter del Rin como eje fundamental de la producción y comercio de vino (STAAB, 1997, 63). Al mismo tiempo, la conquista vitícola del Rheingau marcó el punto de partida para un largo avance hacia regiones situadas más al oeste, por los valles del Main (Franconia) y del Neckar (Suabia), donde arraigaría el viñedo con tanta fuerza que ha llegado hasta el siglo XXI.

El siguiente frente a conquistar, aunque nunca llegara a hacerlo con intensidad, estaba en el noreste. Ello solo fue posible tras la derrota definitiva de los húngaros a orillas del río Unstrut (Turingia) en 933, a la que siguió un largo proceso de conquista y colonización germana de extensos territorios más allá del Elba, del Oder y hasta del Vístula. No siempre se repoblaron las tierras con colonos germanos, ni todos los germanos eran de cultura vinícola, por lo que la difusión del viñedo en muchos lugares fue poco menos que testimonial y relegada a las necesidades litúrgicas de las iglesias (SCHRÖDER, 1978). En este sentido hay que entender el envío que en 1128 hizo el obispo Otto de Bamberg de una carreta con plantas de vid para que fueran repartidas entre las iglesias de Pomerania y tuvieran al menos vino para la eucaristía (BASSERMANN, 1923). El primer viñedo de cierta entidad se formó en el abrigado valle donde se juntan el río Saale y su afluente el Unstrut. Allí, el emperador Otton III dio en 988 tierras plantadas de viñas al monasterio benedictino de Menleben, aunque fue en naumburg donde hacia 1066 se hicieron ya plantaciones de importancia y, un siglo más tarde, en 1137, tendría lugar la fundación del monasterio cisterciense de Schulpforta, cuyos viñedos plantados en la ladera del Köppelberg hacia 1153 habrían de convertirle en uno de los más ricos de Turingia, donde los mismos alrededores de la ciudad de Jena y del monasterio de Eisenach se vieron poblados de extensos viñedos. Por las mismas fechas se formaban las otras tres únicas comarcas vitícolas de verdadera entidad que, junto con la del Naumburg, hubo en todo el noreste alemán: la de Dresde, junto al río Elba; la de Potsdam, junto al Spree y la de Guben (1154) junto al Oderneise (SCHÖDER-WALDAU, 1978). El avance del viñedo hacia el NE puede ser establecido a partir de los estudios de Waldau (1978) y Weber (1980). En 1143 llegaba a Cracovia (Silesia) y poco después, en 1151, a Kiev (Ukrania). Por la zona del Báltico llegaba a Rostock en 1283, a Königsberg en 1320 y a Riga en 1417. Los caballeros de la Orden Teutónica, como originarios que eran de una zona vitícola (tenían su casa principal en Coblenza, en la confluencia entre el Rin y el Mosela), fueron los principales difusores en las zonas oriental y occidental de Prusia, mientras que los barcos de la Liga Hanseática controlaban todo el comercio de vino con los países del Báltico, incluidas Suecia y Rusia. Algunas ciudades como Braunschweig llegaron a desarrollar un pequeño viñedo suburbano de vida efímera.

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