Cuando conectamos, recién ahí pueden empezar a calmarse y, en consecuencia, ser más receptivos para lo que queremos transmitir. Desde este lugar es donde podremos modificar esa conducta inapropiada hacia una apropiada. Cuando conectamos con el pequeño y podemos conseguir la calma, logramos que realmente escuche lo que le estamos diciendo.
Ayuda a construir el cerebro de una manera más positiva y eficaz
Conectar antes de redirigir la conducta hace que se refuercen las conexiones neuronales entre el cerebro reptiliano (que se encarga de las reacciones instintivas de supervivencia) y el cerebro frontal (encargado de funciones como la autorregulación, la atención, el equilibrio emocional, la empatía, etc.) que modifican, literalmente, el cerebro. (Para más información, ver Anexo: ABC del cerebro infantil).
Lo que pasa en el cerebro de nuestros pequeños cuando conectamos con ellos es que sus numerosas partes se integran. Estas actúan como equipo para desactivar esa parte más impulsiva, ayudan a crear más y mejores redes neuronales, y benefician la región prefrontal. A medida que esta última se va desarrollando, los niños son más capaces de llevar a la práctica destrezas sociales y emocionales que queremos que adquieran, entre ellas, ¡la autorregulación!
Mejora e intensifica la relación con tu hijo
Una de las formas más fáciles de demostrar nuestro amor hacia los hijos y conectar con ellos es cuando todo está tranquilo, cuando todo está en calma, cuando todo está bien. ¡Qué fácil se nos hace en esas circunstancias!Pero cuando se portan mal, contestan de forma grosera, están descontrolados o estallan en un berrinche, es muy difícil que los padres nos sintamos dispuestos a conectar. En momentos tensos es probablemente lo último que nos pase por la cabeza. ¡Queremos que se termine el conflicto lo más rápido posible!Sin embargo, es allí cuando la conexión es más necesaria.
Conectar es una habilidad que requiere de muchísimo esfuerzo, constancia, práctica y paciencia. No saldrá al principio, pero vale la pena intentarlo una y otra vez.
Cuanto más respaldo, empatía y atención les demostremos en los peores momentos, más se favorecerá nuestra relación y sentirán así la sensación de que son importantes, de que los tenemos en cuenta y de que pueden contar siempre con nosotros.
Conectar desde el punto de vista emocional será el primer paso para dar lugar al aprendizaje en toda conducta que aparezca.
Cuando peor se portan es cuando más nos necesitan.
La empatía es la principal herramienta para poder conectar con nuestros pequeños.
Primero, debes conocer la emoción propia para poder empatizar con la ajena y lograr entender esa intensidad para poder conectar.
Conectar como habilidad requiere práctica y constancia, pero mejora la relación con tu pequeño desde el primer momento.
“Cuanto más nerviosa me ve, peor se comporta. Pareciera que lo hace a propósito, cuanto más necesito que esté tranquilo por todas las cosas que tengo que hacer, más demandante es”.
Para poder conectar con nuestros pequeños y dar paso a redirigir la conducta inapropiada, primero necesitamos estar en calma. Nunca se va a dar una verdadera conexión si nos sentimos desbordados por la situación. Tomar como referencia la frase “tu calma, calma” será de gran ayuda en estas circunstancias. Si estamos calmados en momentos de crisis y de mayor dificultad, lograremos —por efecto de las neuronas espejo— que nuestros pequeños también se calmen.
Las neuronas espejo son un tipo de células nerviosas responsables de que imitemos algunas conductas que realizan otras personas delante de nosotros. Se les atribuye la particularidad de activar esas mismas áreas de nuestro cerebro que se activarían si estuviésemos realizando la conducta de verdad, solo por el mero hecho de observarla en una tercera persona.
Estas neuronas se inhiben o se excitan, es decir, se encienden o se apagan, ante la presencia de emociones, y se pueden activar al oír, ver, hacer o pensar una acción. Cada una de ellas tiene un impacto distinto, por eso, a veces, al ver algo podemos reconocer mejor la situación que al oírla.
Las neuronas espejo les proporcionan a los niños la posibilidad de interpretar las emociones de los padres y a estos últimos de acceder al mundo mental de sus hijos.
Los niños aprenden básicamente por dos mecanismos: por observación (imitación) y por ensayo y error. Sin embargo, el primer mecanismo es más efectivo que el segundo, ya que no es necesario poner a prueba nada, solo observarlo. Las neuronas espejo ya se encargan de captar lo que siente el otro al hacerlo sin necesidad de experimentarlo.
Dicho esto, suponemos que ya sabes por qué es importante que estés en calma: porque gracias a las neuronas espejo, tu pequeño buscará sentirse del mismo modo.
¿Qué puedes hacer para calmarte ante una situación que desborda?Tres pasos infalibles:
1 Respirar
2 Beber un vaso de agua fría
3 Cantar
Te preguntarás ¿por qué esos tres y no otros?La respuesta es sencilla: al realizar esos ejercicios activamos el nervio vago. (Para más información, ver Anexo: ABC del cerebro infantil). Cuando se estimula este nervio, se producen los efectos de relajación y tranquilidad mental de forma eficaz y profunda.
No hace falta que realices los tres a la vez. ¡Puede ser el que te salga primero!
Entonces, para encontrar la calma, puedes alejarte por breves instantes para respirar, beber un vaso de agua o cantar para, una vez en calma, volver y conectar con tu peque.
Nunca se va a dar una verdadera conexión si nos sentimos desbordados por la situación.
Las neuronas espejo le proporcionan al pequeño la posibilidad de interpretar las emociones de los padres y les permite a los adultos acceder a él.
Los niños aprenden por imitación, ensayo y error.
Si estás en calma —por efecto de las neuronas espejo— tu pequeño buscará sentirse del mismo modo.
Tu calma, calma.
“Antes de ir a la escuela, jugamos con masa. Es un juego que a él le gusta ya que pasamos ese tiempo juntos antes de despedirnos por unas horas”.
Читать дальше