Finalmente, la desigualdad es un fenómeno de la realidad, y por lo tanto es importante combinar la reflexión con datos, hechos, estadísticas: con evidencia. ¿Cuán alta es la desigualdad?, ¿cómo ha evolucionado en el tiempo?, ¿cuáles han sido los factores que la han moldeado?, ¿qué políticas han tenido algún efecto y cuáles han fracasado? Ninguna de estas preguntas tiene una respuesta única y toda la evidencia es debatible, pero no es poco lo que ha avanzado el conocimiento sobre estos temas. Aprender sobre los hechos, las deficiencias en la información, las interpretaciones y las hipótesis es fundamental para participar activamente en un debate más informado y en consecuencia más productivo. Vamos, entonces, a los hechos.
*Mientras reviso este capítulo, en agosto de 2021, me entero que el Barcelona no le renovará el contrato a Messi. Decido dejar el párrafo como está; mezcla de incredulidad y de homenaje a las dos décadas maravillosas en que “Messi” y “Barcelona” eran dos palabras inseparables.
**No para todos: en una carta abierta publicada en noviembre de 2017 en el diario español El País, el cantautor catalán Joan Manuel Serrat (uno de mis máximos ídolos musicales), de conocidas preferencias políticas de izquierda, le pidió al presidente de Barcelona por la continuidad de Lionel Messi afirmando: “Nunca se me ocurriría discutirle el salario al jugador que mejor se lo gana y se lo hace ganar al equipo”.
Capítulo 2
Midiendo diferencias
Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros.
George Orwell, Rebelión en la granja.
Sin fuentes, métodos y conceptos definidos con precisión, es posible ver todo y lo contrario.
Thomas Piketty
La descripción de un fenómeno social tan complejo como la desigualdad económica requiere de muchas herramientas complementarias. En este libro enfatizamos las cuantitativas: nos interesa medir la desigualdad. Es posible que algunos lectores empiecen a sentirse incómodos: ¿reducir un fenómeno social complejo con estadísticas?, ¿resumir la justicia distributiva en números? Parte de esa incomodidad está justificada. Una afirmación típica de un estudio cuantitativo podría ser la siguiente: “en cierto período en un determinado país el ingreso real del 10% más pobre de la población se redujo en un 8%”. Traducido a la realidad, esta proposición implica que millones de personas vulnerables, con nombre y apellido, con necesidades urgentes y concretas, tienen ahora una vida más sufrida y aún más sacrificada que antes; que pueden comprar menos alimentos y menos remedios para sus hijos, que tienen que postergar algún arreglo urgente de su vivienda, que deben trabajar más horas extra y volver más tarde a casa.
Thomas Piketty nos recuerda que los escritores pueden describir esos sufrimientos de una forma más vívida y concreta que las estadísticas.
“Estos y otros novelistas describieron los efectos de la desigualdad con una verosimilitud y un poder evocador que ningún análisis estadístico o teórico puede igualar”.
Piketty tiene en mente las novelas de Austin y Balzac o el famoso Tale of two cities de Dickens, pero abundan los escritores latinoamericanos que han retratado las injusticias sociales en nuestra región. A modo de ejemplo nombro a dos, en posiciones opuestas del arco político: el uruguayo Eduardo Galeano y su mítico Las venas abiertas de América Latina , que reseña con crudeza una larga serie de situaciones de explotación a lo largo de la historia, y el peruano Mario Vargas Llosa en La guerra del fin del mundo , que recrea los levantamientos de Canudos por parte de paupérrimos campesinos en el nordeste brasileño, dominado por ricos terratenientes. *
Como reacción a las dificultades de las mediciones cuantitativas para reflejar una realidad compleja, hay quienes prefieren concentrar sus esfuerzos en estudios cualitativos focalizados en unas pocas familias con realidades y sufrimientos concretos. Esta es ciertamente una alternativa posible, pero de ningún modo invalida la aproximación cuantitativa. Las estadísticas, y solo las estadísticas, nos permiten conocer cuán extendido está un fenómeno en toda la población de un país, en una región o aun en el mundo entero; nos permiten relacionar grandes reformas o shocks económicos globales con sus consecuencias generales en la población y simular los posibles impactos de alguna política amplia sobre un gran número de personas: todas tareas imposibles de llevar adelante con observaciones de unas pocas personas en algún barrio particular. Existe una disyuntiva entre el acercamiento a la persona y la generalidad de los resultados: el uso de las estadísticas implica inclinarse por el segundo camino, sin desconocer la validez del primero.
Este libro sigue la tradición cuantitativa y usa extensamente estadísticas para ilustrar la magnitud de las desigualdades. En particular, este capítulo introduce algunos de los instrumentos estadísticos más usuales y los ilustra con ejemplos para América Latina. Se trata de un capítulo más bien técnico, con pocas discusiones de fondo. Mi recomendación al lector no especializado es que haga el esfuerzo de transitar estas páginas: la recompensa es una caja de herramientas que le va a permitir estar mejor preparado para involucrarse con mayor conocimiento en el debate distributivo. Hecho este comentario, el lector apurado o aquel que se aburra en el recorrido puede saltear el capítulo sin que ello implique un obstáculo insalvable para el resto del libro. Por último, los lectores con conocimientos de análisis distributivo empírico están eximidos de leer estas páginas sin castigo alguno.
En el capítulo anterior argumentamos que, para muchos, el concepto de equidad social está más vinculado a la igualdad de oportunidades que a la igualdad de ingresos. De hecho, si las oportunidades fueran de verdad parejas, cierto nivel moderado de desigualdad de ingresos sería perfectamente compatible con la idea de plena equidad distributiva. Desafortunadamente, medir y comparar oportunidades no es nada sencillo. Pese a que se han producido avances, el aparato analítico y estadístico que existe hoy para evaluar la igualdad de oportunidades es frágil, incompleto y fragmentado. Por esa razón los investigadores, los gobiernos, los organismos internacionales y la prensa usualmente sitúan a las medidas de desigualdad del ingreso en el centro de las discusiones sobre inequidad económica, aun reconociendo sus falencias y limitaciones conceptuales. La medición de la inequidad económica es un área donde lo posible le gana a lo perfecto. Nos gustaría medir y debatir sobre desigualdad de oportunidades, pero por ahora en gran parte terminamos discutiendo sobre las medidas de desigualdad de ingresos. **
Por fortuna, existe una relación más o menos estrecha entre las dos. Un país donde las desigualdades de oportunidades son profundas es seguramente un país donde las brechas de ingreso son anchas. El ingreso puede tomarse entonces como una variable que aproxima la idea de oportunidades. Como toda aproximación, no es perfecta, pero nos sirve para hacernos una idea cercana de la magnitud del fenómeno que idealmente quisiéramos medir.
La riqueza es una alternativa al ingreso para ocupar el centro del análisis distributivo. De hecho, una de las manifestaciones más tangibles de desigualdad es el contraste entre las grandes fortunas de algunos pocos y la escasa o nula propiedad de activos de la mayor parte de la sociedad. El estudio de la desigualdad en la riqueza es importante por varias razones. En primer lugar, es ilustrativo de la acumulación de desigualdades pasadas. La riqueza surge de la acumulación de ahorros a lo largo del tiempo, en ocasiones de mucho tiempo. Varias de las grandes fortunas en América Latina se gestaron a partir del reparto de tierras arrebatadas a los pueblos indígenas, primero por los colonizadores europeos y más tarde por élites criollas. Otras fortunas surgieron del trabajo industrioso de varias generaciones dentro de una familia; otras por el azar de un miembro particularmente exitoso. Pensemos en cuantas generaciones de familiares podrán vivir de la riqueza acumulada por un futbolista exitoso en Europa. Según la Rich List , una publicación anual que estima la riqueza de los jugadores, Neymar, el crack brasileño, tenía en 2020 una riqueza superior a los 185 millones de euros con tan solo veintiocho años. Si dejara de jugar al fútbol, sus hijos, nietos y bisnietos podrían vivir sin trabajar gastando 20.000 dólares mensuales y dejando a la futura generación una riqueza de 40 millones de euros. ***El ejemplo ilustra la potencial desigualdad futura, de ingresos y de oportunidades, que está implícita en las grandes riquezas. La desigualdad en la riqueza también capta otras dimensiones que el ingreso solo incorpora parcialmente. En muchas sociedades la riqueza otorga estatus y poder político, y con ellos un conjunto de ventajas que no necesariamente las provee un ingreso alto.
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