Carina Schwindt - Nadie te enseña

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Nadie te enseña:
• Qué hacer con los berrinches
• Claves de una buena alimentación
• Cómo hacer que duerma solo/a
• Rituales amorosos
• Buen uso de pantallas
• Cuándo sacarle el pañal
• Comunicación y límites

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Por rituales nos referimos a las formas que tenemos de propiciar un encuentro con los pequeños mediante ciertas actitudes y acciones que nos permitan fomentar el vínculo y, de esta manera, generar oxitocina en el cuerpo de nuestros niños, que son quienes lo experimentan.

La oxitocina es la hormona del amor, la hormona del vínculo, es la que provoca sensaciones placenteras y ¡reduce el estrés! Favorece también el sentimiento de permanencia, desde el vínculo primario con la madre para después trasladarse a otros vínculos sociales en el futuro. Es la verdadera responsable de que se establezcan y mantengan las relaciones humanas basadas en la generosidad, el altruismo y la compasión.

¡Es justo lo que necesitamos fomentar entre los niños y sus cuidadores!

Los rituales amorosos tienen cuatro componentes:

1 Contacto visual

2 Contacto físico

3 Presencia

4 Juego

Así de simple y así de complejo. Si llevamos a la práctica estos cuatro componentes, aumentaremos en nuestros pequeños, y en nosotros mismos, los niveles de oxitocina.

El contacto visual es la capacidad de estar presentes en un momento de juego. No es lo mismo estar con el teléfono la computadora mientras el niño juega, que prestar atención a lo que está haciendo, aunque no estemos incluidos. Cada tanto vamos a poder observar que nos mira, nos busca, observa nuestra atención hacia lo que está haciendo.

El contacto físico es necesario siempre. Cuando los bebés nacen, lo primero que buscan es el contacto con la mamá, el papá o el cuidador. Ese contacto calma. Es un factor fundamental para su seguridad afectiva y emocional, además de beneficiar las áreas motriz, cognitiva y psicológica. Es la mejor forma de facilitar un apego seguro.

La presencia es estar aquí y ahora, cuando el niño se acerca a mostrarnos algo, cuando el niño llora y necesita ser consolado, en el día a día de las rutinas, en el sentarse a comer, bañarse, irse a dormir. Es estar ahí en todos esos momentos.

El juego , tan fundamental en su desarrollo y, por ende, sumamente necesario en las primeras etapas de la vida. En él se fomentan capacidades como el afecto, la motricidad, la inteligencia, la creatividad y las habilidades sociales. Todas estas se activan y estimulan cuando juega. Es importante que, mientras lo hace, tengamos en cuenta todos los ítems mencionados anteriormente que se deben dar, en especial, en ese momento (contacto visual, contacto físico y presencia).

Estos rituales se desprenden de cada familia, cada cuidador, comunidad educativa y espacio terapéutico.

Si en cada uno de estos lugares podemos propiciar el desarrollo de estos rituales —no hace falta que sea solo en uno—, estamos reforzando los vínculos que generan el espacio propicio para todo aprendizaje necesario. En su libro Disciplina sin lágrimas , Daniel Siegel nos dice que “cuando un niño está separado de su cuidador primario, estos cuatro componentes le envían el mensaje de que está en un lugar seguro donde lo aman y lo van a cuidar. De esta forma el niño genera un vínculo con sus cuidadores secundarios y puede mantenerse en un estado de alerta relajado a pesar de estar separado de su mamá o de sus cuidadores primarios. El estado de alerta relajado le permite al niño explorar, aprender y crecer”.

Para tener en cuenta La oxitocina es la hormona que provoca sensaciones - фото 34

Para tener en cuenta…

La oxitocina es la hormona que provoca sensaciones placenteras y reduce el estrés.

Tratamos de generar oxitocina en nuestro hijo con algunos rituales.

Estos rituales se componen de contacto visual, contacto físico, presencia y juego.

Son particulares de cada familia, cada cuidador, cada espacio.

Propiciar estos rituales en todos los ámbitos para generar vínculos.

Ella sabe que estoy aquí a pesar de que está jugando con otros - фото 35 Ella sabe que estoy aquí a pesar de que está jugando con otros niños ella - фото 36 картинка 37

“Ella sabe que estoy aquí, a pesar de que está jugando con otros niños, ella sabe que estoy esperando a que quiera venir a decirme algo; es la libertad que le doy de conocer ese contexto nuevo que es la plaza, pero siendo consciente de que aquí la espero para cuando me necesite”.

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Como vimos en el capítulo 5, “Rituales amorosos”, la oxitocina se relaciona con los vínculos, con los lazos afectivos, por eso también es llamada la hormona del apego.

Pero ¿qué es el apego?

La palabra apego no tiene que ver con estar apegados, aunque al escucharla nos remontemos a ese concepto. El apego al que hacemos referencia tiene que ver con una relación afectiva y duradera cuya base está en que el cuidador sintonice y cubra las necesidades que presenta, en un primer momento, el bebé y, luego, los niños en general.

Si hablamos de apego, no podemos dejar de nombrar a John Bowlby, psiquiatra y psicoanalista infantil. Fue el primero en formular una teoría referida al apego y estudiar la relación y el vínculo que se establecía entre un hijo y su madre. Él concluyó que tanto la capacidad de resiliencia de los niños como su conducta y desarrollo emocional posterior estaban directamente relacionados con el tipo de vínculo que estos establecían con sus progenitores en los primeros años.

El ser humano nace inmaduro y necesita de ese cuidador de forma casi dependiente para poder sobrevivir. Es una relación fuerte-débil. Cuando los adultos a cargo entendemos que nosotros somos los fuertes, comprendemos cuánta responsabilidad tenemos en esa relación.

El primer momento en que forjamos el apego que da lugar al primer vínculo que tenemos es en la panza de la madre. A partir del sexto mes de embarazo, el bebé ya reconoce la voz de ella. Y empezamos a nombrarlo, sentirlo y acariciar el vientre como si esos brazos llegaran a él. No lo conocemos todavía, pero el vínculo ya se estableció.

Cuando nace, ese momento en el que sale de esa guarida, se vive la primera separación. Pero nada puede con esa unión tan fuerte que se vive en ese instante. El niño sabe que su mamá está ahí, aunque esté en otro cuarto. Está ahí. Toda esta situación se da gracias a esta hormona del apego, la oxitocina, que aparece durante el parto y que permite soportar todos esos dolores y miedos. Y, como también es la hormona del amor, suele tener niveles muy elevados durante las primeras horas postparto.

Esta hormona se vuelve a activar cuando amamantamos o le damos el biberón o cuando estamos cerca de nuestro bebé. Esta unión con su madre o cuidadora es tan fuerte que, a través de estos encuentros, el bebé se fortalece y es capaz de desarrollar vínculos con otros.

El apego es tan importante que influye en la organización del sistema límbico (clave en la gestión de emociones), en el aprendizaje y en la capacidad de adaptación. (Para más información, ver Anexo: ABC del cerebro infantil).

Tipos de apego

Según John Bowlby, existen cuatro tipos de apego:

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