La mera asistencia a una manifestación pro-vasca podía resultar una actividad peligrosa. Chislett también relata la cobertura en Vitoria de la primera celebración legal del Aberri Eguna desde la Guerra Civil, en mayo de 1977, en que algunos periodistas extranjeros resultaron heridos en la línea de fuego:
un cámara belga fue disparado en el pecho por una bala de goma; Gordon Martin, corresponsal de la BBC, estaba en un apartamento, con su micrófono en una mano y un vaso de whisky en la otra, cuando la policía disparó a su ventana. Se quedó con el micrófono y el cristal del vaso hecho añicos. Cuando un grupo de periodistas intentó entregar una carta de protesta al gobernador civil de Vitoria, la policía les denegó la entrada, y uno de los agentes les dijo: «Ustedes ya tienen democracia en su país, pero no en España», añadiendo «me sale de las narices».
Los contactos con militantes vascos se llevaron a cabo con mucho secreto. Chislett relata como el recuerdo profesional más duradero de la época su encuentro en el club de golf de Biarritz con el terrorista José Miguel Beñarán Ordeñana («Argala»), el hombre que detonó la bomba de control remoto que mató a Carrero Blanco. Era difícil comprar prensa extranjera en el País Vasco si llevaba noticias sobre ETA. Un mes antes del funeral de Franco, Joel Leslie Gandelman, enviado especial del Chicago Daily News y Newsweek , fue obligado a abandonar España por haber escrito sobre las ejecuciones del 27 de septiembre y la supuesta tortura policial de separatistas vascos. Este incidente fue interpretado como un aviso muy serio al cuerpo de corresponsales extranjeros y su tratamiento de la cuestión vasca.
Walter Haubrich recuerda que la policía registró a menudo su oficina de Frankfurter Allgemeine Zeitung , le fue confiscada su acreditación y recibió amenazas constantes de enfrentarse a un pelotón de fusilamiento de la Guardia Civil. «Los corresponsales teníamos presiones, pero no censura (...) el Ministerio de Información y Turismo me amenazó con expulsarme por lo menos diez veces». En julio de 1974, el corresponsal alemán ofreció su casa para la constitución de la Junta Democrática, promovida por el Partido Comunista de España, el Partido Socialista Popular y el Partido Carlista.
En París se iba a anunciar a una hora concreta que en Madrid se había creado esa unión de fuerzas de la oposición. Cuando llegamos al sitio donde se iba a hacer, las Cuevas de Sésamo, estaba la policía en la esquina. El reloj corría y no podía ser que se anunciara en París lo que en realidad no había ocurrido todavía en Madrid, así que ofrecí mi casa.
Ese mismo año, Haubrich presentó personalmente a los corresponsales extranjeros en Madrid a Isidoro , apodo con el que se conocía en la clandestinidad a Felipe González, secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Al holandés Kees van Bemmelen 17 ( De Telegraaf) , llegado a Madrid en 1962, le confiscaron en una ocasión su credencial de periodista porque, según Novais, su nombre figuraba en una lista negra de «los enemigos de España». Sobre esta cuestión, Van Bemmelen acusó a algunos corresponsales de liberarse de la presión del sistema aceptando apartamentos o sobres de dinero a cambio de publicar artículos que ensalzaban el Régimen franquista.
Las carpetas correspondientes al Ministerio de Información y Turismo del Archivo General de la Administración contienen más informaciones sobre el control gubernamental de los corresponsales y las represalias ejercidas. El Club Internacional de Prensa de Madrid, presidido por José Mario Armero, era un lugar de encuentro entre periodistas españoles y extranjeros y personalidades de la vida pública. Allí se celebraron frecuentes reuniones con figuras relevantes de la oposición y actos públicos que no siempre fueron autorizados, lo que llevó a su directiva a protestar ante el Ministerio de Información y Turismo por las dificultades puestas a su funcionamiento. 18
Antes de la muerte de Franco, el incidente más sonado fue protagonizado por el intelectual izquierdista francés Regis Debray –que había entrevistado y colaborado con Che Guevara–, el actor Yves Montand y el escritor Michel Foucault, al celebrar una rueda de prensa en Madrid para protestar por las once condenas de muerte dictadas en septiembre de 1975, de las que se ejecutarían cinco. El acto fue interrumpido por policías de paisano y todos los presentes fueron arrestados. Los franceses fueron deportados y los veinticinco periodistas presentes registrados antes de quedar en libertad. Muchas de las ruedas de prensa semi-clandestinas fueron presenciadas por policías vestidos de calle, así como diversas charlas celebradas por corresponsales en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.
Luigi Sommaruga del diario romano Il Messaggero fue expulsado de España cinco días antes del funeral de Franco por divulgar en sus crónicas «informaciones calumniosas para el Jefe de Estado» e «inexactitudes utilizadas por la propaganda de grupos clandestinos claramente subversivos que constituyen atentados a la paz pública española». Sommaruga se negó a subir a un avión y, en consecuencia, fue conducido a la frontera de Irún. De modo similar, el ya citado Joel Leslie Gandelman fue obligado a abandonar España por sus «actividades personales». En declaraciones a Reuters, Gandelman dijo que «es la cosa más ridícula que he oído nunca». 19
Desde la «Difusión Informativa de la Dirección General de Coordinación» se editaba un boletín interno diario titulado «Visión Informativa de las agencias extranjeras». Se hacía además un resumen de los programas radiofónicos y televisivos titulado «España vista desde el extranjero», con una valoración de los contenidos de textos y guiones por si mostraban actitudes o líneas editoriales hostiles hacia el régimen. Los funcionarios del ministerio de Información y Turismo –en conjunción con los agregados de información del cuerpo consular– redactaban también informes para calibrar la afiliación ideológica de los medios internacionales con el título de «La significación política de la prensa extranjera». En ellos se clasificaba los diarios en tres grupos –«independientes», «conservadores» y «liberales»– y se intentaba resumir su postura ante el Gobierno español.
A modo de ejemplo, se explicaba que Corriere Della Sera era de tendencia liberal-conservadora y de
una línea masónica que ha sobrevivido al fascismo durante cuya etapa fue también el más importante periódico italiano. Se acomoda, pues, a todas las circunstancias (...) Actitud hacía España: mesurada, discreta, objetiva: puede considerarse buena.
La Stampa era definida en los siguientes términos:
Periódico de la FIAT. Centro-izquierda. Su director es Giulio de Benedetii que, a pesar de sus 75 años, lo lleva con «mano de hierro». Nuestro contacto con de Benedetti es muy reciente pero consideramos la entrevista muy positiva. Su libro preferido es El Quijote (...) se siente muy solidario con el español como tipo humano (...) Actitud hacia España: discreta evolucionando hacia buena.
Las agencias informativas también estaban sometidas a calificación. La china Xinhua era «la mensajería de Mao a través del mundo, obligada a competir con las agencias capitalistas, romper su monopolio y extender su influencia en nuestro país». La soviética TASS estaba considerada como una empresa que, además, asumía funciones políticas:
Cada periodista de TASS con puesto en el extranjero ha recibido una profunda formación política e ideológica y es por tanto un activista del partido. El 85%de los periodistas de la URSS son miembros del partido, disponiendo algunos de los corresponsales de pasaporte diplomático que les facilita el ejercicio de sus misiones con cierta impunidad [...] Es una suposición nada descabellada que la agencia TASS es un posible caballo ideológico y agitador troyano. 20
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