Pareciera que estamos leyendo a G. Guillaume (al cual, sin embargo, el autor no hace referencia). Ese “tiempo psíquico” ( operativo ) ¿puede ser tomado en cuenta desde un punto de vista semiolingüístico? Sí, pero a condición (1) de renunciar a una franca separación entre sincronía y diacronía, porque el tiempo del lapsus pertenece a la sincronía, y (2) de distinguir una macrodiacronía (aquella de la que ordinariamente se habla) y una microdiacronía (operativa) la de los eventos enunciativos del discurso en acto, aquella en la que las presiones y los impulsos que emanan del cuerpo enunciante tienen derecho de ciudadanía.
Asociar una microdiacronía, un tiempo operativo de la praxis enunciativa, al tiempo del desarrollo del discurso, es lo mismo que asociar, en una proyección espacial, una profundidad del significado (arremolinada, estratificada, no-lineal) a la línea aparente del significante. Esa profundidad tiene por correlato cognitivo la estratificación de los diferentes módulos de la producción del habla, que volveremos a encontrar en unos momentos.
Después de estas diversas observaciones, ya sabemos que el lapsus tiene que ser abordado (i) a nivel del discurso completo, y no a nivel de la palabra, ni del sintagma, ni de la frase, (ii) al mismo tiempo en el plano de la expresión y en el plano del contenido, (iii) en la perspectiva de la praxis enunciativa, es decir, (iv) dentro de la microdiacronía de la enunciación en acto, y finalmente, (v) en el marco de una teoría dinámica del discurso y de la enunciación, en nombre de la cual el lapsus presupone ante todo una competición entre expresiones y entre figuras, antes de presentarse como una sustitución.
APROXIMACIONES PSICOANALÍTICAS
Interpretación y cadena causal
En Psicopatología de la vida cotidiana , Freud estudia un gran número de ejemplos, que se han convertido en clásicos, regularmente repetidos en los trabajos de los psicoanalistas y de los lingüistas. Sin embargo, la lectura del capítulo que Freud consagra a esas muestras teratológicas del discurso cotidiano (y literario) es finalmente más bien frustrante, puesto que el análisis no desemboca en un modelo de explicación específico del lapsus: cada análisis y cada explicación particular aparece como una explicación ad hoc , en forma de un ascenso progresivo de una cadena causal o de varias cadenas causales convergentes. Las explicaciones son ciertamente seductoras, con frecuencia convincentes, pero no son propiamente falsables, por falta de un modelo de referencia explícito y, al mismo tiempo, por ausencia de una confrontación con otras explicaciones posibles.
La explicación está siempre teleológicamente guiada hacia tal o cual hecho escondido en el inconsciente: la duplicidad (o la multiplicidad) del discurso se resuelve siempre mediante una formación de compromiso, en una interpretación única y como si procediera de un búsqueda del origen del sentido. Ahora bien, el lapsus hace vacilar la interpretación, podría incluso, como lo señala Ricoeur a propósito de algunas metáforas, hacerla interminable: como apertura de una indeterminación provisional, se adapta mal a explicaciones exclusivas.
No obstante, se encuentran en Freud los elementos para una teorización del lapsus, que puede ser expuesta a grandes rasgos. No aparecen solamente dichos elementos a propósito del lapsus, conciernen también al olvido de los nombres; sin embargo, la propuesta es generalizable.
… el obstáculoque opone a la reproducción deseada del nombre un encadenamiento de ideas extrañas a ese nombre es inconsciente. Entre el nombre perturbadoy el complejo perturbador, puede existir o una relación preexistente o una relación que se establece, por vías aparentemente artificiales, mediante asociaciones superficiales (exteriores) 19.
En el caso del lapsus, las dos palabras o expresiones en competencia pueden pertenecer a dos “complejos” en conflicto o hallarse en conflicto en el seno del mismo complejo perturbador. Pero, para simplificar, se puede decir que si en el olvido el complejo perturbador impide la pronunciación de la palabra perturbada, en el lapsus, impone otra, parcialmente o completamente. Puede advertirse también que esta definición del “complejo perturbador” pone en escena no un conflicto entre términos, sino un conflicto entre operaciones: la “ reproducción deseada ” por un lado, y el “ encadenamiento de ideas extrañas ”, por otro.
Dos nuevas nociones vienen a completar esa propuesta central: la condensación , tomada de las reflexiones sobre el sueño, que da cuenta del conjunto de mecanismos de modificación lingüística del lapsus, y el desplazamiento , que no es invocado en la Psicopatología de la vida cotidiana pero que opera junto a la primera en La interpretación de los sueños .
La modificación de los componentes del lapsus (la condensación ) es con toda evidencia una operación que actúa sobre el arreglo y sobre el número de los componentes: una modificación del número de partes y de sus relaciones hace irreconocible la primera expresión a través de la segunda. Por otra parte, el desplazamiento concierne, sin duda, al “acento psíquico”, según Freud, y nosotros ya hemos encontrado una versión puramente enunciativa y discursiva en forma de debilitamiento y de desplazamiento de la fuerza de asunción. Condensación mereológica y desplazamiento de la fuerza de asunción serían las dos dimensiones enunciativas de la producción del lapsus.
Hay que añadir a eso la noción de tendencia , que proporciona un anclaje parcial a los complejos perturbadores:
… se puede decir que en algunos casos, las ideas perturbadoras provienen de las tendencias. Egoísmo, celos, hostilidad, todos los sentimientos y todos los impulsos reprimidos por la educación moral utilizan con frecuencia en el hombre el camino que conduce al acto fallido… 20.
Globalmente, la cadena causal e interpretativa preferida por Freud tiene una forma estable: del lapsus sube a una condensación que es preciso deshacer y tomarla en dirección contraria; luego, arriba a un complejo perturbador que hay que reconstruir, para terminar en una o varias tendencias originales. El lapsus tiene, pues, un origen, y desde ese origen se puede comprender el lapsus: los principios básicos de una intencionalidad subyacente quedan así salvados.
No es menos cierto, sin embargo, que apuntando a la interpretación de un sentido implícito, la aproximación psicoanalítica considera ese sentido como un “origen”. Pero para un lingüista o para un semiótico, el sentido no es el origen del habla, sino su materia misma y su horizonte: buscando el “origen” semántico de los lapsus, no se logrará construir un teoría semiótica, sino, por el contrario, examinando cómo esa “materia” del sentido es estructurada en el acto de enunciación para llegar al lapsus.
Esta última observación invita a hacer un rodeo: dos nociones vuelven sin cesar en las discusiones sobre el lapsus: la intención y la atención . Grosso modo , se trata de saber si el debilitamiento de la atención compromete o no el valor intencional del habla.
Para Freud, parece claro que el relajamiento de la acción inhibidora de la atención, invocada por Wundt 21, no compromete la intención:
El libre desarrollo de las asociaciones se produce precisamente a continuación del relajamiento de la acción inhibidora de la atención o, para expresarnos con más exactitud, gracias aese relajamiento 22.
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