Ya en la protección de su casa, el hombre agradece el haber terminado de construir el techo y de antes haberse asegurado de que ningún monstruo pueda entrar a su morada.
Sin más preocupaciones, luego de la carga de adrenalina y el miedo que soportó, el hombre abre su libro e investiga en busca de nueva información acerca de los nuevos monstruos, descubriendo así su nombre: “Pesadillas”, a las que el libro enseguida describe con lo siguiente: “Estas temibles criaturas aparecen en grupo a la tercera noche, y es cuando se pasean sin reproche. Junto con la luna se hacen presentes, queriendo jugar con sus oponentes, bajando del cielo nocturno para atormentar a su víctima, y a cada segundo herirlo con constantes mordidas.”. Curiosamente, después de leer esto, esta vez el hombre cree que podría haber información útil en la breve descripción, por lo que se dispone a repasar el escrito con detenimiento, centrándose principalmente en “la tercera noche”. Reconociendo que, al enfocarse en esas tres palabras y relacionarlas con su corta vida hasta ahora, han pasado ya tres noches desde que despertó en este mundo, por lo cual intuye que estos monstruos voladores o, mejor dicho, pesadillas han estado presentes desde hace dos noches, la tercera en la vida del hombre, como indica el libro, justificando también los mismos gruñidos que había escuchado la noche anterior sobre su casa; lo más probable es que hayan sido las causantes de tantos desvelos e inquietudes que el hombre sufrió. Y aunque solo sea una simple suposición, si no se equivoca, no podrá esconderse por siempre en su casa. En algún momento tendrá que prepararse para pelear contra las pesadillas que aparezcan, ya sea cada tres noches… o todas las posteriores a la tercera (como el caso de ahora).
No obstante, por el momento el hombre solo piensa en descansar. Y al ya tener el conocimiento y materiales necesarios para crear una cama, no tarda en crear una con unos cuantos tablones de madera y lana de las ovejas, a la cual coloca tan pronto como la crea, y, de igual manera, se recuesta en ella, quedando dormido placenteramente y al instante, casi como si olvidara que hay monstruos deambulando alrededor de su casa.
Al día siguiente, lleno de energía… y con la espalda en perfecto estado, el hombre despierta luego de una agradable noche durmiendo en su cálida cama nueva, levantándose de la misma justo al amanecer de un nuevo día. Aunque en este momento la serenidad es perturbada por los quejidos de algunos monstruos provenientes del exterior, observando él, al salir de su vivienda, a varios zombis y esqueletos quemándose luego de ser alcanzados por los rayos del sol, junto con las pesadillas de la noche anterior, las cuales igualmente arden en llamas y se desploman desde las alturas, mientras que él solo mira desde lejos con gran alivio.
Después de que aquellos monstruos terminaran hechos ceniza, el hombre sale con confianza de su casa, planeando aprovechar sus energías recuperadas y la luz del día para comenzar a hacer cosas productivas para su supervivencia. Primeramente, se dirige a su zona de cultivos para cosechar el trigo que ya está listo y replantar las semillas que vaya consiguiendo en el acto, quedándose con algunas para luego alimentar a las gallinas, y con trigo para las ovejas, y lo que sobre de esto último lo destina para crear todas las piezas de pan que pueda en su mesa de trabajo (una mesa para muchos usos diferentes, convenientemente).
Al final, ya que todo lo anterior no le toma mucho tiempo, el hombre decide invertir el resto de día explorando los alrededores. Así que guarda unas cuantas cosas en sus cofres, toma lo que cree necesario para su corta travesía, y cuando cree estar listo, sale de su casa y se dirige al oeste, concretamente, al lago que vio en esa dirección el día anterior. Hasta que, luego de un rato caminando y evitando a las bestias explosivas y arañas gigantes, llega al cuerpo de agua predicho, donde observa un panorama hermoso, un ambiente natural imperturbable a cada lado al que voltea, con grandes árboles por doquier, gallinas y ovejas rondando la zona, y una gran cantidad de peces nadando en las aguas ligeramente transparentes del lago. Al examinarlo con mayor detenimiento, el hombre queda maravillando ante la belleza natural del mismo y de lo que lo rodea, descubriendo, además de los animales y la vegetación de alrededor, algunos montones de materiales desconocidos, de los cuales reconoce dos que ya había visto presentes en las orillas del río del norte, siendo uno un conjunto de fragmentos pequeños de color amarillo claro que se encuentran por todo el lago, ya sea en las orillas como en la profundidad del mismo; material al que el libro define como “Arena” en cuanto el hombre toma una porción de este con sus manos, mencionando además, después de tomar una mayor cantidad, que con ella podría crear “Dinamita” juntado bastante con pólvora; y “Arenisca”, lo cual parecía ser un bloque de arena compacta; mientras que el otro material está compuesto por fragmentos más grandes que los granos de arena, pero de tonalidades grises y de formas diferentes. Igualmente, gracias al libro, el hombre descubre que este material se trata de “Grava”, la cual no parece servir para crear algún objeto interesante.
Dejando de lado la arena y la grava, el hombre utiliza unos cuantos tablones de madera para crear una nueva mesa de trabajo, pues la otra está en su casa. La coloca en el suelo y se apoya en ella para crear un bote de madera con el que pueda entrar al lago y acercarse al tercer material desconocido que había visto desde la orilla; y para aprovechar la oportunidad, crea también una caña para pescar con el hilo que había conseguido de la araña gigante contra la que se enfrentó hace un tiempo en la cueva, y que tomó de su casa antes de salir, pensando justamente en intentar pescar si es que existía la posibilidad.
Al terminar, recoge y guarda la mesa de trabajo en uno de sus bolsillos y coloca el bote de madera en el lago. Prueba que este sea resistente y funcional pese a su reducido tamaño y facilidad con la que lo creó. Estando ya seguro de lo anterior, se sube al bote y comienza a remar lentamente hacia el centro del lago, desde donde logra distinguir a aquel material que vio antes justo debajo de él. Así que, una vez seguro de que no hay peligro alguno cerca, salta del bote de madera y se sumerge en el agua hasta llegar al fondo. Rápidamente, saca su pala de hierro y comienza a cavar el material nuevo, aunque con gran dificultad por el entorno en el que está; consiguiendo así una muestra del mismo, al que lleva a la superficie, donde la examina con calma, reconociendo por sí mismo que este material es bastante suave, maleable y de color grisáceo, cuyo nombre es “Arcilla”, según el libro; y que parece no servir para crear alguna cosa relevante. Asimismo, luego de que el hombre baja unas cuantas veces más para conseguir más arcilla, descubre que también puede crear “Bloques de arcilla”, idénticos a los que ha estado escarbando.
Cuando cree tener una considerable cantidad de arcilla, el hombre sube de nuevo a su bote de madera para descansar y comer por un rato mientras contempla las vistas. Para después sacar su caña de pescar y hacer lo propio con ella. Entrando, de esta forma, en un estado de relajación y tranquilidad, mientras que al mismo tiempo consigue alimento alto en proteínas.
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