—El Malcom Beasley —respondo por él.
Ridsley deja de parpadear.
—Y su madre es La Kansas Shepard —añade el abuelo, porque le gusta darle el mismo protagonismo a mamá, aunque no sea la que sale en televisión, sino la que ayuda tras bambalinas—. Será mejor que salgas de tu estupefacción y llames a Ibeth antes de que te conviertas en El Jaden que voló hasta Samoa Americana.
El rubor se extiende por sus mejillas. ¿Se avergonzó por sonar como un fanático por un momento?
Ruborizarse es una reacción orgánica natural. Los vasos sanguíneos se dilatan y fluye más sangre de la usual, por eso el color. Es normal, de lo más cotidiano que hay, pero este tipo tiene un ego del tamaño de Júpiter y una confianza comparable a la circunferencia de Urano. ¿Por qué se sonrojaría como Marte por esto? Con su confianza esperaba que hasta se autoinvitara a mi próxima cena familiar, no que se sumiera en este silencio incómodo que es interrumpido por alguien que intenta abrir la puerta.
El abuelo agarra el consolador.
Yo lo agarro a él.
—¡¿Listo para oír sobre mi noche, primor?! —grita alguien del otro lado—. Traje huevos de los comestibles, mis segundos favoritos. Los primeros derivarían en canibalismo... ¡En fin, ponte tu sexy delantal! —Un muchacho entra con dos bolsas de compras y lentes de sol a pesar de estar bajo techo—. Y si lo usas sin camiseta debajo, mucho me... —Se detiene en seco tras cerrar la puerta con su pie y notar nuestra presencia.
El abuelo y yo mantenemos la no-batidora entre nosotros.
—¿Eres gay? —pregunta el descarado coach a Jaden, quien abre la boca en vano porque Shepard se adelanta—: ¡Sabía que la pesadilla no se repetiría tres veces! —Levanta los brazos al cielo antes de bajarse del taburete como un niño pequeño en Navidad.
Me quedo con el consolador en la mano.
—Ahora podremos vivir los tres sin problema —sigue un contento Bill—. Bueno, siempre que no intentes espiarme en la ducha —advierte—. Te haré correr el equivalente a mis años en millas si te veo en modo curioso.
Miro a Jaden con ojos bien abiertos y un claro mensaje que le transmito vía ocular:
«El abuelo se convertirá en caníbal cuando sepa que no te gustan los huevos no-comestibles».
Me mira en respuesta:
«Vivamos el presente, no el futuro. Tenemos vía libre para coquetear ahora».
«No haré eso ni en presente ni en futuro», le digo.
Sonríe:
«¿Quieres apostar?».
—Soy Bill. —Le estrecha la mano al recién llegado, quien lo mira confundido—. Es un placer conocerte... Por ahora. En cuanto me fastidies, dejará de serlo.
El muchacho de las bolsas levanta sus lentes sobre su cabeza.
—Soy Bernardo, y Jaden no es mi no... —El susodicho se rasca la nariz como si estuviera en un juego de póker y su amigo cambia su declaración a sabiendas que debe mentir—: Es mi prometido.
Si tuviera que pedirles a mis amigos que me sigan la corriente de esa forma, Tyra preguntaría dónde está el río y Ciro si nos podemos meter al agua. No entenderían nada.
—¿Y por qué no están usando anillos? —insisto.
Impeler a que caigan en el abismo de su mentira es entretenido.
—No es necesaria ninguna alianza para demostrar cuánto se ama a alguien —asegura el stripper.
No sé si lo dice porque de verdad lo piensa o solo para que la farsa no se desmorone. Sin embargo, coincido y eso me molesta. No quiero coincidir con él en nada; no respecto a esto, no en este departamento y no en mi nueva vida adulta. Quiero arrastrarlo a una habitación para que llamemos a Ibeth y nos diga qué está sucediendo, así puedo decidir qué hacer con mis cosas, mi abuelo y conmigo misma.
Siento que juego un partido cuyas reglas no conozco. Eso me inquieta mucho.
—Bésense entonces —propongo.
—Me gusta tu forma de pensar, chica. —Bernardo me guiña un ojo—. Y también lo que tienes en la mano. Es último modelo por lo que sé.
Me sonrojo y dejo de agitarlo en el aire.
—Soy un alma tímida. —Evade el beso Jaden, y quiero reír porque eso nadie lo cree.
—No te oías como un alma tímida la última vez —responde su amigo al apartar su brillante cabello negro de su frente. Me pregunto si él le da consejos a Jaden para el cuidado del cuero cabelludo—. Ahora dame un beso lleno de bacterias y amor.
El abuelo me codea.
—Billy Anne —susurra—, creo que habrá traseros rotos aquí y no seré yo el responsable.
Me pongo de pie y lo arrastro a la sala.
—¿No crees que deberíamos dejar de hablar de la vida sexual de la gente y descubrir dónde dormiremos esta noche? Ibeth nos engañó y ni siquiera sabemos por qué.
—Nos quedaremos aquí —dice con obviedad—. Jaden es nuestra nueva Ibeth, así que relájate antes de que te dé motivos para estresarte al ponerte hacer lagartijas. —Me toma por los hombros y me cruzo de brazos, inconforme. ¿Por qué soy la única que parece tener los pantalones de chica grande puestos? Hay cosas que arreglar aquí y alguien tiene que hacerse cargo—. Ahora, si me permites, iré a ahuyentar a esos dos al encender esta cosa. —Me quita el consolador—. No sé por qué hace un ruido tan raro, pero estoy seguro de que los espantará para que hagan sus cosillas en una habitación a puerta cerrada.
Más que espantarlos, parece que los invitará a un trío. Lamento mucho haberle dicho que era una batidora. Echo la cabeza hacia atrás y maldigo antes de ir por mi teléfono y enviar un mensaje para reunirme con quienes formamos mi propio trío.
Necesito una CDE. Urgente.
—¿Por qué convocaste una Comida de Emergencia, Annie? ¿El tipo del elevador te molestó? —Ciro se aparta los mechones rubios que le rozan la barbilla.
¿Por qué todos los sujetos que conozco tienen el cabello como recién salido de la peluquería? No es justo. Ciro se seca el trasero y el rostro con la misma toalla y tiene un cutis que ni el mejor dermatólogo podría conseguirme.
—La vida me molestó —corrijo.
—¿Quién es el tipo del elevador? ¿Qué tan capaz es de darte un orgasmo visual del 1 al 69? —inquiere Tyra con la boca llena, y le lanzamos una mirada—. ¿Qué? No es ilegal preguntar.
—Preocúpate menos por los candidatos y más por apoyar a nuestra amiga. —Hyland le toma la cabeza como si fuera la tapa de un frasco y la gira para limpiarle la boca con una servilleta—. La está pasando fatal y tú solo quieres saber si sus vecinos son potenciales amantes cuando tienes uno justo aquí. —Hace ademán a sí mismo antes de lanzar la servilleta a la mesa.
Gimo mientras sorbo de mi Coca-Cola.
—Prefiero a los chicos desechables y tú eres como un maldito bumerán, siempre regresas. Olvídalo. —La pelirroja se lleva una papa a la boca.
—Hola, Billy Anne está llamando desde el local de comida chatarra de Kordell. —Agito las manos frente a ellos—. Mis sueños se están derrumbando aquí, ¿alguna sugerencia que no trate sobre placer carnal, vanidad y bumeranes?
Las CDE son reuniones que se pueden dar en cualquier momento. Convoqué una porque estoy necesitada de un jodido abrazo y palabras de ánimo.
La primera vez que hubo una CDE fue cuando los alcancé en primer año de la preparatoria. Fue la única vez que estuvimos los tres en una misma aula antes de que siguiera saltándome años.
La cuestión fue que, como era más pequeña que el resto, un chico llamado Hunter Gone comenzó a molestarme al decirme frente a sus estúpidos amigos si me había confundido de camino a la guardería y si necesitaba que llamara a mi mamá.
Me largué a llorar. No porque me doliera lo que dijo, sino porque nadie me había enseñado a golpear antes. Le di al chico en la nariz cuando me arrinconó en la cafetería y ambos terminamos llorando; él por su órgano del olfato dañado y yo por el cuarto segmento de mi extremidad superior izquierda.
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