Tenemos una responsabilidad que implica la autocapacitación.
Un ingeniero, contador, abogado, médico, dentista, un comerciante exitoso, que asume su carrera con responsabilidad y profesionalismo, se autocapacita.
También los docentes debemos hacerlo, porque somos profesionales y desarrollamos nuestra actividad con responsabilidad. Sabemos que económicamente no es redituable aún, que no es coherente el sueldo del docente con las tareas que realiza (las que corresponde por su actividad y las impuestas que no corresponden), pero somos profesionales y debemos desempeñarnos con vocación.
Muchos colegas no se autocapacitan atribuyendo el escaso poder adquisitivo del sueldo con los elevados costos de algunos cursos, pero hay muchas capacitaciones que tienen facilidades de pago y también muchas opciones que son gratuitas.
Alguna vez me dijeron: “pero no da puntaje”.
Capacítese en lo que considere que le brindará herramientas para un mejor desempeño. Si además brinda la posibilidad de aumentar el puntaje, ¡mejor! Pero concéntrese en su objetivo: obtener mejores herramientas para ayudar a aprender, ayudar a descubrir a cada ser humano en formación cuáles son sus capacidades predominantes, colaborar en el desarrollo de un pensamiento autónomo y crítico.
En algunos casos, ni siquiera hay que buscar cursos gratuitos; basta con leer los apuntes de cuando se formó en el rubro. Refrescar la memoria, revisar, acomodar, adaptar y readaptar.
Pero; no es su caso.
Si está leyendo este libro, está entre los que buscan opciones para el mejor desempeño de su tarea.
Aclaro que este libro no contiene fórmulas mágicas; pero puede ayudar a gestionar nuevas ideas a partir de su lectura.
Pues entonces, ¡manos a la obra!
1Comencé con “Juana Bonita” como vendedora. Luego “Candela Thompson”, donde inicié la incorporación de vendedoras. Después pasé a “Bioesencia”. A estas alturas ya dirigía el grupo de emprendedores en La Matanza.
“Intentar enseñar algo sin saber cómo funciona el cerebro de un alumno promedio es hoy tan difícil como intentar ser diseñador de guantes sin haber visto jamás una mano”.
(Leslie A. Hart)
Presentación y Trayectoria
Soy Graciela. “La seño Graciela”.
Profesión: Docente (entre otras).
Otros estudios: Varios (ver Anexo).
Estudié la primaria y secundaria en la provincia de Formosa, Argentina. Transité por los pasillos de la EPEP N° 380 “Docentes Argentinos”, y del Colegio Nacional “Gobernador Juan José Silva”, donde elegí la “orientación biológica”.
El primer título que obtuve luego del secundario ha sido el de Profesora para la Enseñanza Primaria, (tenía entonces 19 años). Me recibí muy joven y casi sin saber si era lo que quería, pero con cada emoción que experimentaba, más me convencía que era mi vocación.
Comencé a ejercer con 19 años, en la escuela n° 147 “Estado de Israel” (siempre en mi corazón) durante 5 años y en la escuela n°1 “General José de San Martín”, dos años, más unos meses en una escuela rural.
Luego de ejercer esos 7 años la docencia en la provincia de Formosa, y estar cursando el segundo año de Ciencias Económicas, decidí trasladarme a vivir a la provincia de Buenos Aires.
No fue una decisión rápida. En realidad, no era para nada la idea.
Sucede que un verano fui a visitar a mi hermano mayor que vivía en Buenos Aires (Ramos Mejía), y dada mi orientación biológica en el bachiller, me resultó atractiva la carrera que él estaba haciendo (y la ejerce actualmente).
Volví a Formosa, y luego de un par de meses, una vez que tomé la decisión de estudiar Radiología, presenté mi renuncia y me mudé a Buenos Aires.
Trabajaba (en una distribuidora de artículos de regalos) y estudiaba.
Comencé la carrera y la terminé. Me recibí de “Técnico en Radiología”; pero claro, una cosa son los libros, la teoría, y otra es la práctica.
Mientras eran dolencias leves, hacer un tórax frente o perfil, era algo sencillo, ahora, atender un joven con fractura expuesta, llorando de dolor…ahí cambió mi historia.
Faltaba solo terminar las prácticas, así que culminé la carrera, pero no era la clase de dolor con el que quería trabajar (todos los sectores tienen ciertas dolencias ¿o no?).
Mi “personalidad” no estaba hecha para eso. Definitivamente no soportaba (ni entonces, ni ahora) el dolor ajeno. En lugar de calmarlos, lloraba con ellos.
Consecuentemente, “colgué los guantes”. El título aún duerme en un folio en mi carpeta de títulos.
Por entonces, como comenté antes, trabajaba en una distribuidora de artículos de regalos. Era encargada del sector de recepción y control de mercaderías.
Ganaba bien y tenía una oficina que compartía con una compañera. Pero tampoco era lo que quería.
Decidí trabajar por mi cuenta, bajo los lemas: “generar mis propios ingresos”; “ser mi propio jefe”.
Y así fue.
Estudié y me recibí de profesora de aeróbica y daba clases.
Una joven, cliente del gimnasio, me propuso dejarme unos catálogos para vender los productos y tener una ganancia “extra” (una conocida marca de ropa interior de venta por catálogo). Luego, catálogos de productos de belleza bajo la misma modalidad. Con esos catálogos, incorporé a un par de señoras, que se sumaron a la venta. El resultado fue que gané casi como ellas sin haber vendido, lo que consecuentemente, me llevó a la conclusión que podía ganar “extra” sin grandes inversiones de tiempo, y… me dediqué a incorporar vendedoras.
En el camino fui haciendo cursos y capacitaciones, tanto para mí como para capacitar a mi grupo de venta, pues, al aumentar las ventas de las vendedoras y sus ganancias, obviamente, aumentaban también las mías.
El crecimiento experimentado me llevó a realizar diferentes viajes para participar de cursos y capacitaciones, solo que esta vez, pagaba la empresa, incluyendo hotel 5 estrellas, excursiones, regalos.
Tal fue el crecimiento que tuve ofertas de otras empresas, y si algo aprendí con los cursos, era que estaba en condiciones de “negociar”. Así, negocié algunas condiciones (dado que contaba con un importante grupo de vendedores/as), ¡y nos fue genial!
Trabajé varios años en la última empresa y crecí en cuanto a “ser comerciante”, siempre autocapacitándome y capacitando a los diferentes grupos de venta a mi cargo, distribuidos en todo el país.
Entre otras cosas, estudié Programación Neuro-Lingüística, Psicología Social, Comunicadora social, y me convertí en Asesora de Emprendedores (llevando a cabo un emprendimiento propio para demostrar que la teoría era viable, con absoluto éxito. Una vez que llegué al punto de empresa lo abandoné y continué con la enseñanza).
Mientras me capacitaba, continuaba mi crecimiento, acompañando este proceso con más incorporaciones, poniéndome en contacto con nuevas personas, algunas de las cuales se han convertido en parte importante de mi vida actual, estableciendo un fuerte lazo de amistad. Tal es el caso de Carol Andrea.
Allá por el 2006, leo un anuncio sobre un “Café Emprendedor” donde se dictaban charlas gratuitas para emprendedores y futuros emprendedores. Decidí asistir. ¿Qué podía perder?
Conozco así a su promotor, el señor Jorge Emilio Pons, quien se dedicaba a la rama informática y generó estos encuentros con el anhelo de establecer redes de contacto entre personas con similares inquietudes: las de hacer crecer sus negocios, viendo la manera de unir necesidades complementarias.
Cuando eso sucedía, cuando lograba unir emprendimientos complementarios, recuerdo que Jorge definía como un “momento mágico”.
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