La otra manera como los duques ayudaron a la viticultura borgoñona fue mediante su unión dinástica con Flandes en 1384, con el matrimonio entre Felipe el Temerario, duque de Borgoña, y Margarita de Flandes, unión que habría de durar siglos e impuso en la floreciente sociedad mercantil e industrial de Gante, Brujas y otras ciudades flamencas el gusto por los vinos de Borgoña. Ya en 1471, el duque Carlos proclamó la independencia con respecto al rey de Francia y marcaba así la nación de un nuevo estado que, ya en el siglo XVI, sería heredado por Carlos V, nacido precisamente en Gante, la mayor ciudad de Flandes.
Desde Borgoña hacia el sur, siguiendo el corredor del Saona, había otras comarcas vitícolas menos desarrolladas. Solo en las cercanías de Lyon, siguiendo la ribera derecha del Saona desde Anse y luego la del Ródano hasta Givors (unos 50 kilómetros) el viñedo alcanzaba una mayor intensidad dispuesto sobre terrazas bien soleadas.
Se trataba de un viñedo donde dominaba la variedad gamay (aquella que no quería el duque de Borgoña) y exclusivamente destinado a abastecer a la capital, en plena fase de despegue industrial (textil). En los barrios periféricos de la misma el viñedo era más intenso (hasta el 60 % de las parcelas) y sus cultivadores (en propiedad o en alquiler) eran vecinos que alternaban su trabajo artesano con la tenencia de un viñedo. Más allá, en dirección a Anse o a Givors, predominaba la propiedad eclesiástica. En cualquier caso no se trataba de un viñedo de gran calidad, capaz de competir con el de Borgoña, ni su localización coincide con los actuales viñedos del Beaujolais que abastecen a Lyon y se exportan a todo el mundo (LORCIN, 1978).
Otro viñedo que, en contra de la tendencia general, conoció una gran expansión a finales de la Edad Media fue el de Nantes, en la desembocadura del río Loira. Las causas que explican este despegue serían una menor incidencia de la Guerra de los Cien Años que en los viñedos rivales y sobre todo, como en Borgoña, una reducción de los impuestos sobre el comercio de vino y la creación de una feria franca en 1407, que propiciaron la afluencia de mercaderes de Bretaña y normandía que antes iban a cargar vino a La Rochelle (SCHIRMER, 2002). Especializado en vinos comunes de bajo precio, en competencia con sus vecinos del Poitou, el viñedo de Nantes conocería un rápido crecimiento a lo largo del siglo XV y sus vinos conquistaron una parte importante del mercado popular de París. La exportación creció de 30.000 hectolitros a fines del siglo XIV a 135.000 a mediados del XVI, haciendo de Nantes el segundo puerto vinatero de Francia (LACHIVER, 1991, 229).
LOS VIÑEDOS GERMÁNICOS: AL ABRIGO DE LOS VALLES FLUVIALES
En la Europa Septentrional, la situada al norte de los Alpes y lo bastante alejada de la costa atlántica como para no verse beneficiada por la Corriente del Golfo, las fuertes restricciones climáticas al desarrollo vegetativo de la vid promovieron su concentración en aquellas pocas zonas en donde, más o menos, se puede disfrutar de la suficiente insolación para que maduren las uvas. La localización de un microclima parecido al mediterráneo solo es posible en estas latitudes (47º-51º norte) en las cuestas de la colinas y, mejor aún, en las laderas de los valles encajados, siempre y cuando estén orientadas al Mediodía o, en su defecto, hacia el Poniente, donde las tardes son más soleadas que en las laderas que miran al Levante, pues por las mañanas es frecuente la formación de nieblas. Todo esto, además, en terrenos con buen drenaje, para que no se encharque el suelo con las lluvias, y a una altitud que no debe superar los 300 metros sobre el nivel del mar. Entre tantas limitaciones los pocos viñedos que hay en esta parte de Europa vienen a ser auténticos “oasis” en medio de un paisaje dominado por los bosques y la tierra campa.
Por tratarse de viñedos “extremos”, en la frontera de lo posible, tienen la desventaja de presentar cosechas muy irregulares (debido al frío y a la lluvia) y dar vinos de bajo contenido en alcohol (menos de 10 e incluso 8 grados), de mucha acidez y escasa resistencia al paso del tiempo sin avinagrarse, lo que obliga a su consumición en los primeros meses. En la Edad Media, además, todavía no conocían la chaptalización o adición de azúcar al mosto durante la fermentación para elevar el grado alcohólico. En contrapartida, tenían una ventaja comercial: el que hubiera en su entorno grandes regiones donde no se producía vino, por lo que el mercado era mucho más amplio y estaba más o menos asegurado. Aquellos eran los viñedos más próximos a la floreciente Flandes, a las ciudades comerciales de la Hanse y a los nuevos territorios que se colonizaron y cristianizaron más allá del Rin y el Danubio a partir del siglo X. Por estas razones no sufrieron con tanta intensidad como en Francia e Italia las crisis vitícolas derivadas de la Peste y la Guerra de los Cien Años. En todo caso esta última favoreció la entrada de vinos del Rin en Inglaterra en la medida en que la Guerra con Francia recortaba la importación de los vinos de Aquitania.
La geografía del viñedo medieval en el mundo germánico solo alcanzaría el nivel de las grandes regiones del sur (Aquitania, Rioja, Languedoc, Toscana…) en Renania, la misma que empezó su vocación vitícola en el siglo II d. C. gracias a la colonización romana y que en estos momentos de comienzos del siglo XXI concentra casi toda la producción de vino de Alemania. Bajo el topónimo Renania, en sentido extenso, se esconden en realidad varias regiones vitícolas que, más o menos, alcanzaron su definición geográfica ya en la Edad Media: Alsacia, Baden, Pfalz, Franconia, Rheingau, Ahr y Mosela. Fuera del ámbito renano habría que añadir otras tres regiones vitícolas germanas: una poco intensa formada por los islotes de viñedos que la expansión hacia el noroeste creó en Turingia, Sajonia, Brandeburgo e incluso Pomerania; otra algo más concentrada a lo largo del Danubio desde Ratisbona a Viena; y una tercera de la que pocos parecen acordarse por formar hoy parte de Italia, como es la del Südtirol, el único viñedo germano, ya veremos hasta qué extremo, situado al sur de los Alpes. fig. 12
fig. 12
Renania: tradición romana y comercio fluvial
Los orígenes de la cultura vinícola en Renania se remontan a la época romana y están en relación directa con los campamentos de legionarios que vigilaban el Limes Germanicus y con las ciudades a que dieron lugar muchos de ellos, las más importantes situadas precisamente en la margen izquierda del Rin o un poco antes de llegar a él. Tal sería el caso de la Colonia Augusta Treverorum , actual Tréveris, fundada por Augusto junto al río Mosela (ca. 16 d.C.) y considerada no solo la ciudad más antigua de Alemania sino también, y muy justamente, la patria del vino alemán. A ella habría que añadir otras a lo largo del Rin como son las actuales Estrasburgo, Speyer, Worms, Maguncia, Coblenza, Bonn y Colonia, por citar solo las más importantes.
En una primera fase aquellos asentamientos militares eran abastecidos de vino desde el sur de la Galia (Narbo Martius, Arelatum) y el noreste de Hispania (Barcino, Tarraco) siguiendo la ruta natural que marca el largo corredor Ródano-Saona hasta enlazar con el Rin por Besançon o con el Mosela por Metz. No está claro cuando la importación fue sustituida por la producción local. Los riquísimos y abundantes restos arqueológicos catalogados en Tréveris y sus alrededores (prensas, lagares, monumentos funerarios, etc.) permiten datar el inicio de una viticultura propia ya en el siglo II (CÜPPERS, 1987). La elección de esta misma ciudad como sede de la corte imperial en la segunda mitad del siglo III y comienzos del IV, coincidiendo además con la proclamación del cristianismo como religión del Imperio (se dice que Santa Elena, madre de Constantino, regaló el terreno para construir en Tréveris la primera basílica cristiana), debió contribuir decisivamente a la expansión del viñedo a lo largo del Mosela (Neumagen, Piesport, Berncastel…), fig. 13y fig. 14cuyas pendientes riberas se poblaron de vides formando el típico paisaje vitícola que ya dejó plasmado hacia el año 371 el procurador bordelés Decimus Ausonius en su obra poética: “Culmina villarum pendentibus edita ripis / Et viriles Baccho colles et amena fluenta / Subter labentis tacito rumore Mosellae” ( Mosella , versos 20-22).
Читать дальше