También podemos tener amigos o familiares, cuyas ideas acerca de la vida sean muy pesimistas y se pasen el tiempo quejándose y relatando eventos que confirmen su manera de pensar y de sentir. Si pasamos mucho tiempo con estas personas, veremos como una sensación de tristeza, incomodidad y de perder nuestra energía nos invade. Con esto no quiero decir que haya que alejarse por completo de estas personas, pero si podemos limitar los encuentros o tratar de desviar las conversaciones hacia otros eventos que resulten alegres, o que nos acerquen a una visión un poco más optimista de la realidad.
Lo mismo ocurre con los estímulos que nos llegan de los medios de comunicación, debemos tratar de limitar los nocivos y tratar de buscar activamente noticias que muestran que también muchas cosas buenas ocurren en el mundo, que existen cosas maravillosas, así como también personas alegres, solidarias, pacíficas y llenas de amor.
Si nos sentimos con nuestro ánimo alterado por haber compartido mucho tiempo con personas que no estaban pasando por su mejor momento, o vimos noticias tristes o trágicas, podemos activamente buscar estímulos que nos hagan sentir mejor y estabilicen nuestro estado de ánimo; y en un futuro estar atentos a que situaciones, estímulos o personas nos generan malestar y evitar sobreexponernos a ellas, buscando un cierto equilibrio.
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Elige cómo interpretar el mundo, ya que es fundamental para tu felicidad
Otra de las decisiones importantes que debemos tomar es como ver el mundo. Desconocemos si la existencia tiene un sentido, no sabemos si hay un propósito, y tampoco hay un lugar donde nos atienda un ser superior a nosotros, como podría ser un Dios y nos de todas las respuestas, por lo que lo único que nos queda es observar y elegir de manera inteligente la visión del mundo que me traiga más paz y felicidad sin perjuicios añadidos.
La forma en la que actualmente vemos la vida y cómo la interpretamos es un constructo sociocultural que se va transmitiendo de generación en generación y que nos influye directamente aunque nosotros no queramos. Seguramente a todos nos dijeron cuando éramos niños que nos teníamos que cuidar de los extraños porque podían hacernos daño, vimos a nuestros padres sufrir por determinadas situaciones y alegrarse por otras, fuimos educados con la idea de que cuando fuéramos adultos debíamos estudiar, o encontrar un buen trabajo y esforzarnos, porque si no hacíamos aquello, puede que luego no tuviéramos los suficiente recursos para sobrevivir. Escuchamos innumerables veces a nuestros padres hablar de lo injusta que puede ser la vida a veces y juzgar a las demás personas cuando los veían cometer errores .
Por todo esto, no es raro tener una visión de un mundo azaroso y peligroso, en donde esta justificado sufrir porque cosas malas suceden en él.
Hay que tener en cuenta algo que quizás nunca nos cuestionamos y es que somos nosotros, los que a partir de lo poco que conocemos sobre la vida ponemos esas etiquetas de malo o bueno a los sucesos, y a partir de allí sufrimos por ellos o por el contrario nos alegramos. O sea, nosotros juzgamos al mundo a partir de nuestro muy limitado conocimiento sobre él. Además, lo juzgamos limitándonos a observar únicamente a la sociedad humana en un momento histórico determinado, por lo que nuestra observación de la vida es bastante acotada.
En algunas religiones de ciertas culturas orientales, por ejemplo, interpretan las cosas de otra manera y si les ocurre algún evento que nosotros consideramos negativo, ellos lo ven como algo que estaba en sus destinos. Creen que en alguna vida pasada cometieron un error y ahora atravesando por ello están limpiando su karma, por lo que atraviesan el suceso con aceptación, sin tanto sufrimiento y algunos hasta con neutralidad y paz, ya que para ellos es bueno limpiar su karma.
Nosotros no nos vamos a poner a analizar aquí las religiones, pero este ejemplo sirve para ver cómo cambian las emociones cambiando la interpretación de los sucesos que vivimos, y cómo cada cultura interpreta la vida de maneras diferentes según sus creencias.
Dicho esto, creo que una de las cuestiones más importantes es decidir cómo interpretar el mundo en el que vivimos. Podemos decidir ver el mundo de dos maneras, y digo decidir porque no vamos a tener suficientes pruebas para sustentar de manera definitiva ninguna de las dos teorías.
Estas dos maneras son:
1: Ver un mundo peligroso, caótico y azaroso, formado a partir de una casualidad, sin ningún sentido ni propósito. Un mundo injusto donde pueden pasar cosas malas sin que yo las merezca, donde hay víctimas y victimarios. Un mundo donde no hay suficiente para todos y en donde estamos librados únicamente a nuestra suerte.
2: Ver un mundo donde existe un orden y un balance perfecto en la naturaleza, un mundo abundante, en el cual nunca vamos a ver un animal salvaje desnutrido a menos que el ser humano haya modificado drásticamente su hábitat. Un mundo de increíbles maravillas naturales, que esta en constante evolución y en el cual existe un propósito de aprendizaje para todos los seres que lo habitan. Un mundo regido por una inteligencia superior con un propósito de amor, aunque nosotros no podamos verlo ni comprenderlo en este momento.
Podemos ver ambas cosas, podemos ver la increíble complejidad del universo con sus sistemas solares, los planetas que giran alrededor de sus estrellas más cercanas y los ciclos de esos planetas. En el nuestro podemos apreciar la gran variedad de especies animales y vegetales que viven de manera armónica y equilibrada, cada cual cumpliendo su ciclo de vida y su función sin desbalancear el sistema. La excepción somos nosotros, que al tener una mente más compleja, y al no tener todas las respuestas comenzamos a juzgar el mundo, creando así el caos que vemos en él, que es solamente la expresión del miedo del ser humano a no tener todas las respuestas. En cambio, los animales no juzgan porque su mente no es tan compleja, por ello no tienen miedos irracionales y por ello no caen en la avaricia, la discriminación de lo diferente, el miedo a no ser lo suficientemente buenos y todos los malos hábitos mentales que posee el ser humano y por los cuales termina creando el caos que después juzga, y así justifica nuevamente sus comportamientos de miedo que lo llevan nuevamente a crear el mismo caos, en un círculo vicioso que nunca termina.
Enric Corbera, psicólogo español una vez dijo una frase muy interesante: “Pensar que el universo es mero resultado de la casualidad es como creer que un tornado puede pasar por una chatarrería y crear un Boeing 757”.
Este es un punto que sería muy bueno analizar, y es la increíble complejidad de los sistemas vivos que existen en el planeta y de cómo conviven interconectados, en armonía y balance miles y miles de especies, que carecen de lo que nosotros conocemos como inteligencia. Ello quizás es la prueba más fiable de que lo más probable es que exista un orden y una inteligencia detrás que los sostiene, y si existe una inteligencia que puede sostener todo aquello, debe de ser muchísimo mas inteligente que nosotros, que ni siquiera podemos con nuestras propias vidas.
Existe la teoría de la evolución que fue propuesta por Charles Darwin en el 1850 en base a estudios de otros científicos previos, y la seguimos aceptando como única realidad. ¿Se imaginan la ciencia en 1850? Todavía no existían ni los televisores en blanco y negro.
Es real que las especies cambian y evolucionan, pero eso no explica el origen de todo. Una semilla puede resultar insignificante, pero dentro de ella se encuentra toda la información que luego da origen a una planta extremadamente compleja, por lo que la información de su futuro potencial siempre estuvo allí, desde un principio.
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