La razón es sencilla: la decisión judicial ataca directamente, en el sentido metafórico, la acción de las instituciones políticas o a los políticos, les arrebata la iniciativa y modifica la dinámica propia de estas instituciones y/o políticos. Y, como señalábamos con anterioridad, la clave no son tanto los protagonistas de la acción de la información –en este caso los jueces o fiscales y también los políticos detenidos y encarcelados–como el objetivo y la finalidad de esta acción, fundamental para comprender la acción política. Al respecto, es clave comprender la importancia del conflicto en la acción política.
Borrat (1989 b ) y Giró (2010) abordan con detalle la ya mencionada hipótesis del conflicto, fundamental para comprender las tensiones de poder en nuestra sociedad y para comprender mejor la labor del periodista político. Borrat (1989 a : 24) precisa que percibir el periódico como actor político es considerarlo como un actor social, puesto en relaciones de conflicto con otros actores, y especializado en la producción y la comunicación masiva de relatos y comentarios acerca de los conflictos existentes entre actores de ese y de otros sistemas. El conflicto, valora, «se presenta así como la categoría clave para orientar esta búsqueda. Como productor de la actualidad periodística política, el periódico tiene que ocuparse de un flujo continuo y siempre renovado de conflictos noticiables». Giró (2010) señala, en este mismo sentido, que el conflicto es inherente a la propia política:
El conflicto es el término que mejor define la función y el funcionamiento de la política. La existencia de cualquier sociedad comporta conflictos. Hacer política es gestionarlos, resolverlos si es posible, cooperando si llega el caso con algunos actores para imponerse sobre terceros con los cuales se está en conflicto.
Podemos ampliar estas nociones teóricas con ejemplos aún más complejos, como el hecho de que instituciones teóricamente tan alejadas de la praxis política como la Iglesia católica pueden llegar a condicionar duramente el debate político en cuestiones sociales, culturales e incluso identitarias: temas como el aborto, la polémica suscitada en torno a la asignatura de «Educación para la Ciudadanía», que impulsó en el año 2005 el Gobierno socialista de José Luís Rodríguez Zapatero, o la ley que legalizaba los matrimonios homosexuales son buenos ejemplos de nuestra historia reciente. La Iglesia, como actor social, entra en conflicto con otro actor político, en este caso el Gobierno de turno. No nos importará tanto el hecho de que la Iglesia no sea una institución política en su definición estricta como el hecho de que su acción se adentra directamente en lo que entendemos como debate político hasta alterarlo e, incluso, condicionar la acción de un ejecutivo (o del Parlamento) a favor de una u otra posición en materia social o educativa. Si aplicamos esta norma a otros campos del conocimiento, como la economía, será más sencillo que clarifiquemos tanto la existencia de un acontecimiento político como su ubicación en las páginas de nuestro diario. A pesar de esto, la economía es también un ámbito marcadamente fronterizo con lo político en muchos temas, y no es extraño ver cómo muchos debates políticos tienen como trasfondo un debate económico y al revés, hecho que se evidencia aún más desde que se inició la crisis económica mundial en el año 2008. La denominada política económica , dictada por un gobierno nacional o por instituciones internacionales como la Comisión Europea, se aborda con intensidad desde la fecha señalada por las secciones de política de todos los diarios.
No todos los periódicos denominan Política a la sección donde se van a ubicar las noticias políticas. Por ejemplo, el diario El País publica las noticias políticas en su sección «España», la misma en la que también se pueden leer informaciones sobre sucesos, infraestructuras o incluso temas sociales. Sin embargo, otros como La Vanguardia o Las Provincias sí que incluyen las páginas donde se ubican las noticias políticas en una sección llamada «Política». A pesar de esto, incluso en La Vanguardia se han llegado a divulgar en estas páginas noticias políticas que se solapan con otras áreas temáticas, como sociedad o economía. Borrat (1989 a : 40-41) señala al respecto que resulta habitual que la política invada con cierta facilidad el resto de áreas y secciones que, en el periódico de información general, pueden ser concebidas como correlatos de los sistemas social, económico y cultural: sociedad, economía, cultura, espectáculos, deportes: «El periódico, pues, asigna a la política el lugar central en sus temarios pero, lejos de confinarla en ese espacio privilegiado, la expande también más allá de él».
La noticia política es, por tanto, aquel acontecimiento que implica a los actores políticos de una sociedad o que tiene repercusión en sus decisiones y/o acciones, y que por ello es susceptible de ser difundido en las páginas de política de un diario y cubierto por un periodista político especializado en información política, con todas las advertencias señaladas y las imprecisiones de una profesión que no es, en absoluto, una ciencia exacta. Y consecuentemente, definimos el periodismo político como la especialización del periodismo encargada de atender todo acontecimiento o hecho político, que acontece en o fuera de las instituciones políticas, y que tiene incidencia directa en el debate político. Ello apunta, en línea con la tesis de Giró (2010), a que en todos los ámbitos del ecosistema social pueden producirse acontecimientos susceptibles de ser atendidos por el periodismo político, aunque no sean estrictamente hechos políticos, como aquí se ha razonado.
Para una mayor comprensión de este punto proponemos una clasificación temática de las noticias políticas que tiene en cuenta tres variables: el origen del acontecimiento, sus actores y el ámbito social donde se produce. Así, junto a la noticia política estricta , que deberíamos entender como aquella que tiene en su origen y en su finalidad actores exclusivamente políticos –un debate parlamentario, unas elecciones autonómicas, locales o generales, la elección de un secretario general de un partido, como ejemplos–, se diferencian también los siguientes subámbitos:
– Política económica: acontecimientos que tienen su origen en actores institucionales o políticos que en la gestión del poder condicionan con sus decisiones la realidad económica. Servirían como ejemplos una reforma laboral aprobada por el Gobierno, una reforma fiscal o la decisión de un rescate o intervención de una autonomía.
– Política internacional: acontecimientos que tienen su origen en actores institucionales o políticos internacionales, especialmente de ejecutivos de otros países, que afectan directamente a la vida de los ciudadanos. Ejemplos serían unas elecciones en cualquier país del mundo o la decisión de un país de entrar en hostilidades con otro país vecino.
– Política y tribunales: en este caso se consideran como tales casi exclusivamente los casos de corrupción política investigados por jueces o fiscales en todo el ámbito nacional. Ejemplos abordados con intensidad por el periodismo en España desde el año 2008 serían el caso Gürtel o el caso Nóos.
– Política social: acontecimientos que tienen su origen en actores institucionales o políticos, cuyas decisiones provocan un fuerte debate político aun tratándose de asuntos sociales, como podría ser la Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo, aprobada por el PSOE en 2010, o la propuesta del PP del anteproyecto de Ley para la Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada.
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